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| 8/18/1986 12:00:00 AM

AVIANCACIONES OBLIGATORIAS

El paro de Avianca puede significar el puntillazo de la crísis de la aerolínea

En un país donde tanta gente y tantos negocios dependen del transporte aéreo, una huelga en la principal--y prácticamente la única--aerolínea comercial de talla nacional, es casi tan importante como un paro de maestros o uno de los trabajadores del sector salud. Incluso antes de que, a principios de los años sesenta, los colombianos terminaran de dar el famoso salto "de la mula al jet", la aviación comercial ya había pasado a ser una de las industrias de mayor peso en la economía nacional.
Por todo lo anterior, lo sucedido en los últimos 15 días en los aeropuertos y cielos del país con la situación de prehuelga de la compañía Avianca, atrajo la atención de la prensa, sacó de quicio a los usuarios y asustó al gobierno y a los empresarios.
Los empleados de Avianca resolvieron poner en práctica un viejísimo sistema conocido por el público como "operación tortuga" que, como su nombre lo indica, significa que no se paralizan las operaciones, pero se llevan a cabo a la velocidad del antediluviano animal. De hecho, más del 30% de los vuelos se han cumplido con retardos considerables, un lO% han sido suprimidos y apenas algo más de la mitad han salido relativamente puntuales. Esto, que de cualquier manera no resulta demasiado espectacular en temporada de vacaciones, ha desatado un caos en los terminales aéreos, donde se han visto escenas de viajeros que deambulan hasta 30 horas con sus niños en brazos, arrastrando sus maletines de mano y con un inocultable aire de trasnocho.
Según los trabajadores, agremiados en 4 sindicatos que por primera vez en muchos años están actuando juntos, lo que ha sucedido simplemente es que "hace falta personal" y el que hay se ha negado a cumplir con las horas extras, pues éstas no son "una obligación legal". En cuanto al personal de ingenieros y auxiliares estos se están ciñendo "estrictamente al manual de reglamentos" que establece un determinado número de horas de descanso antes de cada vuelo. Pero a pesar de estas argumentaciones, lo cierto es que los trabajadores han estado frenando las operaciones de la compañía. Otra cosa es que, de pronto, tengan algo de razón en hacerlo. Presentaron un pliego de peticiones cuyo punto central es una solicitud de aumento salarial del 40% para el próximo año, lo cual puede parecer excesivo si no se tiene en cuenta que los trabajadores de Avianca han visto, como pocos, descender su poder adquisitivo en los últimos años.
El otro problema es que de pronto los trabajadores no son los únicos que tienen algo de razón. La empresa ha explicado en múltiples documentos y declaraciones que, con su archiconocida situación de crisis financiera, sería casi suicida acceder a las peticiones de los sindicatos. Con una deuda de 170 millones de dólares (más de dos veces el total de sus activos) y pérdidas que durante 1985 se acercaron a los 4.500 millones de pesos, la empresa considera imposible ofrecer más del 16% de aumento.
Otra cosa es que, aparte de tener razón, las directivas de Avianca no hayan dicho que estas alarmantes cifras que les impiden ofrecer más, son en buena parte el resultado del pésimo manejo administrativo de la aerolínea en la última década, gracias al cual, Avianca ha llegado a tener casi tantos vicepresidentes como pilotos.
El otro que también tiene la razón es el gobierno, cuyos funcionarios del Ministerio del Trabajo han trasnochado casi tanto como los viajeros para tratar de conciliar las posiciones de empresa y sindicatos. La posición del titular de la cartera de Trabajo, Jorge Carrillo Rojas, ha sido muy clara en cuanto a anunciar desde ya que, si estalla la huelga-lo que estaba a punto de suceder al cierre de esta edición-, sería declarada ilegal por tratarse de un servicio público. El gobierno, que en los últimos meses le ha tendido la mano a Avianca autorizándole una upaquización de las tarifas de los pasajes, y que sabe que no puede dejar quebrar a la aerolinea, tampoco está dispuesto a que ésta tenga que agregar a su ya de por sí muy alarmante balance, las pérdidas que generaría un paro de actividades.
En cuanto a la negociación misma SEMANA pudo establecer que se han presentado grandes problemas que podrían llamarse "de estilo". En efecto, todo indica que las partes en conflicto se presentaron sin estar suficientemente preparadas a la mesa de discusiones. Los trabajadores, porque les ha faltado experiencia para manejar la novedosa situación de 4 sindicatos unificados por primera vez. Y la empresa, porque presentó una propuesta que no era del todo mala, pero lo hizo justo cuando los trabajadores presentaron su pliego y esto hizo que la propuesta de la aerolinea fuera vista como un contrapliego, lo que en términos laborales significa casi una herejía. Por otra parte, el viernes los sindicatos agregaron a sus peticiones el cese de cualquier investigación iniciada para sancionar el comportamiento de algunos trabajadores en la operación tortuga, lo cual resultaba a todas luces inaceptable tanto para la empresa, como para el gobierno.
En fin, como puede verse, es uno de esos típicos casos en los que a nadie le faltan razones para explicar su conducta. Y mucho menos a los usuarios que, como lo ha registrado la prensa, han estado a punto de protagonizar verdaderos motines frente a los despachos de la aerolínea en varios aeropuertos del país, que son los únicos lugares donde pueden expresar sus protestas, ya que constituyen la única parte del conflicto que no tiene posibilidad de participar en la mesa de negociaciones.
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