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| 6/30/2002 12:00:00 AM

Armas de fachada

SEMANA revela cómo un grupo criminal usó la firma del comandante del Ejército y a Expomilitar para ingresar un cargamento de fusiles.

Hace tres años el general Jorge Enrique Mora Rangel, comandante del Ejército, no se imaginó que su firma en un documento oficial sería utilizada por una organización criminal para traficar más de 7.000 fusiles de asalto que fueron a dar a manos de los paramilitares.

SEMANA investigó el escándalo que comprometía al Ejército y a su comandante, a algunos de sus miembros y a varios empresarios en el ingreso ilegal de un cargamento de fusiles búlgaros AK-47 y se encontró con datos sorprendentes. Una organización criminal, como la calificó el DAS, falsificó y le hizo montajes a documentos oficiales, creó empresas 'gemelas' y utilizó argucias para engañar, manipular y sobornar a personal de los ministerios de Defensa y de Relaciones Exteriores, del Ejército, de la Sociedad Portuaria, de la Dian y de la Policía Aduanera de Buenaventura. Inclusive el mismo gobierno búlgaro, a través de la fábrica de armas Arsenal, habría sido engañado con documentos falsos.

La historia se remonta a principios de 1999, cuando se comenzó a organizar en Corferias la exposición militar ?Expomilitar?, que se ha convertido en la única vitrina en América Latina para la exhibición comercial de material bélico y de defensa nacional.

Uno de los expositores fue la empresa búlgara Arsenal, que le dio poder a Jorge Ernesto Rojas, propietario de la firma Equipos y Repuestos Ltda., con sede en Bogotá, para que la representara en el certamen comercial. Para ello Rojas debía conseguir, como cualquier importador de armas, una autorización oficial que en el argot militar se llama 'certificado de uso final' (ver recuadro). El 29 de abril de ese año Rojas recibió el certificado No. 0114, firmado por el ordenador del gasto, coronel Alvaro Torres Rivas y por el comandante del Ejército, el general Jorge Enrique Mora Rangel.

¿Pero después qué hizo Rojas con el certificado? Se lo entregó a Humberto Agredo Espitia, un caleño de unos 52 años de edad, quien era realmente el contacto directo con Arsenal en Bulgaria, país que él ha convertido en su segunda tierra por sus nexos familiares y de negocios. Negocios que unas veces consistían en comprar tornos o máquinas rectificadoras de metal y en otras oportunidades armas.

Por esa misma época de Expomilitar, Agredo le propuso a Rojas importar a través de su empresa, Equipos y Repuestos Ltda., tres máquinas rectificadoras que había comprado a la firma búlgara Inter Machinex y que, según Agredo, ya las tenía vendidas en Cali. A Rojas le pareció muy buen negocio. No sólo representaría a Arsenal en la exhibición de sus productos sino que se ganaría 12 millones de pesos con el negocio de las máquinas. Feliz, aceptó con la condición de que los trámites aduaneros y de importación corrieran por cuenta de Agredo. A simple vista los dos negocios eran diferentes pero, al final, algo tenían en común.

Una vez Agredo tuvo en sus manos el certificado de uso final, firmado por el general Mora, se lo entregó a Arsenal en Bulgaria. Con el documento esa empresa estaba autorizada para entrar a Colombia 10 fusiles AK-47 calibre 5.56 (ver recuadro), cuatro subametralladoras, dos silenciadores, 1.000 partes y piezas sueltas para fusil AK-47 calibre 5.56, dos carabinas deportivas, cuatro miras infrarrojas, cuatro pistolas 9 mm, cuatro lanzagranadas para fusil y cuatro revólveres. Sin embargo la fábrica envió a Bogotá sólo una parte de este material (ver recuadro), que llegó en un vuelo de Air France, procedente de Bulgaria, a finales de mayo de ese año.

Luego, el 10 de junio, un día antes de iniciarse Expomilitar, llegó a Colombia el búlgaro Petko Apostolov Varokm, quien estuvo del 11 al 15 de ese mismo mes en el stand de Corferias haciendo la demostración del armamento. Apostolov se hospedó en un apartamento de Plenitud, al norte de Bogotá, y durante su estadía Agredo Espitia jamás se quitó de su lado. Además de ser su amigo era su intérprete para todas las negociaciones y tenía la ventaja de hablar cuatro idiomas diferentes al español: francés, inglés, ruso y búlgaro. Agredo ha vivido en los últimos años más que en Colombia en Bulgaria, en donde tiene excelentes amigos y ha logrado hacer sus mejores negocios, entre ellos el de las armas.

Expomilitar terminó con éxito. Apostolov se fue para Bulgaria y Agredo le pagó a Jorge Rojas los 5.000 dólares, comisión por representar con su firma Equipos y Repuestos Ltda. a la fábrica Arsenal, que al final donó todo el material a la Policía Fiscal y Aduanera de Colombia.

El truco

Hasta ahí todo estaba muy bien. Pero lo que nadie sospechaba era que el mismo 10 de junio, cuando llegó a Colombia Apostolov, un cargamento de fusiles de asalto AK-47, de marca Arsenal, salió del puerto de Varna en el barco King Simeon a través de la firma Global Maritime Services. Después de hacer una escala en el puerto de Rotterdam se realizó el transbordo de los contenedores a la motonave CSAV Perú, de bandera croata, con destino al puerto de Buenaventura. El embarque llegó el 17 de julio y venía amparado por el mismo certificado de uso final, el No. 0114, que había firmado el general Jorge Enrique Mora, comandante del Ejército, y que sólo había sido expedido para el ingreso del material de demostración de Expomilitar.

Ahí comenzó el tejemaneje de la organización. Las armas, que venían rumbo a Colombia, estaban respaldadas no sólo por el certificado de uso final No. 0114 de abril 29, utilizado ilícitamente (ver recuadro), sino también con un contrato que firmó Humberto Agredo con Arsenal el 4 de junio de 1999, haciéndose pasar como representante legal de la empresa Equipos y Repuestos Ltda., de propiedad de Jorge Rojas, quien fue el primer sorprendido cuando la fiscal del caso le mostró el contrato.

Pero para entender bien cómo ingresaron las armas el 17 de julio de 1999 por Buenaventura SEMANA se propuso conseguir el conocimiento de embarque BL o Bill of Landing (ver recuadro) de la empresa marítima Hapag Lloyd, encargada del transporte de los contenedores, y encontró que existían dos. Cada uno tenía un número diferente, amparaban los mismos contenedores pero no traían la misma carga.

El primero, el 710, venía a nombre de Equipos y Repuestos Ltda. con dos contenedores: los números 2028301 y 4195735, que traían cinco cajas de madera y pesaban 12 toneladas. En éstos venían tres máquinas rectificadoras de superficie de cilindro, o tornos, y los accesorios para armarlas y es el único que estaba endosado por Equipos y Repuestos Ltda. El segundo, el 552, estaba a nombre de Equipos y Repuestos Ltda. y/o Ministerio de Defensa Ejército Nacional y registrado con el mismo número de contenedores que el anterior pero decía tener partes para "herramientas automáticas de empleo manual que trabajan por impacto, de motor eléctrico incorporado con medidas 5.56". Esa oscura descripción correspondía en realidad a armas, pues el mismo BL incluía el documento necesario para transitar internacionalmente con esa clase de carga, es decir, el certificado de uso final. Se trataba nada menos que del No. 0114, el mismo que Agredo Espitia le había entregado a Arsenal en Bulgaria para participar en Expomilitar. Ese documento, que en su versión legal perdía vigencia después de terminado el evento, amparaba falsamente los fusiles AK-47 del escándalo.

Según la Dian en Buenaventura sus funcionarios no se dieron cuenta de que ahí venían armas. "Jamás revisamos la carga porque tenía levante automático", un sistema para aligerar los trámites por el cual no se inspecciona físicamente su contenido. En la Sociedad Portuaria sostienen que los dos contenedores que llegaron al puerto el 17 de julio de 1999 fueron retirados el 19 de julio por Jorge Rojas, de Equipos y Repuestos

Ltda. Agredo contrató a los conductores Víctor Hugo Giraldo y Juan Carlos Hernández para transportarlos desde Buenaventura hasta Cali en dos tractomulas de placas ZKI 135 y 136.

Pero cuando salían rumbo a Cali la Policía de Carreteras los detuvo. En ese momento el complot pudo haber sido descubierto pero los agentes abrieron el contenedor equivocado. Ellos dicen que vieron un cilindro inmenso y unas cajas de madera. Y cuando preguntaron por el destinatario final Agredo sostuvo que el propietario de las máquinas era un señor Diego Mantilla y que debían ser entregadas en su oficina en la calle 16 No. 5-30 de Cali. La Policía permitió continuar el viaje y al final Agredo le pagó a Rojas los 12 millones de pesos que le correspondían por haberle prestado el nombre de su empresa para la importación.

SEMANA se comunicó con Diego Mantilla para saber qué día había recibido las máquinas. Dijo que no conocía a Humberto Agredo Espitia y que jamás ha tenido negocios con él. Sin embargo su número telefónico coincide con el de Sonia Agredo Espitia, hermana de Humberto, quien tiene un negocio de venta de equipos de sonido en el centro comercial El Diamante, en el sector de San Andresito en Cali. Sonia Agredo sostuvo que no sabe del paradero de su hermano y, aunque al principio negó conocer a Diego Mantilla, reconoció después que trabajaba para ella en su negocio. Las dos casas de Humberto Agredo en el barrio Ciudad Jardín de Cali fueron allanadas por el CTI de la Fiscalía pero no había rastros de él. Este hombre podría ser la clave para desmantelar lo que han llamado los investigadores una organización criminal que 'coronó' un gran negocio, con un sofisticado mecanismo de falsificación de documentos, en el que no sólo logró penetrar las más altas esferas militares sino que involucró los nombres del general Jorge Enrique Mora Rangel y del Ejército colombiano.

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