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| 4/4/2017 11:01:00 AM

"La noche de la avalancha tuve una pesadilla en el hospital de Mocoa"

Semana.com habló con Guillermo Rivera, quien además de ser funcionario del gobierno es oriundo de la capital del Putumayo. Esta es su visión profesional y personal de la tragedia.

En Mocoa bastaron algunas horas para que el caudal de los ríos se llevara todo lo que encontró a su paso. A la mañana siguiente la capital de Putumayo ya no era la ciudad que recordaban sus habitantes. Para quienes estaban lejos de su tierra el impacto de la noticia fue enorme. Este es el caso de Guillermo Rivera, el viceministro del Interior que ha atendido la tragedia para ayudar a sus coterráneos con la cabeza fría que le exige su cargo y con el profundo dolor de ver a sus amigos y conocidos afectados, algunos incluso murieron.

Semana.com: ¿Cuál es el balance de la situación en Mocoa?

Guillermo Rivera: Lo primero que hay que decir es que cambió la geografía del municipio. El sábado cuando llegué me encontré con algo distinto al lugar en que nací, al que conocía. Yo diría que un 30% de la geografía urbana quedó transformada, barrios enteros quedaron convertidos en una playa o en un lodazal. Eso tiene un impacto enorme.


Foto: Carlos Julio Martínez / Enviado especial de SEMANA

"Mocoa es una ciudad en la que la mayoría de sus habitantes nos conocemos, luego la tragedia que afecta a cualquier familia se convierte en la tragedia de toda la comunidad"

Semana.com: ¿Qué tanto se ha avanzado en garantizar los servicios básicos?

G. R. : De manera inmediata el presidente dio instrucciones para instalar el puesto de mando unificado, dejó al mando al doctor Carlos Iván Márquez y desde ese puesto de mando se están desarrollando todas las labores pendientes de las personas que se quedaron sin vivienda. En este momento los organismos de rescate continúan en la búsqueda de personas con vida o sin vida. Hoy aparecieron personas con vida. Se dispuso de insumos y personal médico para el hospital. Se están adelantando las acciones para restablecer el suministro de energía eléctrica porque la subestación de la empresa de energía fue arrasada por la avalancha. Se está evaluando la posibilidad de construir provisionalmente una subestación móvil que permita en más o menos diez días reconstruir el fluido eléctrico a través de interconexión con la red nacional. Mientras tanto están llegando a Mocoa varias plantas, anoche ya se iluminó el parque central y las plantas destinadas al hospital y a los albergues ya están funcionando.

El presidente dio instrucciones para tratar de establecer muy pronto el acueducto, mientras tanto se está suministrando agua con carrotanques. Hasta ayer estaban funcionando diez, pero a partir de hoy deben estar 17 en operación. El presidente dio instrucciones para contratar rápidamente el nuevo acueducto de Mocoa, por fortuna ya había un proyecto viabilizado en el Ministerio de Vivienda y lo que resta es hacer la contratación.

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Semana.com: ¿Cómo se ha coordinado la llegada de ayuda humanitaria de alementos como frazadas y alimentos?

G. R. : La coordinación la está haciendo el director de la UNGRD. Ellos han preferido que las donaciones se hagan efectivo para tener centralizado la coordinación de la ayuda. Han llevado frazadas y alimentos para las personas que se quedaron sin vivienda.

Semana.com: Usted es oriundo de Mocoa, ¿hasta qué edad vivió allá?

G. R. : Yo nací en Mocoa y viví hasta los 14 años, a esa edad salí a Popayán a terminar el colegio. Luego vine a Bogotá a terminar la universidad y cuando me gradué de abogado regresé a Mocoa y estuve como secretario de Gobierno de la Gobernación un par de años. Y después fui elegido representante a la Cámara. Es decir, que en Mocoa he vivido la mayor parte de mi vida.

Semana.com: ¿Qué recuerdos tiene de su infancia y del tiempo que vivió en Mocoa?

G. R. : Los mejores recuerdos de mi vida. Mocoa es una ciudad que tiene un entorno natural maravilloso, una zona de bosque, muchas fuentes hídricas que en este caso causaron esta tragedia. Mis recuerdos son de un lugar de total tranquilidad, de vivir una población pequeña en la que no había ningún riesgo de seguridad, las casas se podían quedar con las puertas abiertas que no se perdía nada. Nos conocíamos todos en el pueblo. La diversión el fin de semana era ir a nadar a los ríos, era una infancia de permanente contacto con la naturaleza.

Semana.com: ¿Cómo están su familia, sus amigos?

G. R. : Por fortuna, mis padres y mi hermano menor, quienes viven allá, están bien. Sí he tenido noticias de amigos que han perdido la vida y de otros que están desaparecidos. Realmente es muy lamentable porque Mocoa es una ciudad en la que la mayoría de sus habitantes nos conocemos, luego la tragedia que afecta a cualquier familia se convierte en la tragedia de toda la comunidad. En este caso que ya son 273 muertos, se imaginará usted el dolor y la desolación colectiva que se puede sentir en el municipio.

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Semana.com: ¿Usted dónde estaba cuando ocurrió la tragedia y cómo se enteró?

G. R. : Yo estaba en Bogotá. En la noche del viernes había apagado mi teléfono, como normalmente lo hago cuando me voy adormir. El sábado me desperté muy temprano porque iba a salir a hacer deporte con mi hijo y cuando prendí el teléfono me encontré con una gran cantidad de mensajes de Whatsapp de la media noche de personas de Mocoa que me habían escrito contándome de la tragedia. Pero pasó algo curioso, yo me desperté con una pesadilla en la que veía el hospital de Mocoa absolutamente lleno de gente y yo estaba en medio de ellos tratando de salir de allí. Cuando me desperté no entendía el sueño porque por lo general uno sueña con cosas con las que ha tenido interacción en las horas o en los días más recientes. Entonces no había razón para que yo pensara en el hospital de Mocoa y me desperté contándole a mi esposa de esa pesadilla. Una vez vi lo mensajes llamé enseguida y me contaron más detalles; llamé a mis padres y por fortuna estaban bien. Llamé al doctor Carlos Iván Márquez y me dijo que no había podido dormir en toda la noche y que la gobernadora y el alcalde lo llamaron desde que ocurrió la tragedia y que estuvo toda la madrugada coordinando. Colgué con él y llamé al presidente y me dijo que ya había sido enterado precisamente por Carlos Iván Márquez y me dijo que en pocos minutos saldría para Mocoa y que si lo quería acompañar, yo le dije que sí, que quería ayudar en lo que pudiera.


Foto: Diana Karime Fajardo

Semana.com: ¿Cómo han sido estos días allá?

G. R. : Pues la desolación y la incertidumbre que se perciben son enormes. El día sábado cuando llegamos con el presidente, apenas nos bajamos del helicóptero mucha gente lloraba y le agradecía su presencia. Con lágrimas le pedían ayuda, fue realmente muy, muy doloroso. La gente recibió con gran esperanza la llegada del gobierno pero en sus rostros se podía ver la angustia colectiva. Hay mucho barro por todas las calles, era como si un gran mar hubiera pasado por encima de toda la geografía urbana de Mocoa; no solamente en los barrios alcanzados por la avalancha sino en general en todas las calles había barro.

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Semana.com: ¿Hay alguna historia que lo haya impactado en lo personal?

G. R. : Tengo dos historias que he recogido en estos días. La primera, mi familia tiene una empresa que distribuye motocicletas Yamaha, entonces apenas llegué les dije a mi padres que si querían salir y el secretario del presidente, muy amablemente, me preguntó si quería devolverme a Bogotá con mis padres, que él me buscaba un espacio en el avión con el presidente. Pero mi papá me dijo que él quería saber de la suerte de las personas de su empresa. Ayer me dijo que habían dos desaparecidos y en la tarde aparecieron. Parece que tomaron la decisión de buscar la parte alta de su vivienda y gracias a eso se salvaron.

Y también, una prima mía que es diseñadora de interiores que se encarga allá de hacer diseños para restaurantes y locales comerciales. Desde el sábado estaba muy angustiada por su carpintero y hace unas horas apareció el señor.

Fotografías: Patricia Flórez.

Otra historia triste es la del ingeniero Guillermo Guerrero que ayer fue encontrado sin vida. La familia Guerrero Urrutia es una de las pioneras de la colonización en Mocoa. Es una familia que tiene ya cuatro generaciones de estar en el municipio. Uno de ellos era el ingeniero encargado del desarrollo vial del departamento y estaba en la finca de la familia en la vía Junín, que fue arrasada por la avalancha.

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