Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 2/18/2012 12:00:00 AM

Atrápame si puedes…

Cómo un impostor logró convertirse en psiquiatra de Medicina Legal durante diez años, liderar asociaciones profesionales, y emitir más de 1.900 conceptos que hoy tienen con los pelos de punta al sistema judicial.

La insólita historia de Camilo Herrera, el falso psiquiatra que durante años engañó a Medicina Legal y al Inpec, y que con sus irresponsables dictámenes marcó la vida de miles de personas, no solo tiene sorprendidos a los colombianos, sino que se ha convertido en una caja de Pandora que podría poner en duda la confianza en el sistema judicial colombiano.

Un grupo élite de Medicina Legal ha comenzado a hurgar en los más de 1.900 conceptos y peritajes que este bogotano realizó en Bogotá, Tunja, Meta y Casanare. Las pesquisas ya han permitido establecer que numerosos fallos basados en los conceptos de Camilo Herrera tendrán que ser revisados o reabiertos. Otros generarán millonarias demandas contra el Estado. Y otros más seguirán sorprendiendo a los colombianos. Por ejemplo, SEMANA pudo establecer que el año pasado un concepto de Herrera, que por fortuna fue corregido por un grupo de expertos de la entidad, estuvo a punto de permitir la libertad de la polémica empresaria del chance Enilce López, alias la Gata.

A comienzos de 2011, López fue capturada por la Policía cerca de Magangué cuando la encontró en un carro rumbo a una fiesta. El hecho causó polémica, pues estaba violando la detención domiciliaria que un fiscal le había dado en 2008 debido a su supuesto delicado estado de salud. De inmediato, un juez ordenó un nuevo dictamen médico y psicológico, que cayó en manos de Herrera. Este, tras estudiar el caso, dictaminó que la Gata tenía un trastorno mental, lo que la hubiera dejado en libertad, pero el concepto fue revisado por un comité de especialistas que lo desvirtuó y corrigió. Aunque este caso pudo ser rescatado a tiempo, ya empiezan a aparecer denuncias de personas que sí se sienten afectadas por los errados conceptos de Herrera.

Un ejemplo es el de Arsenio Luis Acosta. Después de haber sido acusado de abusar de su hija, el falso psiquiatra determinó que era un peligro para ella y para la sociedad. La niña terminó en el ICBF, pero diez meses después la Justicia archivó el caso y Acosta recuperó a su hija. "Hasta el jueves nos han llegado más de 50 derechos de petición de personas pidiéndonos que informemos sobre el rol que Herrera tuvo en sus casos. La inmensa mayoría no pasaron por sus manos, como el del supuesto asesino de Héctor Páez, tesorero de la Secretaría de Educación de Boyacá, que habría quedado libre por un concepto del falso psiquiatra", dijo el director de Medicina Legal, Carlos Eduardo Valdés.

Para entender la magnitud del daño que Herrera pudo haber causado en su paso por una entidad que se encarga de hacer un millón de dictámenes médicos y unas 24.000 autopsias, fundamentales para la Justicia, es necesario reconstruir su paso por Medicina Legal. Este bogotano, de 50 años, fue vinculado el 23 de mayo de 2002 a la seccional de Boyacá como "profesional especializado forense", no solo por el impresionante currículo académico y profesional, sino por una poderosa recomendación que le habría dado el entonces senador Ciro Ramírez, uno de los grandes barones políticos de la región, que años después terminaría condenado por supuestos nexos con paramilitares.

En su hoja de vida, Herrera había anexado su título de médico de la Universidad Juan N. Corpas, en la que curiosamente había hecho la carrera en tres años y no en los cinco o seis que era lo normal, además de una supuesta especialización en Psiquiatría en la Universidad Nacional. Para esa época, según los documentos que anexó, había trabajado en varias universidades como docente, en la Clínica del Country, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar y un centro de rehabilitación en Boyacá.

Mientas trabajaba en Tunja, Herrera también fue contratado por el Inpec en la penitenciaría de El Barne. Tales eran sus ínfulas, que allí exigió que le mostraran las "pautas de tratamiento psiquiátrico", y según una empleada de la época, una vez las recibió, decidió escribir una nueva cartilla de procedimientos que el instituto penitenciario publicó en la página web de la institución. SEMANA encontró que la cartilla, que aún se encuentra en internet, tiene pasajes tomados textualmente de documentos publicados en la red de la Sociedad Valenciana de Psiquiatria, en España.

La vinculación de Herrera a Medicina Legal se habría facilitado por los cambios que desde 2001 había impuesto el entonces director nacional de la entidad, Alfonso Cuevas. Según le contó a SEMANA su actual director, Carlos Eduardo Valdés, tanto las políticas de contratación, como los estrictos requisitos de incorporación fueron reformados. Sobre el remezón, un científico que trabaja desde hace 15 años en la entidad le dijo a esta revista: "Al instituto se lo empezó a comer el clientelismo y la burocracia. Me duele en el alma, porque muchos expertos quedaron en la calle". Así, el rigor impuesto por una serie de directores desde finales de los años setenta se desvaneció. Tres años después, en septiembre de 2004, Máximo Duque sucedió a Alfonso Cuevas en la dirección del Instituto, quien trasladó de un día para otro a Herrera a Bogotá, sin importar que este dejara en el limbo más de 80 casos. Algunos aseguran que la meteórica carrera de Herrera dentro del Instituto solo fue posible por el padrinazgo de las directivas.

La relación de Herrera con sus colegas psiquiatras nunca fue buena. A los pocos días de su vertiginoso arribo a Bogotá, sus habilidades y conocimientos fueron cuestionados por el entonces supervisor de esta área, Jorge Enrique Buitrago, quien redactó un informe en que dudaba de sus conocimientos profesionales. "O no tiene idea de psiquiatría o el título es fraudulento", le comunicó al entonces director Alfonso Cuevas, quien hoy niega haber recibido tal reporte. No fue la primera queja. Según Valdés, en los años que siguieron las alarmas sobre los "déficit de conocimiento" y las "fallas conceptuales" de Herrera se hicieron sonar en repetidas ocasiones. Y, por los motivos más diversos, hubo seis investigaciones internas contra él. Todo parece indicar que lo trataban como un incompetente y le asignaban casos sin mayor relevancia. "El problema es que ser bruto no es una falta disciplinaria", dijo Valdés a SEMANA. E ironizó: "De ser así, la mitad de los funcionarios colombianos estarían inhabilitados".

Ante la desconfianza y el rechazo de sus colegas, el falso psiquiatra se dedicó a cultivar una buena imagen en otras áreas. Por un lado, evitaba los encuentros y debates académicos, a pesar de que su hoja de vida decía que había asistido a 83 seminarios, congresos y simposios médicos. Por el otro, buscaba el reconocimiento del resto del Instituto. "Era un tipo callado, que sabía escuchar y sopesaba lo que decía", dijo a SEMANA un empleado que interactuó frecuentemente con él. Cuando fue nombrado coordinador del Grupo de Psiquiatría les exigió a sus integrantes trabajar horas extras como todo el mundo. "Su gestión fue bienvenida porque los psiquiatras hasta entonces no disfrutaban de mucha simpatía", dijo el empleado. Por fuera del Grupo de Psiquiatría, lo recuerdan como un hombre correcto y sereno, que gestionaba encuentros, participaba y opinaba por doquier. Finalmente, su estrategia le sirvió: Herrera presidió durante dos años la Asociación Colombiana de Medicina Legal y Ciencias Forenses (Asomef) y fue integrante del Fondo de Empleados de la entidad.

Sin embargo, el castillo de títulos y mentiras empezó a tambalearse a finales del año pasado. Al arribar Carlos Valdés como nuevo director de la entidad, le llegaron de nuevo las quejas que había sobre el actuar de Herrera. Tan impactantes eran, que decidió iniciar una investigación interna. En agosto, el falso psiquiatra había comenzado a trabajar para la empresa de ambulancias TAM. Su hoja de vida había causado entusiasmo en las oficinas de la compañía. Se había presentado como conocedor del Sistema Penal Acusatorio y médico con experiencia en Psiquiatría, docencia universitaria, procesos administrativos, elaboración y ejecución de proyectos, y lo más importante, "¡venía de Medicina Legal!", dijo el abogado de TAM, Jorge Humberto Osorio. Hacía un turno cada cuatro noches, en el que atendía a pacientes con desórdenes de comportamiento. "Era un médico totalmente normal", dijo a SEMANA Julián Wilches, un enfermero que trabajó con él.

Pero por primera vez, en sus más de 20 años de trabajo, sus documentos fueron revisados. La sorpresa fue enorme: los títulos universitarios sí existían, pero eran de otras personas, y la tarjeta de profesional era falsa. Su pomposa hoja de vida era una mezcla de verdades y mentiras que a cualquier ojo crítico le habría llamado la atención. Decía que había enseñado en la Universidad Manuela Beltrán, lo cual era falso, según pudo comprobar SEMANA. Pero sí dictó clases en la Universidad Antonio Nariño, justo en el lugar en que uno de los médicos, cuyos títulos había suplantado, también enseñaba.

Pronto, la farsa se vino abajo. La empresa TAM le informó a Medicina Legal lo que había encontrado, información que también fue comprobada por la entidad. De inmediato, Herrera fue notificado de que sería investigado, a la vez que el expediente fue trasladado a la Fiscalía y la Procuraduría. Al enterarse, Herrera se puso nervioso y preguntó qué le iba a suceder. Y para evitar ir al proceso oral abreviado que se le comenzó, prefirió no asistir y renunciar. Así, la semana pasada, el día de San Valentín, se convirtió en el peor de su vida: un fiscal le imputó cargos por falsedad de documentos, falsedad ideológica y falso testimonio, por lo que un juez ordenó su detención preventiva en la cárcel La Modelo. A su vez, Medicina Legal lo sancionó e inhabilitó por 20 años.

Mientras que Herrera deberá responder por delitos que podrían significar una pena superior a los seis años de cárcel, Medicina Legal actúa con rapidez para deshacer la telaraña que el falso psiquiatra dejó en los archivos de la entidad. La tarea ha sido encomendada a dos equipos. Uno, a cargo de la seccional Bogotá, está recolectando y analizando uno a uno todos los dictámenes que emitió Herrera para saber si fueron determinantes en la toma de fallos y decisiones judiciales. "En los casos en que esto sea así, nosotros mismos pediremos a las autoridades que se revise la sentencia", dijo el director de Medicina Legal. Otro grupo tiene a su cargo la revisión de todas las hojas de vida de los 1.877 funcionarios de la institución para curarse en salud.

Lo cierto es que se acercan días tormentosos para el Instituto. Según sus directivos, a pesar de que es la primera vez en 98 años de historia que Medicina Legal descubre a un farsante en sus filas, "este sociópata ha puesto en duda la credibilidad y seriedad científica de un instituto que es referente en el mundo", dijo Valdés. Además de alistarse para recibir cientos de denuncias y responder por daños, cuyos costos posiblemente se tragarán su presupuesto, el director deberá demostrar que es un caso excepcional que no involucra el peritaje judicial de los últimos años y sobre los que hay miles y miles de sentencias. Sin embargo, si esto pasó en una entidad pequeña y de alto rigor científico, qué no podrá estar ocurriendo con los procesos que se adelantan en cientos de juzgados en donde hay miles de funcionarios cuyo pasado permanece inexplorado.

Mientras las autoridades tratan de ponerle el pecho al huracán creado por un simple bachiller, Camilo Herrera permanecerá en la cárcel, curiosamente donde comenzó a escribir parte de su fábula profesional. Quizás, en este momento recuerde las palabras de su famosa cartilla que publicó hace casi diez años cuando trabajaba para el Inpec: "El simple hecho de estar en la cárcel ya influye en la mente de los presos. Aunque hay quienes dicen que los presos ya tienen problemas cerebrales y que la cárcel y su ambiente no se los condicionan".
 
La hoja de vida de un impostor
 
Un estudio cuidadoso de las 25 páginas de la hoja de vida del bachiller Camilo Herrera Triana sorprenden por las absurdas mentiras y medias verdades que sostuvieron su carrera por más de 20 años.
 
Por ejemplo, Herrera si trabajó en el Hogar Geriátrico Sagrada Familia, del 2001 al 2003. Según su currículum su labor en esta institución comenzó en 1991 y continuaba en el 2011.
 
El falso médico mintió sobre su experiencia laboral en la embajada de Alemania. En esa sede diplomática no contratan médicos, pero, según la hoja de vida, trabaja allí hace 20 años.
 
En Ligracol no sólo no trabajó sino que allí nunca contratan médicos. En la hoja de vida aparece de 1995 a 2001.
 
En 1988 estudiaba en la Universidad Nacional, donde no aprobó ningún semestre, pero en su hoja de vida asegura que para esa época trabajó en la Clínica del Country. Además, Hernán Ballén, el titular de su diploma adulterado, aún no se había graduado. 
 
Su título de siquiatra, no de especialista en siquiatría es de 1993, sin embargo según la hoja de vida trabajó en el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar en 1990 con este título.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1842

PORTADA

La voltereta de la Corte con el proceso de Andrade

Los tres delitos por los cuales la Corte Suprema procesaba al senador se esfumaron con la llegada del abogado Gustavo Moreno, hoy ‘ad portas’ de ser extraditado. SEMANA revela la historia secreta de ese reversazo.