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| 12/7/2016 10:21:00 PM

Entre aerolíneas se dieron una mano en tragedia de Chapecoense

Voluntarios de empresas como Avianca, que a su vez puso a disposición aviones para repatriar cuerpos, asistieron sicológicamente a los sobrevivientes y familias de las víctimas.

En las horas posteriores a la tragedia del avión del equipo Chapecoense que se estrelló en el municipio de La Unión, se vivieron momentos de angustia que pasaron desapercibidos. Los pasajeros que llegaban al aeropuerto José María Córdova de Rionegro se encontraban de frente con un puesto de información con traductores, sicólogos, funcionarios de la Alcaldía de Medellín, Gobernación de Antioquia y miembros del club Atlético Nacional. Todos querían ayudar.

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Era demasiado tristeza y desconcierto por una tragedia que la humanidad percibía como propia. En los televisores del aeropuerto rodaban imágenes que causaban escalofrío. En el pasillo de llegada de vuelos internacionales, esperaban personas con letreros que caligrafiaban nombres de origen brasilero. La tensión se podía sentir en el ambiente.

Pero allí, en medio de hombres y mujeres confundidos que descendían de aviones que aterrizaban de noche, un drama permaneció oculto. Era el de los brasileros Welmer Carnero y Adriana Ruiz, empleados de TV Globo. Ellos fueron comisionados para transportar de vuelta a su país los cuerpos de ocho periodistas que se contaban en la lista de fallecidos. Eran sus compañeros y no tenían cómo llevarlos de regreso. 

Y es que las empresas aéreas que habían consultado les pedían garantías de pago que no estaban en capacidad de solventar en ese preciso instante. Pero mientras Welmer, Adriana y funcionarios de la embajada de Brasil intentaban resolver el embrollo, se encontraron con una especie de ángel en el camino. Era el piloto Santiago Luna, jefe de operaciones de Avianca. Él, junto con un equipo de sicólogos de la aerolínea, había ido hasta Rionegro para ponerse a órdenes del Centro de Asistencia en Crisis.

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Luna les dijo que necesitaba 40 minutos para intentar hacer algo. Pero que lo más importante era confiar, tener fe en que encontrarían una solución. Luna no sabe qué tan común es que entre aerolíneas particulares se ayuden en un momento como ese, sin pensar en pagos ni contraprestaciones. “Nosotros sabemos muy bien lo que duele estar en otro país, sin hablar el mismo idioma, y al mismo tiempo tratar de procesar una noticia como esa. Lo único que sé es que eso era lo que nos tocaba, lo mínimo que podíamos hacer”.  

Para Luna fue casi un milagro que Avianca hubiese podido tener confirmado, 50 minutos después de haber hablado con Welmer y Adriana, un avión y una tripulación lista para repatriar los cuerpos de los integrantes del equipo periodístico de TV Globo, en compañía de familiares y compañeros. Un Airbus A319 partió en vuelo chárter la noche del 2 de diciembre desde Rionegro con destino a Rio de Janeiro y Florianapolis.  La despedida fue entre lágrimas.

Ese mismo día, la empresa también asumió el traslado del cuerpo de una ciudadana venezolana (copiloto del vuelo siniestrado) junto con cuatro familiares en la ruta Medellín-Bogotá-Caracas. Y un día antes,  también habían puesto una aeronave para la repatriación del técnico de aviación paraguayo, en la ruta Medellín-Lima-Asunción.

En momentos así se necesitan soluciones. Y de gente que esté preparada. El grupo de 44 sicólogos de Avianca que conforman la red de apoyo a familiares de víctimas de desastres aéreos, y que brindaron durante esos días acompañamiento y asistencia a seres queridos y a sobrevivientes del avión del Chapecoense, se reúnen constantemente de manera voluntaria para saber cómo asumir momentos de tanta tensión. 

La mayoría de familiares de fallecidos que arribaban a Rionegro decían tener apenas el pasaporte y una muda de ropa. Habían salido de afán, sumidos en el shock. Además de la intervención profesional, estos sicólogos se encargaron incluso de proveer ayudas tan sencillas, como utensilios de aseo, piyamas y hasta los teléfonos celulares con los que dos de los sobrevivientes llamaron a sus casas. 

Uno de ellos fue Erwin Tumirí, el técnico de vuelo boliviano. Él fue el primero en ser dado de alta de la Clínica Somer de Rionegro. El 2 de diciembre, Tumirí se estaba regresando en vuelo de Avianca en la ruta Medellín-Bogotá-La Paz, dando gracias a todos los colombianos: desde policías hasta enfermeros, médicos y traductores. No tenía palabras casi para describir lo que había significado para él la ayuda de los rescatistas y del personal de la clínica. Todos ellos fueron ángeles en su camino.

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