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| 7/22/2013 12:00:00 AM

Así se apagó el sueño de un militar

El cabo José Ricardo Zapata murió en Arauca tras un ataque de las FARC.

Pese a los ruegos de sus hermanos para que no siguiera sus pasos, el cabo primero José Ricardo Zapata, uno de los 15 militares muertos en Arauca, se empeñó en cumplir su sueño de ser militar. El uniformado era el menor de 12 hijos, siete de ellos hombres. Sus vidas están marcadas por más de una coincidencia.

Por decisión de su padre, cuatro de ellos fueron registrados con el nombre de José, pero quizá la mayor semejanza entre sus vidas, además de llevar la misma sangre por sus venas, es que todos se hicieron suboficiales del Ejército.

Los Zapata Rodríguez conformaron una cadena familiar militar. Uno a uno se incorporaron en las filas de las Fuerzas Militares, pero con José Ricardo sucedió algo distinto. Él era el menor de la casa y por eso querían que su vida fuera diferente. Buscaron que se hiciera profesional en una universidad, pero su deseo era uno solo: llegar a ser sargento mayor, el rango más alto para los suboficiales.

Durante un conmovedor relato, uno de los hermanos del cabo que prefirió reservar su nombre le contó a Semana.com los sueños de su familia. La tristeza que significa perder a uno de los suyos, mientras quiso hacer realidad el deseo que tuvo desde que apenas era un niño.

“Nosotros somos de origen campesino. Nos gustó el Ejército porque varios de la familia han escogido ese rumbo. A mi hermanito fue mucho lo que le insistí que cogiera otro rumbo, que estudiara una carrera que le permitiera tener una vida menos arriesgada y difícil. Por ser el menor podía contar con nuestro apoyo”, dijo.

A pesar de las súplicas estas no fueron suficientes. Su hermano menor ya no era un niño y tomaba sus propias decisiones, por lo que quizá la más importante de su vida fue la de ser un suboficial del Ejército.

“Prácticamente desde cuando nació le gustó la milicia. Se le metió la idea de ser militar y nadie se la quitó. Una de las cosas que marcaron su vida en el Ejército es que casi siempre estuvo en lugares muy arriesgados. En Arauca llevaba muy poco, apenas eran como 15 días y creo que no estaba preparado para ir a una zona tan complicada”, aseguró.

Estando en el Ejército el cabo primero se casó y tuvo dos niños, que tienen seis y tres años. Lo más duro, según el hermano del militar, es darles respuesta a los pequeños cuando quieran preguntar por su padre. “No sabremos qué decirles”.

“Lo remataron”

El hermano del militar fallecido, con la voz entrecortada y sus ojos llorosos, aseguró que después de ver el cuerpo sin vida del suboficial, está seguro de que en su caso se violaron todos los protocolos del Derecho Internacional Humanitario, que fue asesinado estando herido e indefenso.

“Hablé con uno de los sobrevivientes y me contó que mi hermano quedó herido. Que se movía su cuerpo. Una de las guerrilleras que capturaron luego del ataque fue la que lo remató de muy cerca. No hubo respeto por los Derechos Humanos, eso de lo que tanto habla el Gobierno. En el Ejército cuando hay un combatiente herido se le perdona la vida, pero ellos no tuvieron compasión con mi hermanito”, indicó.

Afligido por lo ocurrido, manifestó que es claro que al cabo Zapata le propinaron tiros de ‘gracia’, que no pudo reconocerlo al verlo, por las lesiones que su humanidad presenta, lo que para él demuestra el salvaje ataque del que fue víctima. “Ojalá que Medicina Legal lo diga. Sus cuerpos quedaron irreconocibles. Si fueran bombas, uno dice listo, pero eso es inhumano”.

¿Estaba enfermo?

También le contó a esta revista que el uniformado fue trasladado pese a que estaba enfermo. Indicó que tenía problemas cardíacos y una grave lesión en una rodilla que le impedían estar a plenitud para ir a un lugar en el que los enfrentamientos son frecuentes.

Aseguró que le aconsejó al cabo que se retirara, pero que la rapidez con que se hizo el trámite de traslado no se lo permitió, por lo que finalmente viajó a Arauca para cumplir su deber.

“Estaba en Dolores, Tolima, pero salió la resolución de su traslado. Él sufría, tenía una enfermedad en el corazón y luego se lastimó una rodilla. En Ibagué encontraron que estaba enfermo, pero de allí lo remitieron al Hospital Militar, en donde le aseguraron que estaba bien”, indicó.

El hermano del uniformado asesinado por las FARC indicó que ante el dictamen médico que no demostraba su verdadero estado, le sugirió que se practicara varios exámenes, pero que finalmente cumplió la orden que le habían dado de traslado.

Hoy esta familia de militares llora la muerte del menor de los Zapata, quien decidió ser militar como todos sus hermanos, aunque ellos no querían que lo fuera.
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