Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2001/08/06 00:00

Autogol

El pésimo manejo del relevo de los negociadores es otra señal de improvisación del gobierno en el proceso de paz con las Farc.

Autogol

El equipo de negociadores del gobierno en la mesa de diálogo con las Farc sólo tuvo tres reuniones con el presidente Andrés Pastrana durante el año y tres meses que estuvieron trabajando. “En realidad fueron dos porque en una ocasión nos encontramos con él en un acto social y allí no se habló nada del proceso”, aseguró uno de sus seis miembros a quienes el martes de la semana pasada se les comunicó en un encuentro relámpago que iban a ser relevados.

Una de esas tres reuniones fue solicitada por ellos al Presidente para que les fijara un norte a seguir. “Respondió generalidades ”, afirmó el ex negociador Luis Guillermo Giraldo. La otra fue en vísperas del encuentro del primer mandatario con Marulanda. Nada más.

“Nos dieron una patada”, se quejó otro de ellos al calificar su salida del equipo, la máxima instancia en la negociación con las Farc. Con la excepción de Juan Gabriel Uribe, los demás se muestran ahora inconformes. “Nos dejó una sensación de frustración”, resumió otro negociador, Alfonso López Caballero. Sin embargo, más allá de la manera descortés, seca y rápida en que fueron relevados por el alto comisionado para la Paz, Camilo Gómez, algunos de ellos consideran que ésta refleja la ausencia de una política sólida y concreta del Establecimiento frente a la paz. Situación que se hace evidente precisamente ante unas Farc que en los tres años de proceso siempre se han mostrado monolíticas, fuertes y coherentes en sus objetivos.

Uno de los ex negociadores puso como ejemplo que la salida del equipo se da justo cuando en el ambiente nacional se empieza a discutir las propuestas de tregua bilateral, Asamblea Nacional Constituyente, referendo y gobierno de reconstrucción nacional, todas surgidas de la orilla de las Farc. “Es decir, nosotros damos bandazos mientras ellos siguen cumpliendo al pie de la letra sus objetivos trazados de años atras”, aseguró otro de los hasta el martes negociadores.

Para este negociador no importa el despropósito que pueda significar el hecho de que las Farc hayan empezado solicitando el 50 por ciento de los escaños de la posible Asamblea Constituyente o en el que haya un gobierno de seis personas uno de los cuales sería Alfonso Cano, uno de los miembros del Secretariado. “Lo trascendental es que ellos (las Farc) articulan sin inconvenientes su ofensiva militar y su estrategia política mientras que de esta orilla todos van por su lado y ninguno parece llevar brújula”, aseguró.

Para algunos de los ex negociadores, todo ha sido tan improvisado que el Comisionado les dijo que no iban más cuando ni siquiera tenía los nombres de quienes iban a ser sus reemplazos. “El gobierno ha convenido otro esquema de negociación y quiere que en adelante los negociadores sean funcionarios públicos”, les dijo Gómez. Durante la semana se filtró la idea de que sus reemplazos serían ministros de Estado para darle peso al proceso, hecho que se descartó por elemental lógica ya que la complejidad del proceso requiere personas de tiempo completo y no empleados de altísimo rango que de por sí ya tienen las agendas repletas. Una fuente del gobierno aclaró que no iban a ser ministros aunque “serían importantes funcionarios gubernamentales”. Aunque esta idea tiene la virtud de que puede haber mayor cohesión de parte del gobierno en la mesa hizo disparar las alarmas de la oposición que ven en esta posibilidad una muestra más de una hipotética alianza entre las Farc y el gobierno de Pastrana. Es decir que el episodio forma parte de la supuesta conspiración denunciada por el presidente de la dirección Nacional Liberal, Luis Guillermo Vélez, que busca fortalecer a un pastranista de cara a las próximas elecciones para continuar con el proceso.

Para un ex negociador esta es una posibilidad. Sin embargo, cree que hay otros dos escenarios: uno, el gobierno y las Farc tienen listo un acuerdo de semejante envergadura que el Presidente va a pasar la cuenta de cobro en solitario y no quiere compartir los méritos con nadie. “A mí me parece bien y comprensible porque al fin y al cabo el gestor del proceso ha sido él”. La otra opción es que su estrepitosa salida forme parte “sencillamente del despelote como se ha manejado todo esto”. El reafirma con desazón que infortunadamente cree que se trata más de lo segundo.

SEMANA supo que los negociadores del gobierno jamás recibieron una instrucción clara sobre el propósito fundamental de su función: ¿qué se va a negociar?, ¿qué es lo que está en juego?, ¿hasta dónde se pueder ceder? Por eso, la mayoría del tiempo lo invirtieron en temas sin resultados que pasaban desde el cese al fuego o aspectos netamente mecánicos como cuál será el número de buses que se deben disponer para traer a los embajadores.

Lo cierto es que la gente hasta ahora ha visto dos hechos tangibles que han aireado el proceso: el Acuerdo de Los Pozos y el intercambio humanitario. El primero no es producto de la mesa sino del encuentro, el pasado 9 de febrero, entre Pastrana y Marulanda y el segundo es el resultado de las reuniones entre Camilo Gómez y el comandante de las Farc. Ambos, además, tienen la particularidad de que fueron temas propuestos y presionados por las Farc. Así, mientras el gobierno da palos de ciego, las Farc se abren camino y ganan terreno gracias a su coherencia política y militar. La línea de acción de las Farc, como la controvertida propuesta de la Asamblea Nacional Constituyente, están consignados en los objetivos de la VII Conferencia de la organización realizada hace 20 años. Mientras tanto, por parte del Establecimiento, las fichas se mueven de manera errática e improvisada.

Al finalizar la semana se anunció el fortalecimiento del Frente Común por la Paz y contra la Violencia, instrumento que se convertiría en el filtro de las propuestas del gobierno para discutir con las Farc. Es decir, éste sería un reemplazo de los negociadores. Un miembro del Frente, sin embargo, tampoco se mostró optimista por esta decisión. “En una reunión Noemí Sanín le reclamó a Camilo Gómez por qué éste no los informaba en detalle de lo que sucedía. Camilo hizo una exposición. ‘Camilo por favor cuéntenos algo que no hayamos visto en los noticieros’, le reprochó ella. Eso ilustra cómo funciona el Frente ”.

En el futuro inmediato se prevé que la discusión sobre el proceso de paz inevitablemente girará en torno a la Asamblea Nacional Constituyente y el canje del medio centenar de suboficiales y oficiales de la Policía y el Ejército que quedaron cautivos. Los colombianos ya vieron la semana pasada los melancólicos saludos de estos hombres a sus familias a través de las imágenes, pues las Farc permitieron el ingreso de la televisión internacional en su propósito de crear un hecho político que en el fondo, para varios analistas, busca un estatus de beligerancia.

Una muestra más de que las Farc sí saben para donde van. Mientras tanto “de esta lado se necesita alguien que dirija la orquesta y genere el consenso necesario usando la posibilidad de que el proceso de paz concrete unas demandas sociales que están ahí”. Como cobran de vigencia estas palabras que Jesús Antonio Bejarano pronunció poco tiempo antes de su trágica muerte.

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