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| 4/18/1994 12:00:00 AM

ASI CAYO

SEMANA revela el 'video' secreto que la DEA le tomó a Gustavo Pastrana en Miami durante una conversación con un informante.

EL ESCENARIO QUE APAREce en pantalla es una habitación con un sofá de cuero. La cámara está escondida en un rincón justamente apuntando al sofá y a espaldas de un informante de la DEA (Drug Enforcement Administration, la oficina antidrogas de Estados Unidos). En una esquina del video se lee una fecha: es el 29 de octubre de 1993.
De un momento a otro, Gustavo Pastrana aparece en pantalla vestido de bluyín, tenis y camiseta, y acompañado por otro hombre. Con acento de argentino y un manejo de manos como de quien toca castañuelas, la único colombiano del personaje es un pasaporte diplomático que lleva en el bolsillo. Su acompañante parece ser argentino, y posiblemente policía.
Los recién llegados se saludan con el narcotraficante, un tipo parco de acento cubano que les ofrece algo de tomar. Pastrana pide una Coca-Cola, en un ambiente tenso. Para entonces llevaba dos horas de espera en el hotel, "y eso me rompe las pelotas.", dice. Es tal vez lo único recio que pronuncia en toda la reunión, pues su actitud en el resto de la conversación es la de un negociante majadero e inexperto, que por asegurar el negocio, ofrece cielo y tierra en forma casi servil a quien cree su nuevo jefe.
Sin tener mayor confianza con el narco, Pastrana pone a su disposición a dos primos suyos, a un ex coronel de la Fuerza Aérea llamado Belarmino Pinilla, menciona a una novia colombiana, y hace alarde de su amistad con el Presidente de Uruguay y de sus conexiones con senadores de ese país.
Uno de los primos, cuyo nombre no es mencionado, supuestamente vive en California y tiene algún conocimiento del negocio. Pastrana había quedado de llevarlo a la reunión, pero ofrece disculpas porque no pudo contactarlo.
El otro primo es el candidato que "va a estar conmigo full time del 28 de diciembre al 7 de enero -(en Punta del Este), dice Pastrana-. Y te lo puedo presentar en un asado.
Yo te organizo el lugar y lo conocés... Decís que eres de un grupo de empresarios que está de visita en un hotel... Voy preparando el terreno". El narco responde que estaría muy interesado en el viaje, pero que tendría que confirmarlo.
"Manejá los tiempos vos", le responde entonces Pastrana. Más tarde el diplomático colombiano insiste en el viaje: "Lo vas a conocer descansado -dice refiriéndose a su primo-. Me encantaría que fueras. Harías vos hincapié... Yo estuve con el Presidente, el coqui La Calle y le dije que iba a estar (Andrés) y entonces me dijo 'no puede ser', avísame y le hacemos un asado con el canciller, senadores que tienen el hotel".
El "narcotraficante" le propone a Pastrana un negocio que consiste en que se lleve un dinero y lo deposite en una cuenta de un banco en Asia. Pero aquel no esperaba que tuviera que llevar los dólares consigo, pues en un comienzo habían acordado que se pondrían en Uruguay. Sin embargo, las ansias de Pastrana de no perder el negocio no lo dejan pensar dos veces, antes de aceptar llevar personalmente el efectivo.
Sin que el narco le pregunte, Pastrana le aconseja espontáneamente cómo transportar grandes cantidades de dinero en un maletín. Le explica que si los billetes se cubren con papel de computador, la banda metálica no los registra. Además le pide al narco que no le ponga ligas de caucho a los fajos. "Es mejor bolsas", concluye.
El siguiente tema es la garantía. El narco quiere saber cómo puede garantizarle que el dinero llegará a la cuenta indicada.
Pastrana no encuentra palabras para inspirarle confianza. "Hasta ahora la única garantía es mi nombre", le dice, y en un momento de desesperación saca de su bolsillo el pasaporte diplomático y, para quedar al mismo nivel del narco que está al frente suyo, se arrodilla y se lo muestra.
Todavía desconfiado, el narco sugiere que la novia de Pastrana, que lo esperaba en el hotel, podría garantizarle algo y él responde que ella tiene que regresar a Colombia. En ese momento, Pastrana tiene una idea que delata su torpeza: firmar un documento en que hace constar que recibió el dinero. Aunque el narco lo acepta a regañadientes, el colombiano busca un papel y comienza a redactar mientras repite en voz alta lo que va escribiendo: "Yo, Gustavo Pastrana Gómez, con tarjeta de (ininteligible), recibo del señor Rodríguez la cantidad de... (no se escucha), los cuales giraré o transferiré a la cuenta que me indique contra la presentación de la firma de este documento".
Poco después, y contra su voluntad, el episodio llegó a su desenlace. En vez de recibos por dineros mal habidos, Pastrana terminaría firmando unos papeles muy distintos: los registros de entrada al Metropolitan Correctional Center de Miami. En un principio el diplomático se declaró inocente, pero en febrero, abrumado por las evidencias, admitió los cargos. En este momento espera la sentencia condenatoria que se dictará el próximo 20 de abril.
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