Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2010/01/09 00:00

¡Asfixiados!

Colombia no había tenido una crisis de agua como esta: ríos secos tienen a 200 municipios en ascuas, en cinco departamentos perforan pozos profundos para no morirse de sed, las heladas se adelantaron y los incendios forestales no dan tregua. El país está mal preparado.

¡Asfixiados!

Hoy hay dos convoyes de barcazas que trasportan productos de grandes empresas encallados en el río Magdalena por los lados de Pinillos, en el departamento de Bolívar. Llevan así casi dos semanas por cuenta del bajo nivel del agua del río y la cosa, según los pronósticos del Ideam, no parece mejorar. Cormagdalena, de manera urgente, tuvo que adjudicar un contrato para construir un canal de 60 metros de ancho que les permita llegar al muelle. Y algo similar tendrán que hacer en los sectores de San Pablo y Vueltacuña, en Puerto Berrío, en donde el nivel del agua ya está por debajo de los cuatro y cinco pies, lo mínimo que se necesita para que una embarcación navegue. Empresas como Ecopetrol, Sofasa, Argos y Familia, que lo utilizan a diario, están en serios problemas porque sus productos están llegando atrasados a su destino.

Según el Viceministerio del Agua, el Magdalena no es el único río que está perdiendo caudal. Los ríos Cauca, Atrato y Meta presentan una reducción más marcada. Esto sin contar con los más de 200 municipios que hoy están en serio riesgo de quedarse sin agua. ¿La razón? La mayoría de los acueductos del país no se abastecen de embalses ni de represas sino del caudal de ríos, quebradas y riachuelos que se están secando.

Lo que es peor: el período más difícil del verano apenas comenzó esta semana y, según el Ideam, se extenderá hasta abril. La temperatura está dos grados por encima de lo normal y las primeras afectadas son las cuencas hidrográficas. El río Pamplonita, por ejemplo, el más importante de Cúcuta, ya se secó. Es tan crítica la situación en los Santanderes que más de medio millón de personas hoy tiene racionamiento sectorizado de agua por tres horas; y de acuerdo con los pronósticos del gobierno, la idea es aplicar el racionamiento en 22 municipios de Cundinamarca, dos de Boyacá y dos de Magdalena.

En este último la situación de crisis se disparó hace dos semanas cuando -por la época de vacaciones- se duplicó la población. La administración de Santa Marta, además de hacer campaña en los hoteles y en las residencias, tuvo que perforar tres pozos profundos que esperan terminar en una semana para extraer agua subterránea.

Al parecer esa es la única vía de escape en estos tiempos de sequía. Según José Ballesteros, asesor del Ministerio del Medio Ambiente, el agua subterránea será la salvación a mediano y largo plazo. "Si esto es un Fenómeno del Niño moderado, imagínese uno severo", afirma. Ingeominas ya ha avanzado con el estudio preliminar para perforar en Nariño, Santander, La Guajira y el Eje Cafetero.

Y como si la sequía de los ríos fuera poco, los primeros días de enero estuvieron cargados de incendios forestales. Según el Ministerio del Interior, 2.200 hectáreas han sido arrasadas por el fuego en lo que va corrido de 2010. Setenta y siete municipios en 11 departamentos han visto arder sus bosques y más allá del incansable trabajo de los bomberos es poco lo que se puede hacer.

En la primera semana del año, por ejemplo, 35 incendios forestales fueron reportados en Bogotá, Boyacá y Cundinamarca. En sólo Antioquia 25 y en Bucaramanga 19.

A esta crisis habría que sumarle las heladas en Cundinamarca, Boyacá, Nariño y Cauca, que este año se adelantaron. Según el Ideam, aunque es un fenómeno común en los primeros dos meses del año esta vez madrugaron pues las temperaturas más bajas -cinco grados bajo cero, que normalmente se daban en febrero- ya se han registrado en Sopó, Cundinamarca. El Instituto Colombiano Agropecuario advirtió la semana pasada que al menos 58.000 hectáreas de cultivos de flores, hortalizas y pastos en Cundinamarca y Boyacá están en riego de perderse por las bajas temperaturas.

Pero a todas estas, con la mitad del país secándose y la otra mitad incendiada y helada no se ven estrategias de contingencia a mediano y largo plazo por parte del gobierno para evitar efectos más devastadores que los actuales.

La primera alerta que dio el Ideam al gobierno sobre la ola de calor fue en el primer semestre de 2009. Y desde agosto sus funcionarios comenzaron a reunirse con representantes de los departamentos para evaluar cómo estaba el tema de concesiones de agua, activar un monitoreo en las reservas hídricas y hacer un inventario de los ríos más críticos.

El jueves pasado, el Ministerio de Medio Ambiente decretó la emergencia ambiental en el país para facilitar la contratación de equipos especiales y la gestión de recursos de cooperación internacional para atender las emergencias.

Las sanciones económicas parecen ser el otro recurso al que apela el gobierno para contrarrestar esta crisis. De ahí viene el anuncio que se hizo al final del año de que se aumentará al doble la tarifa del agua para quienes despilfarren el preciado líquido. Según cálculos del gobierno, la medida podría afectar a 2,4 millones de colombianos.

A eso se le suman las multas que hay para los pirómanos, multas para las familias que laven el carro tres veces por semana, multas para los hoteles que no hagan campañas de ahorro con sus huéspedes y multas para los municipios que consuman más metros cúbicos de agua de lo normal.

Pero el problema ambiental en Colombia va más allá de la coyuntura por el Fenómeno del Niño y de la educación a la población. Son 750 los municipios del país que en época normal (sin Fenómeno) tienen problemas de agua potable y, en algunos casos, el déficit hídrico se da porque los entes territoriales no tienen un control detallado del agua que está en concesión ni para qué la están utilizando. No hay monitoreo y para nadie es un secreto que en la mayoría de los departamentos hay un uso ilegal del agua.

A eso se le suma, como registró el portal lasillavacia.com, que el mapa hídrico del país está siendo alterado a velocidades impensables. Año tras año el gobierno otorga permisos para grandes proyectos, como la construcción de hidroeléctricas, embalses o la creación de nuevos distritos de riego para cultivar palma africana, que no sólo desvían los ríos y ocupan sus cauces sino que atentan contra la fauna.

Esta crisis del agua -que apenas está comenzado- es un campanazo de alerta no sólo para los ciudadanos de a pie sino para los gobernantes: es hora de crear planes de contingencia y mejorar la infraestructura hídrica del país.

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