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| 3/18/2013 12:00:00 AM

Así rescataron a los niños del Bronx

Una casa abrió sus puertas a 42 niños habitantes de la mayor 'olla' del país. Semana.com la visitó.

En medio de las drogas, las armas y la indigencia del Bronx, en pleno corazón de la capital, hay historias esperanzadoras. Una de ellas es protagonizada por 42 niños, quienes dan vida a una gran casa, que por su fachada de colores vinotinto y amarillo, parece sacada de un cuento de hadas.

La casa de desarrollo integral para los niños del Voto Nacional ‘La Libelulosa’, como se le conoce a esta vivienda, tiene cinco ventanales, un ático, y libélulas plasmadas en todas partes, las cuales fueron dibujadas por habitantes de la calle del Bronx. Al abrir su puerta se observan diseños infantiles en las paredes, y tras recorrer el pasillo de la entrada hay una libélula gigante que cuelga del techo, construida con CD recolectados por algunas madres de la mayor 'olla' del país y sus barrios cercanos.

Una cocina, cobijas, cunas, juguetes, mesas, sillas, profesoras, mujeres, y niños entre los cero y los cinco años de edad, enriquecen el jardín menos convencional de Bogotá: el espacio que reúne a los hijos de los habitantes del Bronx, quienes viven en condiciones infrahumanas, sumidos en las adicciones y la mafia organizada.

El hogar está ubicado a la vuelta del Bronx, entre la Casa de Nariño, el batallón de la guardia presidencial y el comando de la Policía Metropolitana. Semana.com estuvo allí y habló con los líderes de la iniciativa: el Distrito, las profesoras y las mismas madres, quienes dejaron a un lado el temor de separarse de sus hijos, para ofrecerles, dicen, un mejor día a día.



Los testimonios

“Hay veces que uno no está tan bien económicamente en la casa y no puede darle gusto a los hijos. Por lo menos aquí tienen su desayuno, sus onces. Ella (su hija) estaba bajita de peso y ahorita me ha subido. La veo motivada y aprendiendo más”, relata Rosalía Ríos sobre su bebé, a quien inscribió en el pasado mes de diciembre, cuando el Distrito visitó el Bronx. “Viví tres años allá adentro porque consumía droga, pero cuando nació mi hija y mi esposo cayó a la cárcel, dejé el vicio”, recuerda.

Frente a Rosalía está Maira Gómez, otra madre de unos 25 años. Ella tiene dos hijos y ambos están inscritos en el hogar. “Mi hijo me pedía estudiar y por eso lo traje”, cuenta. Reconoce que la ‘casa de los niños del Bronx’, hoy su segundo hogar, está “más linda que antes”, lo que se consiguió, dice, “con la ayuda de las mamitas”. “Estamos esperando para ayudar a pintar lo que falta”. Maira asegura con un rotundo sí que ingresa al Bronx a diario, aunque ya no vive allí. “Hago rifas de cubrelechos (sic.), de 100.000 pesos, de 500.000 pesos. Salí de allá porque caí en cuenta de que eso no era vida para mi hijo”.

Como Rosalía y Maira quiere ser Jessica Muñoz, una joven de unos 18 años que, aunque tiene a sus hermanos y a sus primos en la casa, aún no puede inscribir a su bebé. Ella es beneficiaria de otro proyecto, al que pertenecerá hasta que consiga un empleo. “Tengo mis hermanitos, mis primos y muy pronto mi hija acá. El papá de ella trabaja dentro del Bronx, en una tienda. Me encanta este proyecto porque manejan bien a los niños. Es muy chévere porque en otros jardines usted no puede entrar a coger a su bebé, aquí uno lo trae hasta el aula y a la hora que uno quiere viene y lo mira. Es hermoso”, expresa la joven madre mientras abraza a su hija.

Mientras las mujeres hablan se escucha música de cuna. Ellas están en el primer piso, donde se cuida a los “soñadores”, los niños más pequeños que llegan a este lugar, abierto de lunes a viernes, desde las siete de la mañana, hasta las cinco de la tarde. En el hogar las mujeres pueden amamantar y exponer a través de carteleras cómo han visto el desarrollo de sus hijos y cuáles quieren que sean las enseñanzas. Sugieren “lenguajes extranjeros, danza, teatro y modales en la mesa”. “Qué salgan hechos unos profesionales”, se lee en uno de los letreros.

“Esta casa la construimos todos, y en ese sentido, las madres creen y se apoderan del proceso”, asegura por su parte Cindy Alba, coordinadora del proyecto. Otro de sus compañeros, Edwin Castillo, anota que el Distrito “está cuidando las semillas de los habitantes del Bronx, que son sus hijos”.

Sin duda, las madres son las otras protagonistas de esta historia. Teresa Muñoz, la secretaria de Integración Social, recuerda que algunas mujeres del Bronx “han tenido una estrecha relación con la mafia”. Por esa razón, señala que el proyecto “busca oportunidades laborales para las madres”, e incluso, abre la posibilidad de contratarlas para los oficios varios del hogar.