Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1996/07/22 00:00

AZUL DESTEÑIDO

ELL NUEVO CAPITULO DE LA DIVISION CONSERVADORA AYUDA A SALVAR A SAMPER Y DEJA A LAS TOLDAS AZULES EN VIAS DE EXTINCION.

AZUL DESTEÑIDO

Si algo ha ido quedando claro después del juicio al Presidente es que, a diferencia de lo que Ernesto Samper pregonaba de que al final del proceso no quedarían ni vencedores ni vencidos, son muchos los sectores que han resultado damnificados con el coletazo de la crisis política, y uno de los más perjudicados ha sido el Partido Conservador. De haber estado en 1994 a solo 130.000 votos de llegar a la Presidencia, el conservatismo se convirtió en el transcurso de dos años en un partido desmoronado por la división, la falta de liderazgo y la incapacidad para convertirse en alternativa de poder. La decisión la semana pasada de un grupo de conservadores, que se calcula estaría conformado por 22 representantes y 11 senadores, es decir un 37 por ciento de los congresistas, de respaldar al presidente Samper en contra de las directivas del partido, sólo vino a protocolizar una división que desde hace tiempo se venía gestando. Los primeros pasos de este cisma se dieron en marzo de 1994, cuando un grupo de dirigentes conservadores, entre ellos Rodrigo Marín Bernal, quien hasta entonces había sido leal seguidor de Alvaro Gómez, decidió apoyar la candidatura de Ernesto Samper. Este conato de división fue tomando fuerza a medida que se fue desatando la crisis política y a pesar de que el partido tenía participación en el gobierno, algunos conservadores mantuvieron su distancia. Cuando habló Fernando Botero y el Directorio ordenó el retiro del gabinete, la división se hizo evidente. No sólo por la permanencia en el gobierno de Rodrigo Marín y Orlando Obregón, que se daba por descontada, sino porque un grupo considerable de conservadores, encabezado en la Cámara por Isabel Celis, decidió apartarse de las directrices del partido y permanecer al lado del Presidente. El impacto de los llamados 'lentejos' se hizo sentir en el juicio a la hora de la votación en la Cámara cuando, si bien no fueron definitivos, sí depositaron a favor del Presidente 22 votos que de haber estado del otro lado habrían acortado la diferencia en el resultado, al poner la balanza 89-65 en lugar de 111-43. Lo dramático de la situación del conservatismo es que, de ser el socio indispensable de todo gobierno, está convertido en una minoría más y sin posibilidades a la vista de recuperar su capacidad de influencia. Con Alvaro Gómez muerto y Misael Pastrana seriamente enfermo, el partido quedó huérfano y no se vislumbra quién pueda asumir el liderazgo para reorganizarlo. Ni los alineados le hacen caso a Arias ni los lentejos a Gerlein y por ahora sus posiciones parecen irreconciliables. Mientras para Roberto Gerlein, según se lo manifestó a SEMANA,"con el fallo de la Cámara el proceso contra el Presidente es cosa juzgada y lo único viable en este momento es darle apoyo político para que reorganice la Nación", el presidente del Directorio, Jaime Arias, piensa que "los que se quieran ir con Samper que se vayan y si quieren volver que vuelvan, pero nosotros seguiremos haciéndole oposición a Samper hasta el final, porque es cuestión de principios". Lo más grave de todo es que los conservadores no son los únicos perdedores en este episodio. En toda democracia, y más en momentos de incertidumbre y zozobra, es indispensable tener un partido de oposición fuerte que pueda convertirse en una alternativa. Pero tal y como están las cosas lo más factible es que aunque Andrés Pastrana y Noemí Sanín se mantengan con opción en las encuestas, a la hora de las elecciones no encuentren partido que los lleve al poder.

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