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| 8/12/2014 12:00:00 AM

A periodista asesinado le habían retirado escolta

Hace 20 días, el periodista Luis Cervantes, asesinado este martes en Tarazá, había denunciado nuevas amenazas.

En los últimos días de su vida, el periodista Luis Cervantes libró una lucha ante las autoridades para que le creyeran que lo que decía era cierto. De Tarazá, Antioquia, llegó a Medellín denunciando una nueva amenaza en su contra, que le había llegado a través de un mensaje de texto.

Pero el 23 de julio, una vez se presentó ante la Unidad Nacional de Protección (UNP), a Cervantes le notificaron que le sería retirado el esquema de seguridad con el que contaba desde abril del año 2010.

Es decir que el periodista se quedó sin los dos escoltas y el vehículo que tenía a disposición, un día después de haber sido amenazado de nuevo, tal como el propio Cervantes lo denunció en la Fiscalía.

Según un comunicado que emitió este martes la UNP, el desmonte del esquema se hizo en virtud del riesgo ordinario que había determinado el Comité de Evaluación de Riesgo e Implementación de Medidas (Cerrem).

Agrega la UNP que de acuerdo con la información evidenciada en el estudio de riesgo, “no había nexo causal entre las amenazas recibidas por el señor Cervantes y su labor como periodista, razón por la cual el resultado fue ordinario”.

Pero la versión del comunicador era otra. Adriana Hurtado, de la Federación Colombiana de Periodistas (Fecolper), llamó la atención en ese momento sobre que a Cervantes no le retiraron el esquema de seguridad de manera gradual, como lo obliga el Decreto 4912, sino que lo hicieron de una sola vez.

“Me toca irme en bus para Tarazá y yo allá no puedo volver porque me matan”, les dijo el periodista a varios miembros de la Asociación de Periodismo de Antioquia (APA).

Además, desde el 23 de julio Cervantes manifestó que la UNP no le había entregado el informe donde estaban anotadas las razones por las cuales le quitaban los escoltas.

Fecolper entonces hizo un llamado para que se le hiciera un nuevo estudio de riesgo. Mientras eso pasaba, Cervantes, transportándose en bus por Medellín, tocó puertas en la Gobernación de Antioquia, la Alcaldía de Medellín, la FLIP, Naciones Unidas, Policía y Fiscalía. No hubo una autoridad a la que este hombre, que había sido amenazado más de 23 veces en el pasado, no acudiera.

De hecho, al no tener dónde quedarse, Cervantes pasó un par de noches en la casa de uno de los miembros de APA, el periodista Óscar Morales.

Y el nuevo estudio de seguridad llegó. Hace una semana funcionarios de la UNP se entrevistaron con el periodista y le notificaron que en 20 días le informarían sobre el resultado. Aquel día Cervantes se mostró más tranquilo y dijo que se iría para el departamento de Córdoba simplemente a esperar.

El miércoles 6 de agosto, el corresponsal de SEMANA en Medellín habló con él. “Hermano, me voy para donde un familiar a ver qué pasa, cualquier cosa le aviso”, dijo por teléfono.

Cervantes, quien en el pasado trabajó como corresponsal de Teleantioquia Noticias en Tarazá y posteriormente como locutor en La Morena FM, era uno de los periodistas más amenazados del país. En el año 2012 una granada estalló en frente de su casa. Por aquellos días no había certeza de que el artefacto tuviera que ver con él.

Sin embargo y según lo declaró el mismo periodista, un hombre conocido como 'Coco Braquet', de los 'Urabeños', era quien quería asesinarlo. Lo paradójico es que en más de una ocasión las intimidaciones escritas llegaron a la misma casa de Cervantes, que queda justo en frente del Comando de la Policía.

El 3 de mayo del 2013, fecha en la que se celebraba el Día de la Libertad de Prensa, Cervantes nuevamente fue alertado sobre un plan para matarlo. La información había llegado al despacho de Alexandra Vélez, una fiscal de la Unidad de Vida de Medellín.

Luego de que Cervantes viajó a Córdoba, hace seis días, no se volvieron a tener noticias suyas. Hasta la tarde de este martes, cuando la Policía de Tarazá reportó el cadáver de un joven asesinado a tiros mientras llegaba a la casa en el lomo de una motocicleta. Era Luis Cervantes, el mismo que se cansó de decir hasta la saciedad, que lo iban a matar.
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