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| 2/18/2017 12:00:00 AM

Robos en el SITP ¿una falsa alarma?

Las denuncias de una oleada de asaltos masivos a buses del sistema de transporte en Bogotá -Sitp- dejan serias dudas. Podría tratarse más de un problema político que de seguridad.

Durante gran parte de este año los habitantes de Bogotá vieron con temor e impotencia cómo los medios de comunicación reportaron una oleada de asaltos masivos a los pasajeros del Sistema Integrado de Transporte Público -Sitp-. El asunto despertó una gran inquietud por parte de la ciudadanía. Y no era para menos.

Según las noticias, solo en el primer mes de 2017 se presentaron 37 asaltos a buses del Sitp en diferentes lugares de la capital. Incluso el 25 de enero los noticieros reportaron tres asaltos tan solo ese día. El tema encendió las alarmas de las autoridades distritales y tanto la Policía como la Fiscalía comenzaron a investigar caso por caso para tratar de determinar lo que estaba ocurriendo. “Reconocemos que han existido algunos asaltos a buses del sistema, pero nos preocupa y llama la atención que en otros casos al llegar al sitio las víctimas no quieran denunciar, o se niegan a hacer los reportes, no están en el sitio o incluso dan datos falsos como el nombre o número para contactarlos. El Distrito cuenta con todos los aplicativos y herramientas necesarias para realizar las denuncias, pero eso no ha ocurrido en varios casos”, dijo a SEMANA el secretario de Seguridad de la Alcaldía de Bogotá, Daniel Mejía.

Si bien es cierto que desde hace décadas se presentan asaltos a buses, para las autoridades resultó extremadamente llamativa esta repentina oleada. Los investigadores de la Policía y de la Fiscalía indagaron en los detalles y llegaron a una conclusión que plantea graves interrogantes. En al menos la mitad de los casos la única prueba del asalto es el testimonio del conductor del bus que realizó la denuncia. Al confrontar esos testimonios con cámaras de seguridad los detectives encontraron que extrañamente algunos de esos buses andaban por fuera de las rutas cuando el conductor llamó para denunciar el asalto.

No menos extraño resultó para los investigadores que en sus testimonios prácticamente ninguno de los choferes lograra aportar datos precisos para realizar retratos hablados de los asaltantes. También les llamó la atención que muchos de los relatos parecen un libreto que simplemente describe en forma vaga que los delincuentes eran dos o tres afrocolombianos con navajas. En otros casos resultó inexplicable que, aunque los agentes llegaron a los dos o tres minutos al lugar, no encontraron víctimas, aunque supuestamente en el bus viajaban 15 o 20 personas. Aún más enigmático les pareció que cuando las autoridades llegaban al lugar del robo y aún había supuestas víctimas, estas no lograban precisar lo que les habían robado o, en otros casos, daban nombres y números de cédula o celular falsos.

Nadie, por supuesto, niega que efectivamente han ocurrido asaltos a buses del Sitp, principalmente en las localidades de Kennedy, Santa Fe y Rafael Uribe. De hecho en enero la Policía capturó a 92 asaltantes en flagrancia, aunque por varias razones los jueces dejaron en libertad a 26 de esos delincuentes. En las últimas dos semanas, más de 100 policías que viajan encubiertos en los buses lograron reducir en 87 por ciento las denuncias, e incluso hasta el jueves anterior habían pasado 15 días sin que se registrara un solo atraco en las tres localidades más afectadas.

No es claro quién quiere presentar un panorama distorsionado de la realidad, ni por cuál razón. Sin bien son conocidas, y pueden ser justas, las quejas de los cerca de 6.000 conductores del Sitp al Distrito por las condiciones laborales que tienen desde hace años, un tema son los reclamos legítimos y otro la difusión de hechos falsos o inflados en los que parece estar el oportunismo o la intención política.

Esto no es algo nuevo, y ha sucedido en otros temas. De hecho, hace pocos días, durante un debate en el Concejo de Bogotá sobre la crisis de la salud, el concejal Hollman Morris afirmó con nombre y apellido que una mujer había fallecido en un hospital del Distrito por falta de atención. Pero la denuncia resultó falsa, e incluso la propia señora que Morris dio por muerta lo desmintió públicamente. Hace tres semanas un grupo de opositores al alcalde Enrique Peñalosa instigó y participó en el bloqueo a una troncal de TransMilenio reclamando acciones para rescatar a una niña supuestamente secuestrada, cosa que también resultó falsa, lo que no impidió que activistas aprovecharan para recolectar, en medio de la aglomeración, firmas para la revocatoria del alcalde.

Si bien nadie puede desconocer una realidad, como los asaltos en los buses, lo cierto del caso es que es reprochable generar zozobra con algo que impacta y tiene un gran efecto en la percepción de la ciudadanía como la seguridad.

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