Miércoles, 18 de enero de 2017

| 2004/10/10 00:00

"Aún estamos esperando"

El párroco que vivió la masacre de Bojayá está en Europa para sensibilizar a la opinión sobre la tragedia . SEMANA habló con él en París.

"Por cada combatiente muerto, hay centenares de civiles muertos que no son reportados por los medios de comunicación, los únicos que los reportan son algunas organizaciones no gubernamentales", dice el padre Antún.

A sus 31 años, Antún Ramos parece más un cantante de salsa que un sacerdote. Hace dos años era el párroco de Bellavista, el centro urbano de Bojayá, en el Chocó. A su iglesia habían llegado en busca de refugio los feligreses cuando el combate entre guerrilla y paramilitares era inminente. A pesar de la alarma temprana ante diferentes autoridades, ni el Ejército ni la Policía llegaron: el joven sacerdote les había rogado a los paramilitares -jóvenes también - que se alejaran, pero permanecieron detrás del templo, buscando la protección divina y material del edificio. Murieron 120 personas cuando las Farc lanzaron un artefacto explosivo.

Hoy los hechos han quedado atrás, pero para Antún "las secuelas de la guerra, por más de que uno se haga el valiente, te dejan marcado". Actualmente en Europa, el sacerdote chocoano fue invitado a Francia por la ONG Secours Catholique (Caritas de Francia) para participar en la campaña Paz y Reconciliación, que pretende "resaltar el papel de la sociedad civil en la construcción de la paz" y sensibilizar a la opinión sobre las poblaciones vulnerables. Pero para Antún, más que la tragedia se trata de mostrar "pequeños hechos que contribuyen a la paz". SEMANA lo entrevistó a su paso por París.

SEMANA: ¿Qué espera de este viaje?

Antún Ramos: Yo vengo a llenarme de razones para regresar al Chocó. Secours Catholique me invitó un mes a participar en charlas en Francia, pero después voy a Roma, enviado por mi Diócesis para estudiar por dos años. Aquí estuvimos reunidos con miembros del Ministerio de Relaciones Exteriores de Francia, algunas autoridades, pero la idea no es pedir cosas sino crear lazos. Cuando tú sabes que tus palabras están teniendo eco, eso te da más fuerzas..

SEMANA: ¿Cuál es la situación de Bojayá ?

A.R.: La situación sigue complicada. Si antes había dos actores, la guerrilla y los paramilitares, hoy hay quizás un tercero: el Ejército. Nosotros tenemos un reglamento de convivencia en los pueblos. Les pedimos a los actores acatar este reglamento, que busca sentar nuestra posición contra la guerra. A los miembros de las fuerzas regulares les pedimos respeto también.

SEMANA: ¿Antes cuál era la presencia del Estado en la zona?

A.R.: El Estado es el gran ausente en el Chocó. Ahora se quiere tener una presencia, pero esta presencia es sólo militar y no es la que se requiere. Después de los hechos hubo lo que llamamos allá una danza de chalecos, gente de muchas instituciones que vinieron prometiéndonos de todo. El mismo presidente (Pastrana) nos juró reubicar el pueblo en tres meses. Después pasó el señor Santos, ya con Uribe. Bueno, en el fondo ambos tenían razón, pero no dijeron de qué año... En este momento están trabajando, pero aún estamos esperando, porque Bojayá se inunda cada año.

SEMANA: ¿En qué consiste la denuncia ante la Corte Interamericana de Justicia?

A.R.: Nosotros denunciamos al Estado, pues le informamos 10 días antes y sólo llegó cuatro o cinco días después de los combates. Pero también culpamos a las Farc por haber lanzado el artefacto y culpamos a los paramilitares por haberse escondido detrás de nosotros. Pero sobre todo denunciamos la connivencia del Estado con los grupos paramilitares en la zona. Nosotros no acusamos por acusar. Acusamos porque estamos las 24 horas del día en la región.

SEMANA: ¿De qué manera?

A.R.: Cuando sucede algo, un enfrentamiento, vamos a constatar los hechos, permanecemos un par de días para hacer un reporte destinado a la comisión Vida, Justicia y Paz, de la diócesis de Quibdó. Cuando se violan los derechos, se hace la denuncia, para que las personas no se sientan solas. Pero también lo hacemos para que los que simpatizan con alguna de las partes vean la otra cara del conflicto. Toda esta guerra está en contra del campesino y del civil, ya que la mayoría de muertos en Colombia son civiles; combatientes mueren muy pocos.

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