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| 4/5/2011 12:00:00 AM

Bacrim en Bogotá, entre la negación y las evidencias

Mientras las autoridades locales y nacionales aseguran que en la ciudad hay“criminalidad ordinaria”, el concejal Antonio Sanguino y analistas dicen que en la capital del país hay indicios de la presencia de las llamadas bacrim.

Al debate sobre el nombre que deben recibir las bandas que el gobierno ha decidido bautizar como bacrim, y que otros insisten en llamar neoparamilitares o herederos de la AUC, se suma uno más. El de la presencia de estas bandas en Bogotá.

Un foro realizado en el Senado de la República el viernes anterior reveló que la ciudad está en la mira de las organizaciones ilegales. León Valencia, director de la corporación Nuevo Arco Iris, dijo que Bogotá “es muy apetecida” por las bandas criminales porque significa el mayor mercado para el expendio y el lavado de activos. “Bogotá está cercada por las bacrim”, dijo Valencia.

Las reacciones no se hicieron esperar. Tanto la secretaria de Gobierno, Olga Lucía Velásquez, como el ministro de Defensa, Rodrigo Rivera, se pronunciaron frente al tema. Han sido enfáticos en decir que en la capital del país no existen estas bandas. Rivera dijo que por lo que hay que preocuparse es por hacerle frente a la "criminalidad ordinaria", es decir, a los atracos callejeros, los robos a viviendas y de teléfonos móviles y otro tipo de violencia.

Sin embargo no solo Nuevo Arcoiris habla de la presencia de bacrim en Bogotá. Una investigación del concejal Antonio Sanguino, así como un informe del Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz, INDEPAZ, ponen sobre el tapete algunas circunstancias que evidenciarían cómo el fenómeno de las bacrim también toca a la capital del país.

El concejal Sanguino, del Partido Verde, asegura que ha hecho debates sobre el tema desde el año 2008, y que ha podido documentar distintitos indicios, que según él, conducen a pensar que en la ciudad sí hay evidencias de estos grupos. La dinámica del narcomenudeo, o micrográfico de droga, una de las fuentes principales de financiación de las organizaciones ilegales, así como el lavado de dinero, son algunas de las pistas.

Sobre el tema, un informe de Nuevo Arcoiris acerca de la criminalidad urbana señala que los mayores centros de procesamiento de cocaína están en Casanare, Cundinamarca, y Vichada, y que durante parte del 2010 se incautaron siete laboratorios móviles en Cundinamarca y Casanare. Entre tanto, la secretaria de Gobierno reconoce que se han detectado en la ciudad actividades de lavado de dinero del narcotráfico, a través de casinos, concesionarios de vehículos, equipos de fútbol de segunda división y, entre otros, compraventa.

El director del Indepaz, Camilo González Posso, sostiene que hablar de microtráfico y lavado de activos sin tocar el tema de bandas de criminales es un error. “No se pueden desligar”, señala. Y es que según él, esos indicadores permiten evidenciar su acción en la ciudad.

La secretaria de Gobierno, Olga Lucía Velásquez, aunque reconoce que hay oficinas de sicarios, ventas de armas, y narcomenudeo, niega a las bacrim. “Si hay criminalidad en Bogotá, pero no existen bandas emergentes con control de territorios. Si nos pegamos a la definición exacta de bacrim, acá no las hay”, dijo a Semana.com. Para Velásquez hablar de este fenómeno en Bogotá es generar pánico.

El concejal Sanguino dice que la dinámica de estos grupos en la capital se diferencia de las demás ciudades, porque más allá de la disputa territorial, su objetivo principal es la apropiación de las rentas ilegales, lo que ha permitido que el fenómeno se mimetice, y “en algunas ocasiones se confunda con las organizaciones de delincuencia urbana, y por tanto no parezca visible su presencia en el territorio”.

González Posso, entre tanto, advierte que no es que existan estructuras permanentes, pero- dice- la ciudad sí sirve de retaguardia a la actividades de estos grupos. El sicariato, el mercado de armas y el narcomenudeo, que sí son aceptados por las autoridades, son para los analistas las evidencias de que en Bogotá sí se mueven las bacrim.

Nuevo Arco Iris señala que a diferencia de ciudades como Medellín y algunas del Eje Cafetero, en el resto incluida Bogotá, las estructuras ubicadas en la cúspide de la jerarquía ilegal subcontratan los servicios de seguridad con grupos ilegales locales, por lo que “los grupos especializados han incrementado su presencia en la ciudad, particularmente en labores de sicarito. La estructura del sicariato no es para nada simple, es tal vez la red mejor organizada en el país, que cuenta incluso con red de trasporte propia y filtros de seguridad”.

¿En dónde se mueven?

En los resultados de una investigación que presentó en enero de este año el concejal Antonio Sanguino, cita a Nuevo Arco Iris, y señala que las Águilas Negras y el Erpac hacen presencia en las localidades de Kennedy, Suba, Bosa y Ciudad Bolívar.

Noticias como la que se conoció en febrero de este año, cuando la Policía capturó, en Suba, a alias el ‘Teniente Humbert’, un miembro de el Erpac, que según las autoridades era el encargado de reclutar a menores de edad para hacerlos enfilar en esa banda, sirven de argumento a quienes aseguran que en Bogotá sí existen las bacrim.




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