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| 4/22/2015 9:55:00 PM

La conmovedora historia del soldado Wílder Aguilar

Dado por muerto tras la emboscada de las FARC en Cauca, sigue vivo, pero en coma. El uniformado tiene una hermana que quedó parapléjica tras recibir un tiro luego de ser violada por ocho hombres.

En medio de la confusión y el dolor que produjo la emboscada de las FARC en la que asesinaron a diez militares e hirieron a 20 en zona rural de Buenos Aires, Cauca, ocurrió un hecho insólito que pasó inadvertido: dieron por muerto a un soldado que en realidad estaba vivo.

Al día siguiente de la emboscada y cuando la información llegaba con más reposo, desde las Fuerzas Militares se informó que el número de soldados muertos ascendía a 11. De la misma forma explicaban que la nueva víctima era uno de los tres militares con heridas de extrema gravedad que alcanzaron a ser llevados a un centro asistencial.

Fue así como se incluyó al cabo primero Wílder Camilo Aguilar Sánchez en el obituario de los militares asesinados por las FARC en la emboscada. Todo indica que el error se produjo porque en medio de la emergencia y la confusión alguien interpretó que el dictamen médico de “muerte cerebral” técnicamente lo clasificaba como muerto.

Lo cierto es que pese a recibir un impacto de bala en la cabeza, el cabo Aguilar sigue luchando por su vida en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) de la clínica Valle de Lili, en Cali. Junto a él se encuentran su madre, Ligia Aguilar; su hermano Elkin, y su compañera sentimental, Carolina Ávila. Según reportes oficiales recientes de esa entidad, el soldado sufre de “una lesión neurológica severa, su pronóstico es reservado y de estado crítico”.

De los cinco militares heridos que aún permanecen hospitalizados en tres clínicas caleñas (Valle de Lili, Imbanaco y Clínica Amiga), Wílder es el único cuya vida todavía peligra. Según reportaron directores de esas entidades de salud, los demás podrían ser dados de alta en los próximos días.

Lo que pocos saben es que detrás de la tragedia del cabo Aguilar se esconde otra igualmente dolorosa: su hermana mayor es parapléjica a raíz de un tiro que recibió luego de ser violada por ocho hombres.

La familia Aguilar es oriunda de Andes, Antioquia, un pequeño pueblo donde viven 45.000 personas que subsisten de criar ganado, sembrar café y escarbar minerales de las entrañas de sus montañas.

Allí son tristemente recordados por hechos trágicos: antes, la historia dolorosa que andaba de boca en boca entre los pobladores era la de la hija violada que quedó parapléjica, ahora es la del otro Aguilar, el cabo Wílder.

En Andes Ligia Aguilar crio a su descendencia: el menor es Wílder y los dos mayores son los mellizos Diana y Elkin, de apellido Jiménez porque no comparten el mismo padre. Es decir, son hermanos medios del cabo herido.

Elkin es un curtido agricultor que se gana la vida como labriego en las fincas del municipio. Antes de dedicarse al campo estuvo en el Ejército, pero se aburrió. Su hermana Diana vive postrada en una silla de ruedas y con la mitad de su cuerpo paralizado.

La historia de Diana es aterradora. Su drama comenzó hace 15 años en Medellín, cuando en vísperas de sus 15 años de edad asistió a una fiesta junto a su mejor amiga, Gloria Andrea Guevara. Cuenta Diana que cuando salieron de allí fueron interceptadas por ocho hombres encapuchados y llevadas a un apartamento donde las violaron y luego les dispararon. Su amiga murió, pero ella quedó viva, y por fortuna sus atacantes no se percataron.

Pero una de las balas que recibió Diana le causó una lesión que la dejó parapléjica y postrada en una silla de ruedas. Desde esa silla hoy implora para que le ayuden a viajar hasta Cali y permanecer junto a su hermano Wilder. “Temo que lo desconecten en cualquier momento; quiero rezar junto a él y darle fuerzas”, dijo Diana, quien en el pasado logró sumar la solidaridad de los colombianos en torno al sueño de una casa propia donde pueda vivir junto a sus hermanos y su mamá.

Además, le preocupa que si su hermano logra despertar del coma en el que se encuentra, quede con secuelas como las suyas. “Sé por experiencia lo que es una vida así y no se la deseo a nadie, mucho menos a mi hermano”, expresó tras asegurar que Wílder era el sustento familiar: “Gracias a él comíamos y pagábamos las facturas”.

Por ahora todo está en manos de Dios y de los médicos de la clínica Valle de Lili, quienes luchan porque el cabo Wílder Aguilar no se convierta en la víctima fatal número 11 del ataque de las FARC que repudió todo el país.
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