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| 11/3/2012 12:00:00 AM

Así cayó 'Mi Sangre'

La captura de alias 'Mi Sangre' en Buenos Aires no es solo un duro golpe a las bandas criminales sino la confirmación de que la mafia ya no tiene guarida segura: han cogido a 42 capos colombianos en diez países.

En la parte final de la lar-ga persecución contra Henry de Jesús López, alias Mi sangre, varias cosas sorprendieron a los hombres de la Unidad Especial de Investigaciones de la Dijin que llevaban varios años tras él. A diferencia de la mayoría de narcos en fuga, que tratan de mantener un perfil muy bajo para no ser detectados, Mi Sangre mantenía la vida de un traqueto típico. Vivía en Buenos Aires, Argentina, en los más exclusivos barrios. Tenía varios autos de alta gama y compraba su ropa en las tiendas más costosas. Intentó camuflarse en lo más selecto de la sociedad bonaerense a través de los clubes de polo, deporte que practicaba. Y, como si todo lo anterior no fuera suficiente, se movía con un grupo de 20 escoltas en el corazón de la capital gaucha. Toda esta 'boleta' que dio -como se conoce en el bajo mundo ese tipo de actitudes- fue parte de la caída de este capo cuya importancia desconocían las autoridades argentinas y gran parte de la opinión pública colombiana.

Mi Sangre tiene 41 años y la mitad de su vida la ha pasado en la mafia. A los 20 se vinculó a la temible oficina de Envigado, a nombre de la cual hacía trabajos menores, como conseguir armas o mujeres para sus jefes. Esa labor le permitió conocer y relacionarse con paras y narcos en el Bajo Cauca antioqueño y Córdoba. Allí conoció a uno de los grandes proveedores de químicos para los carteles de la cocaína, Miguel Arroyave, el mismo que luego compró la 'franquicia' de un grupo paramilitar, el Bloque Centauros del Meta. A finales de 1999, como parte de la expansión de ese grupo, se creó en Bogotá el llamado bloque Capital. Y Miguel Arroyave puso como comandantes a un primo suyo, hoy preso en Estados Unidos, y a Mi Sangre, quien se hacía llamar Carlos Mario o Salvador. A principios de 2000 el grupo, que tenía su base en los sanandresitos, se tomó sectores del sur de Bogotá y cobraba extorsiones al comercio.

En septiembre de 2004 Arroyave fue asesinado y su organización cambió de manos. Daniel Rendón, alias Don Mario, y Dairo Úsuga, que hacían parte del bloque Centauros, huyeron del Meta a Urabá. Mi Sangre se desmovilizó como combatiente raso del Bloque Centauros en septiembre de 2005, pero siguió manejando su oficina de cobros en Bogotá. Su nombre apareció por primera vez públicamente en 2007 cuando SEMANA reveló conversaciones en las que el entonces senador conservador Ciro Ramírez iniciaba un contacto con él, lo que originó un investigación contra el congresista por parapolítica. Para ese momento la Dijin ya estaba tras su rastro.

Aprovechando que Don Berna fue extraditado, Mi Sangre intentó apoderarse de la oficina de Envigado para lo cual asesinó a varios hombres y se trenzó en una guerra en la que varias veces se salvó de ser asesinado. Desde 2009 empezó a entrar y salir del país y comenzó sus primeros viajes a Argentina. Tomó a Buenos Aires como base para sus negocios de exportación de coca con narcos mexicanos. Destinaba parte del dinero que recibía del narcotráfico a fortalecer la banda criminal de sus socios, los hermanos Úsuga, conocida como los Urabeños.

Gracias a esa inyección de dinero de la mafia esa bacrim creció y se expandió por varios departamentos y Mi Sangre aumentó su poder y se consolidó como capo. A comienzos de este año el narco comenzó a sentir cada vez mas cerca la presión de la Dijin y optó por refugiarse del todo en la capital argentina simulando ser un empresario venezolano. Hace dos meses, dos oficiales consiguieron información privilegiada gracias a dos fuentes cercanas al capo y a los seguimientos a su cuñada en Medellín. Con esos datos el presidente Juan Manuel Santos se comunicó con su colega argentina, Cristina Fernández, para enterarla del asunto y solicitar su ayuda. Ella designó al grupo de operaciones de la Secretaría de Inteligencia del Estado (Side) para coordinar con los oficiales colombianos y se realizó la captura el martes pasado.

Ese fue el fin del escurridizo narco que creyó que cruzando la frontera podría eludir a la policía. Y más allá del duro golpe que su caída significa para una de las bandas más poderosas del país, la de los Urabeños; su captura deja claro que a los capos colombianos no les queda nada fácil ahora esconderse. Con Mi Sangre son ya 42 los narcos de primera línea capturados en los últimos cuatro años en otros países (ver recuadro) gracias a los grupos que, desde hace varios años, conformaron el general Carlos Mena, de la Dijin, y el coronel Jorge Luis Vargas, de la Dirección de Inteligencia, para cazar narcos dentro y fuera de Colombia. Ya no existe ningún lugar seguro para los mafiosos.
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