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| 8/14/2014 12:00:00 AM

Marcha Patriótica, en la intimidad

Entre miedo a que los aniquilen, dudas políticas y esperanzas de paz, así se vive en el interior de Marcha Patriótica.

“Que no se repita la historia”. Esa frase ronda permanentemente en la cabeza de los militantes de Marcha Patriótica (MP), la materialización de una pesadilla plagada de muertos y desaparecidos, de la tragedia que vivió la Unión Patriótica (UP), el movimiento político que nació de los acuerdos de entre las FARC y el gobierno de Belisario Betancur.

El miedo es que, 30 años después del genocidio de la UP, los vuelvan a tratar de borrar del mapa, que Colombia reincida una vez más en un ciclo de violencia. Esa es una de las conclusiones del estudio ‘La Marcha Patriótica, contexto y caracterización en cuatro departamentos’ que la Fundación Paz y Reconciliación publicó esta semana después de un trabajo de seis meses que incluyó 27 entrevistas con líderes locales y regionales de la MP.

Es una visión inédita de un movimiento que aglutina 2.050 organizaciones en 29 de los 32 departamentos nacionales, clave para un eventual posconflicto, una mirada desde adentro, de sus esperanzas, sus temores, sus relaciones con las FARC, sus estrategias políticas. Esta es Marcha Patriótica en sus propias palabras.

1. Hijos de la UP
Los lazos entre la UP y MP son fuertes. Para el diputado del Polo en Caquetá Franco Jojoa, Marcha nace “de la necesidad de retomar la bandera que dejó la UP. No es que se parezca, sino que es la misma bandera, la bandera de la paz, de la negociación”.

Iván Cepeda, senador del Polo Democrático hijo del senador de la UP Manuel José Cepeda, asesinado hace 20 años, dijo que hay “un vínculo genético, muchos de los miembros de Marcha Patriótica son sobrevivientes de la UP, son hijos e hijas de víctimas de la UP, han estado en los territorios donde la UP ha tenido y tiene influencia”.

2. La Marcha y las FARC

Entre las filas de la MP hay un miedo enorme a ser estigmatizados como el “brazo político” de las FARC, a que los medios repitan una y otra vez que son “la pista de aterrizaje” de la guerrilla hacia la vida civil. Un discurso que incluso se ha replicado en los más altos niveles del Gobierno.

El estudio resalta que hay una coincidencia geográfica en algunas zonas entre las FARC y MP, pero también de algunas “propuestas, objetivos o reivindicaciones de las FARC”, aunque resaltan que no hay una relación “orgánica” con la guerrilla y MP no es “el brazo político de las FARC, como se ha dicho en algunos medios de comunicación”.

Carlos Lozano, líder del Partido Comunista, no descarta la llegada de desmovilizados de la guerrilla a MP, aunque “eso no se ha definido todavía, hay que esperar un poco a que se decante más el proceso de paz, pero yo tengo la opinión de que MP no puede cerrarse a eso”.

Pero esa relación no es tan sencilla. Eliana Zafra, quien pertenece al Comité Permanente por la
Defensa de los Derechos Humanos (CPDH) en Norte de Santander, comenta que “tanto el Estado como las FARC han sido violadores de derechos humanos, han sido infractores del DIH y pienso ambos tienen que ajustarse al marco legal que dictan las instancias internacionales… ambos deben pagar por igual porque ambos son actores del conflicto”.

El dirigente liberal Delio Franco, de La Macarena (Meta), explicó que al principio se unió al movimiento pero que la guerrilla empezó a presionar los militantes de MP y “comenzaron a ‘jalarnos’, a coaccionar el movimiento”. Por eso muchos se retiraron, pues “para mí la revolución es algo que nos entra en el pensamiento y el corazón de decir no, no quiero más injusticia, no quiero esto. Pero rechazarlo desde el corazón y que todos pensamos eso. Pero cuando se trae un poco de personas sin visión, para volcarla a las calles, que no saben por qué vienen ni a qué van, sino porque dijeron que es que hay que venir. Ahí no hay revolución, hay acción y coacción”.

3. Miedo a desaparecer

Según cuentas de la organización, desde el 2012 48 militantes han sido o asesinados o desparecidos. También dicen que 354 integrantes fueron judicializados. El miedo al exterminio es constante e incluso hay dirigentes que han pensado en disolver el movimiento para evitar una tragedia. La Fiscalía investiga por ahora 33 casos de homicidio y tres de desaparición.

David Flórez, uno de los voceros nacionales, dice que “la falta de garantías nos lleva a plantearnos muy seriamente el tema de la disolución, porque uno también debe ser responsable con la gente. Si a la gente la matan, la encarcelan, la amenazan, la desaparecen y no pasa nada, pues nosotros tampoco queremos repetir el baño de sangre que se dio con la UP”.

Pues como cuenta Raizza Geraldin, una líder de la comunidad LGTBI en Meta: “Nosotros trabajábamos en ciertas regiones como defensores de los derechos humanos y apenas nos oyeron hablar de Marcha Patriótica nos decían: ustedes son guerrilleros… entonces no se podía ser defensor y ser de Marcha Patriótica porque teníamos la lápida a cuestas, primero por ser defensores y segundo, por ser de Marcha”.

El concejal Róbinson Salazar, del Partido Verde en Teorema (Norte de Santander), dijo: “Se han venido presentando grupos identificándose como Águilas Negras que agarran personas, las amarran y las llevan a lugares donde se encuentran grupos de encapuchados que visten prendas militares y tienen armas diferentes a las que usa el Ejército, detienen a la gente y les leen una lista de personas que buscan (…). Se cree que están en varias veredas, donde amenazan a la gente y la mandan a dormir temprano”.

El concejal de El Tarra (Norte de Santander) Jorge Angarita dijo: “El movimiento tiene mucha aceptación, la gente les responde bien y habría buen apoyo en unas elecciones, pero se necesitaría el acompañamiento de organizaciones defensoras de Derechos Humanos porque no hay garantías de seguridad para los candidatos que decidan hacer campaña como Marcha Patriótica, todo el que se identifique con esa bandera estará en riesgo”.
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