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| 1/27/2007 12:00:00 AM

“Así quedaron, listos pa’ fritar”

SEMANA constató en las calles de Montería cómo viven en esta ciudad, epicentro del paramilitarismo, el escándalo que involucra a casi toda su clase política.

Mientras en la radio los políticos madrugaban a explicar por qué su firma ratificó la "refundación del país" que pretendían impulsar los paramilitares en 2001, los monterianos se ríen de las vueltas y revueltas de sus palabras. "Ningún vendequeso dice que el queso es malo. Ahora resulta que todos fueron obligados... ¡no friegue!", comenta el taxista que hace el recorrido por la ciudad, la misma mañana en la que se conoció la noticia de que 'Juancho López', el senador mas 'duro' de la región, se ha separado del Partido Liberal.

La noche anterior, López Cabrales apareció en varios programas de televisión, explicando su defensa sobre la aparición de su nombre en el baile del para-escándalo. La gente, que lo conoce bien por aquí, se sorprende al verlo en la pantalla chica, pero no por la razón que lo llevó a esos minutos de protagonismo, sino sobre todo porque tienen asimilada la idea de que "el senador", como también se le dice de forma generalizada, "habla en campaña, en Córdoba, pero poco en Bogotá". La frecuencia de los comentarios hace pensar que los televisores estuvieron encendidos hasta muy tarde. De lo que se comenta, se puede inferir que unos le creen, otros no, y a la mayoría, el tema les es indiferente. "Que se salve el que pueda", arenga uno de los vendedores de libros de la plaza Nueva Montería, un parque recién inaugurado y que hace parte de las obras que le están cambiando la cara a esta ciudad a la que con el paso de los días se le nota más la plata. "Igual, todos los políticos aquí son ladrones, así que si se hunden, se hace justicia" y remata con una gran carcajada que parece interminable y que deja ver ese blanco resplandeciente de los dientes cuando están rodeados de piel negra.

Pero como siempre, una cosa es la que piensa el burro y otra el que lo arrea. Y a la clase dirigente que por décadas ha mandado en esta tierra sí se le nota la preocupación. Aunque es evidente que el asombro por las revelaciones de las relaciones de los políticos con los paras es más cachaca que costeña, en las altas esferas de Montería los análisis no son tan alegres. Está en tela de juicio la mayoría de los políticos del departamento que a su vez pertenecen a muchas de las familias tradicionales de la estirpe cordobesa. La rectoría de la Universidad de Córdoba está temblequeando y su prestigio cuestionado; las administraciones municipales están observadas con lupa y todo esto a pocos meses de las elecciones de nuevos alcaldes y del nuevo gobernador.

Por eso en el barrio El Recreo, que es donde poco a poco se han agrupado los más pudientes de la ciudad, el tema es de obligatorio cumplimiento en la charla de mecedora al final de la tarde. Héctor Lorduy es de esos señores a los que la política acompaña como una pasión inacabable. Tiene 72 años y es el presidente del directorio liberal del departamento.

Fue viceministro y despacha desde el altillo fresco de su apartamento. Allí tiene las fotos de lo que fueron los inicios de su partido en el recién creado departamento de Córdoba en 1952. "Los doctores Héctor Lorduy Montalvo, José Miguel Amín, Miguel Rodríguez Villadiego, Antonio Navarro, Eugenio Giraldo y Miguel F. de la Espriella", pronuncia cada nombre en un tono elegante como si fuera necesario que combinara con el frac que lucen los fotografiados. Eran otras épocas. La política, a pesar de los embates de la violencia de los 50, parecía tener una majestad que no reflejan hoy las noticias en los periódicos. "Esto que le está pasando a Juancho nos sorprende, nos golpea" y enseguida se asegura de que sepamos que "él mismo pidió que lo investiguen".

El reverdecer de hechos que para la mayoría de los cordobeses eran como una pesadilla llega inevitablemente de la mano de los recuerdos. Héctor evoca los 10 años de terror que impusieron los paramilitares a su gente y cree que debe pasar lo que sea necesario para que esto no se repita y sobre todo para que se conozca la verdad. "Es una cuestión de jerarquías. Aquí a la gente la mataban porque se pasaban el conducto regular": Para este cordobés eminente, la salida a todo este embrollo tiene que ser una muy profunda reforma a la política. "El terreno está abonado", concluye.

Generaciones posteriores a las de Lorduy sostienen intensos debates sobre las consecuencias que el escándalo tendrá para sus vidas cotidianas. Una tertulia improvisada con un grupo de profesores y rectores de colegios de Montería sirve de escenario para debatir sobre la idea de transmitir en directo las versiones libres del Mancuso. Unos dicen que les parece bueno para que no quede duda de la crueldad de los paramilitares, y otros piensan que no merecen ni un minuto de televisión y que sólo servirá para justificar sus crímenes. A pesar de que ninguna de sus opiniones tendrá oídos que los escuchen, ellos se extienden en el debate, para ellos la cuestión no es una anécdota más. Uno de los sectores más golpeados por las balas fue el de profesores que los paras consideraron salidos de su cauce. Por eso el rifirrafe por la televisión termina en la demanda por la verdad de una larga lista de asesinatos que por ahora nadie ha confesado.

Es fácil percibir los altibajos del ánimo en esta ciudad que aún no deja de ser el epicentro del fenómeno paramilitar. Al hotel Sinú no llegan todavía periodistas en masa como en la época del proceso de Ralito. Nadie cree que aquí esté pasando algo. Los de arriba comentan sobre sus conocidos y los de abajo se burlan de ellos en estas épocas de desdichas. En el Club Campestre se rumora que la familia de Mancuso se irá del país, que a la casa de los López llega y llega gente; y se preguntan por lo que vendrá. Mientras tanto, en la plaza de mercado, los pescadores sudando el sol del medio día junto al río Sinú se mofan comparando a los 'duros' con los bocachicos que reposan en sus platones de lata, "Así quedaron, listos p'a fritar".
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