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| 11/16/2013 1:00:00 PM

Uribe y Montelagre en la mira

El plan para atentar contra el expresidente y el Fiscal es tan real como incomprensible y tiene serias implicaciones para el proceso de paz.

Todos los que estaban felices con la firma del acuerdo sobre participación en política con las Farc, que consideraban la antesala del final del conflicto, recibieron un dramático baño de agua fría la semana pasada, cuando el ministro de Defensa anunció que esa guerrilla planeaba atentar contra la vida del expresidente Álvaro Uribe. Y como si fuera poco, también se reveló que había planes para asesinar al fiscal general, Eduardo Montealegre, e indicios de que quien seguiría sería Francisco Santos. 

Dada la gravedad de esa noticia, sorprendió que al cierre de la semana ya había pasado a segundo plano. De entrada, no pocos consideraron que podía tratarse de una exageración o de un ‘falso positivo’ de los organismos de Inteligencia. También se llegó a especular que se podía tratar de un montaje de los uribistas para favorecer la imagen de su jefe en plena campaña electoral.  Y como siempre, se hablaba de las fuerzas oscuras y de los enemigos agazapados de la paz. 

SEMANA tuvo acceso a la información de la cual disponen las autoridades y la evidencia muestra de manera contundente que sí existía un plan de la columna móvil Teófilo Forero de las Farc para asesinar al expresidente Uribe.  Aunque los detalles sobre la evidencia no se pueden revelar por consideraciones de seguridad nacional, SEMANA tuvo acceso a ellas y son irrefutables.  
 
Para nadie es un secreto que las Farc siempre han tenido como objetivo militar eliminar al expresidente, quien es su principal enemigo. Durante ocho años las combatió y les infligió los peores golpes  de su historia. Y durante el gobierno Santos se ha convertido en el jefe de la oposición a cualquier negociación con ellas. Lo que es sorprendente en este caso es que las autoridades descubrieron que el plan se puso en marcha. Es decir, lo que podía ser un escenario hipotético se convirtió en una amenaza inminente. 

“Tenemos toda la  evidencia para estar seguros de que se trataba de un atentado que ya estaba en marcha”, dijo el fiscal general, Eduardo Montealegre, a SEMANA. Con estas certezas, el martes 12 de noviembre, el ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón,  salió a informar que por instrucciones del presidente se había reunido con el expresidente Uribe “para informarle de un plan que se detectó para atentar contra su vida por parte de la columna Teófilo Forero de las Farc”. 

Aunque la intención de las Farc de atentar contra el principal enemigo del proceso de paz ya no sería discutible, el hecho de que simultáneamente se pensara atentar contra el fiscal, uno de los principales amigos de la negociación,  añade toda clase de conjeturas alrededor de esta conspiración. 

Como es evidente que un atentado contra Uribe, el fiscal o Pacho Santos pondría fin automáticamente al proceso de paz, en rigor solo existen dos posibilidades para explicar algo que en las actuales circunstancias suena casi inverosímil. 

La primera que consideran las autoridades es que el plan para asesinar al expresidente haya sido urdido por alias el Paisa, jefe de la columna Teófilo Forero, en rebeldía frente a la cúpula de las Farc y los negociadores en La Habana. Hay razones para creer que esto puede ser cierto. La Teófilo, como se conoce popularmente, es un verdadero ejército dentro del ejército de las Farc, que ha demostrado tener toda la capacidad militar y financiera para ejecutar las más sofisticadas operaciones (ver recuadro).   

El Paisa está detrás de atentados como el del club El Nogal en 2003 y de secuestros tan audaces como el del avión de Aires, en el que viajaba el senador Jorge Géchem, en 2002, que dio al traste con el proceso de paz del Caguán. 

Según esta interpretación, así como el establecimiento tiene una división alrededor del proceso de paz entre el presidente Santos y el expresidente Uribe, las Farc podrían tenerla entre la cúpula representada en La Habana  y una rueda suelta como la Teófilo. Además, se ha especulado que el bloque Sur, liderado por Joaquín Gómez, al cual pertenece esa columna móvil, tendría reparos frente a las negociaciones en La Habana. 

Lo más grave de esta posibilidad es que el proceso, que pese a sus avances aún está crudo, cuente con una disidencia de tanto peso a estas alturas. Todo el mundo está convencido de que al firmar la paz habrá sectores guerrilleros que no se acojan. Lo que no se anticipaba era que la disidencia pudiera incluir desde el comienzo a un  frente de las Farc tan importante, que los militares han creado la fuerza de tarea Júpiter con la única misión de perseguirlo. 

Si el anterior escenario es inquietante, la otra posibilidad que están contemplando los organismos de inteligencia es mucho más perturbadora: que no se trate de una disidencia sino que el plan para cometer estos magnicidios haya sido aprobado por el Secretariado de las Farc. Esta hipótesis, sin embargo, también tiene dos posibles interpretaciones. Una cosa es que las Farc tengan planes generales para asesinar a Uribe y otras figuras del establecimiento que puedan ser puestos en marcha en cualquier momento y otra cosa, muy distinta, que esa orden ya haya sido dada.  

En este caso ya se ha establecido que el plan ya estaba en marcha y lo que sería no solo inmensamente preocupante, sino incomprensible, es que contara con la venia del Secretariado de las Farc, en medio de un proceso de paz justo cuando pareciera que este empieza a dar frutos.

La respuesta de los guerrilleros desde La Habana, en lugar de aclarar, añadió suspicacias por lo ambigua. “No tenemos declaraciones, estamos esperando que se decante bien la información”, dijo Andrés París, vocero del grupo. SEMANA consultó a las Farc en Cuba y al cierre de esta edición no habían respondido, aunque insinuaron que todo este incidente podría tratarse “de un falso positivo noticioso”. 
Cuando se está negociando en medio de la guerra no es fácil determinar cuáles son los límites que no se pueden franquear. Sin embargo, aunque no está pactado oficialmente, las reglas de juego tácitas son que mientras las acciones estén circunscritas a la órbita militar, en principio, el proceso se mantiene. 

Ni la muerte de numerosos militares en varias emboscadas de las Farc, ni la de jefes de esta guerrilla en bombardeos de las Fuerzas Armadas han generado crisis en las negociaciones. Incluso, atentados contra instalaciones civiles como los oleoductos u hostigamientos contra algunas poblaciones tampoco han detenido el proceso. Ni siquiera la muerte de Alfonso Cano en un operativo militar interrumpió los contactos preliminares que se adelantaban para abrir negociaciones.
   
Sin embargo, hay unas líneas rojas que el país no admitiría que se crucen. Y la primera sería un magnicidio contra un personaje de la vida pública que no esté involucrado directamente en la guerra. Las Farc pueden considerar a Uribe su principal enemigo, pero ya no es el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas sino un expresidente haciendo política. El hecho es que un atentado contra Uribe, el fiscal o Francisco Santos significaría la ruptura inmediata del proceso, como lo afirmó Humberto de la Calle, el jefe negociador del gobierno.  

El atentado de la Teófilo Forero contra el exministro Fernando Londoño, que se cometió justo en el momento en que se aprobaba el marco jurídico para la paz, no rompió las conversaciones secretas que se estaban llevando a cabo, precisamente por ser secretas. Como no había proceso oficial, no había presión de la opinión pública. Si ese atentado tuviera lugar hoy, el presidente tendría la obligación de pararse de la Mesa. 

De lo anterior surgen varios interrogantes difíciles de contestar. 1) ¿Cómo entender que, mientras negocian en La Habana con el gobierno el final del conflicto, los jefes de las Farc puedan al mismo tiempo estar saboteándolo? 2) ¿Qué lógica tiene atentar simultáneamente contra el mayor enemigo del proceso y contra su mayor defensor? 3) En caso de ser cierta esta hipótesis, ¿en qué momento se cometerían los atentados: ahora, con el objetivo de hundir el proceso, o más adelante, como retaliación en caso de que este fracase? 

Al ritmo en que están avanzando las investigaciones, es probable que pronto haya respuestas a estas preguntas. Mientras tanto, lo que está claro es que las Farc están produciendo exactamente lo contrario de lo que buscaban: fortalecer al expresidente Uribe. 

Con un atentado descubierto en su contra, no solo se genera una solidaridad a su favor sino que se pone en aprietos al gobierno y a los defensores del proceso, a quienes les queda muy difícil explicar la buena fe de la contraparte en la negociación, particularmente en el preciso momento en que se acababa de firmar el punto clave de participación política. Lo que es seguro es que el 18 de noviembre, la próxima ronda de conversaciones tendrá que empezar con el gobierno pidiendo explicaciones a las Farc. 

Quién es el temido Paisa

Crímenes sanguinarios y acciones terroristas de gran envergadura convirtieron a Hernán Darío Velásquez, alias el Paisa, el jefe de la columna móvil Teófilo Forero, en una de las figuras clave de las Farc.

Si en las filas de las Farc el nombre de Hernán Darío Velásquez y su alias, el Paisa, son un mito, entre los cientos de civiles que han padecido sus acciones son un motivo de terror. El comandante de la columna móvil Teófilo Forero, la fuerza elite de las Farc, ha sido responsable no solo de los más sonados crímenes y ataques terroristas en la historia reciente del país sino de cientos de acciones que han dejado una multitud de muertos y heridos. 

Entre la bomba que destruyó el club El Nogal en Bogotá, a comienzos de 2003, y el atentado contra el exministro Fernando Londoño, a mediados de 2012, ha transcurrido casi una década marcada por las acciones del Paisa. Además de una ingente lista de atentados, homicidios y secuestros notables (ver recuadro), las autoridades tienen 505 acciones documentadas en su haber en los últimos diez años, que han dejado 928 víctimas civiles, 278 muertos y 650 heridos, además de 64 policías y 58 militares muertos. Los departamentos que más han sufrido al Paisa son Huila y Caquetá, en los cuales ejecutó casi la totalidad de esas acciones, que incluyen homicidios, secuestros y bombazos. 

Poco se sabe de su vida. Nació el 10 de enero de 1963 en Remedios, Antioquia. Aunque algunos informes de inteligencia lo vinculan con el cartel de Medellín a comienzos de los años ochenta, la realidad es que poco antes de los 20 años de edad ingresó a las filas de las Farc, persuadido por un amigo de su pueblo, conocido con el alias de Arnulfo Tres Pelos, quien para esa época era comandante del frente 36. Su primer alias es el que más se conoce: el Paisa. 

Pero no es el único que utiliza. También lo conocen como Antonio Rodríguez Sunce, Hermides Buitrago y Óscar Montero. Sus primeras misiones eran de carácter urbano y la personalidad arrojada lo llevó a que le encomendaran en enero de 1989 una de sus primeras misiones: ingresar un cargamento de 1.000 fusiles. 

En compañía de otros dos guerrilleros fue capturado en Kingston, Jamaica, poco antes que el embarque saliera rumbo a Urabá. Fue deportado y recluido en La Picota pero gracias a la decisión de un juez quedó en libertad antes de cumplir su primer año tras las rejas. Con escasos 27 años, fue nombrado segundo comandante del frente 14. Cinco años más tarde, en 1996, el Secretariado, por recomendación del Mono Jojoy, lo nombró jefe de una estructura naciente: la columna móvil Teófilo Forero. 

Entre 1996 y 1999 participó como comandante de esa facción y, junto a otros frentes, en algunos de los ataques más duros contra la fuerza pública como el asalto a la base militar de Las Delicias, en 1996, la base de Patascoy y la estación de Policía de Puerto Lleras, Meta. 

Durante el gobierno de Andrés Pastrana, el Paisa utilizó la zona de distensión para reclutar, entrenar y elevar la capacidad de la Teófilo Forero. Posteriormente vendría una larga temporada de acciones terroristas que lo transformaron, a lo largo de la década de 2000, en uno de los consentidos del Secretariado. A finales de 2007 fue encargado de entrenar las llamadas ‘fuerzas especiales’ que componían la seguridad del entonces jefe máximo de las Farc: Tirofijo. 

Con él estuvo hasta su muerte, el 26 de marzo de 2008. Posteriormente fue promovido a integrante del Estado Mayor Central de las Farc. En 2009 retomó de lleno sus actividades al frente de la columna móvil hasta la actualidad, en donde continúa siendo el hombre más buscado y escurridizo. Hoy, ante la noticia de los planes para atentar contra el expresidente Uribe, el fiscal y Francisco Santos, todo el mundo se pregunta si se trata de la cabeza visible de la primera disidencia de las Farc frente al proceso de La Habana o si continúa obedeciendo órdenes del Secretariado.
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