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| 9/28/2011 12:00:00 AM

Aurelio Suárez, el incansable

Es inteligente, preparado y trabajador. El candidato del Polo, sin embargo, tiene que enfrentar la pesada carga que heredó de Samuel Moreno.

Es domingo. El día transcurre lentamente. En el sur de la ciudad, junto al Colegio Isaac Newton, colaboradores de la campaña del candidato del Polo en Bogotá, Aurelio Suárez, preparan lo que será la caravana que recorrerá la localidad de San Cristóbal. Poco a poco se van incorporando carros particulares, camionetas y dos buses. Todo acontece mientras el frío de la mañana se adorna con una continua y densa llovizna, habitual en la capital por esta fecha.

Suárez es ingeniero industrial de la Universidad de los Andes, nació el 3 de mayo de 1953 y tiene 1,71 metros de estatura. Se lanzó a la alcaldía de Bogotá, un verdadero reto si se tiene en cuenta la crisis de la administración de Samuel Moreno, quien fue elegido por el Polo. A la hora de ser descrito por sus colaboradores hay un común denominador en la boca de cada uno: incansable.

Elías Fonseca, quien afirma conocerlo hace 30 años, lo define así: “estudioso a cual más, intenso trabajador, disciplinado y con un discurso que refleja su convencimiento total con lo que expresa”.  Suárez comenzó muy temprano su activismo en la política. Cuando aún era estudiante ingresó a las filas del MOIR, en busca de alcanzar unos ideales sociales que estaban de moda en la época (los años 70).

En su trayectoria se destaca su participación en la Unidad Cafetera, la Asociación Nacional por la Salvación Agropecuaria y la Red Contra el ALCA y el TLC. En 1994 fue elegido diputado de Risaralda gracias al respaldo de los cafeteros de la región. El último cargo público de elección al que aspiró fue un puesto en el Concejo de Bogotá en el 2007, cuando consiguió 7.214 votos que no le alcanzaron para su curul.

A las 9:30 de la mañana, Suárez llega al punto de encuentro. Arriba en una camioneta negra 4x4, blindada, que solo es posible abrir desde su interior o con llave. Camina rápido, saluda a quien se cruza en el camino con un breve apretón de manos. Revisa que todo esté en orden para partir, mientras el alboroto comienza. La música que sale de los parlantes montados en otro furgón se enciende a todo volumen. Se escuchan melodías folclóricas de la costa Caribe que son interpretadas por un grupo de cachacos. 

Suárez viste un pantalón gris de paño acompañado de una camisa a rayas verticales que acentúan su imagen delgada. Calza mocasines de cuero. El toque final lo dan un chaleco y una gorra amarillos, color insignia del partido que representa para estas elecciones. Su atuendo sorprende por su sencillez.

Le comentan de mi presencia, me mira y con un gesto de su mano da la aprobación para que yo suba al vehículo que lo transporta.

Suárez es catedrático y analista. Ha publicado siete libros que abordan desde distintos puntos políticas económicas. Ha trabajado hombro a hombro con el que considera su mejor amigo: el senador por el Polo Jorge Enrique Robledo. Esa amistad nació en la universidad y los llevó a la política, como él mismo manifiesta: “Hicimos política juntos en los municipios de la Sabana de Bogotá, él, mucho tiempo en Facatativa y yo en Soacha. Incluso compartimos apartamento en nuestra época de estudiantes”. Efectivamente, su inclinación política de izquierda lo obligó a dejar su casa y a mudarse al domicilio de su amigo.

Tiene una expresión pausada que refleja la parquedad que dan los años. Detrás de sus lentes se advierten unos ojos marcados por las ojeras, producto de su arduo trabajo. “Yo no me estreso”, dice refiriéndose a las jornadas interminables de campaña. Como un “luchador incansable” lo define Robledo. Tiene gestos firmes, traducidos en algunos movimientos de manos mientras habla, da la impresión de que realmente está convencido de lo que expresa.

El convencimiento en su discurso es uno de los motores de esta campaña complicada para el Polo. La credibilidad del partido ha decrecido a raíz de los escándalos en la administración de Moreno. Muchos afirman que la población lo cobrará en las urnas. Y es que las obras de Bogotá hablan por sí mismas: la calle 26 y la fase III de Transmilenio, aun no se han terminado. A esto se suma el escándalo de corrupción generado por irregularidades en los procesos de contratación.

Por esto, el principal objetivo del partido, que se ha caracterizado por estar en la oposición al Gobierno nacional y por sus debates de control político es recuperar su legitimidad. En ese escenario, su actual candidato surge como la esperanza de la reivindicación.

Es momento de hacer la primera parada. Suárez baja del auto, en el barrio 20 de Julio, ubicado en el suroriente de la capital, de calles empinadas y casas deterioradas. De repente empieza la algarabía, la música aumenta el volumen y los habitantes del lugar se percatan de la llegada del candidato.

Su paso veloz me resulta sorprendente. El candidato del Polo empieza a recorrer el barrio con la intención de contactar la mayor cantidad de gente posible. Entra al primer negocio que encuentra abierto, una pequeña tienda de víveres. Se presenta y entrega su programa de gobierno.

“¿Y quién va a votar por el Polo? Si nos dejaron esto vuelto nada”, dicen sus contradictores. Y los seguidores: “¡Adelante, Aurelio, viva el Polo!”. “Yo no sabía que el Polo tenía candidato, ¿quién es él?”, dice otro.

Suárez comenta que los puntos de su gestión serán la “continuidad de políticas públicas encaminadas a disminuir la brecha entre ricos y pobres, reforzar la política social, compensar una ciudad que se hace muy difícil para las personas de pocos recursos. También aduce que hay que frenar los monopolios de los servicios públicos por parte de la empresa privada. Por eso, el principal eslogan de su campaña titula “por los Derechos de los usuarios”.

A pesar de que la última encuesta lo ubica con 1 por ciento de favorabilidad de voto, muchos de sus colaboradores le restan importancia a este aspecto. Este bogotano, quien ha dicho que la candidatura no estaba entre sus planes y hasta hace poco dedicaba su tiempo al estudio y la academia, mantiene firme su convicción hasta al final.

“Posee una gran capacidad analítica y sistémica. Su rigurosidad y su disciplina le permiten planear, de manera sorprendente, eso a veces se confunde con ser psicorrígido”, afirma Alejandra Fernández, su pareja sentimental hace seis años. Fernández es su compañera de viajes y cómplice a la hora de bailar. “Es un excelente bailarín de salsa”, dice. 

Suárez es padre de dos hijos: Santiago y Federico, fruto de su primer matrimonio. En su criterio, la paternidad se debe basar en la confianza y el afecto, mas no la represión. Es hincha fiel de Millonarios, equipo de sus amores, por lo que se considera “14 veces feliz”, y ama los libros de Balzac.

Le pregunto, independientemente del resultado del próximo 30 de octubre, ¿cómo se ve dentro de cinco años? “Me veo en lo mismo, estudiando en la academia, independiente, tratando los problemas del país, luchando por Colombia, no sé desde dónde, pero ahí me veo”, concluye.

En medio de una gran multitud, con raudo caminar, Aurelio Suárez, sigue distribuyendo su programa de gobierno mano en mano, como si cinco horas de recorrido por distintos barrios del sur apenas hubieran afectado su ánimo.

*Estudiante de la mestría en Periodismo de SEMANA y la Universidad del Rosario
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