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| 12/22/2014 12:00:00 AM

Bahía Portete: del horror a la esperanza

La declaratoria como Parque Nacional Natural abre las puertas a los wayúu que abandonaron sus tierras tras una cruel masacre.

El 18 de abril de 2004 un grupo de paramilitares irrumpió en la ranchería Bahía Portete, en Uribia, alta Guajira a las 7:00 a.m. Lo que hicieron, nadie en esta apartada zona lo olvida. Asesinaron, mutilaron y desaparecieron a cuatro mujeres y a un hombre. Todos eran wayuu.
 
La masacre coordinada por el paramilitar Rodrigo Tovar Pupo, alias ‘Jorge 40’ que en ese momento era jefe del Bloque Norte de las AUC y comandante militar del Frente Contrainsurgencia Wayúu cumplió su macabro objetivo: aterrorizar a los cerca de 600 habitantes de Bahía Portete, cuya mayoría para el 22 de abril ya había salido de La Guajira hacia Venezuela.

“Durante el lapso en que se llevó a cabo la masacre, fueron torturados y asesinados Margoth Fince Epinayú, Rosa Cecilia Fince Uriana y Rubén Epinayú; y desaparecidas Diana Fince Uriana, Reina Fince Pushaina y una persona más que no ha sido identificada y de quien solo se encontró el brazo calcinado como ya se mencionó”, relata el Centro de Memoria Histórica en el informe sobre la masacre.

La herida no se cierra. Los pocos habitantes de Bahía Portete que están retornando lo hacen con el peso de los recuerdos; lugares exactos donde se encontraron cuerpos o partes de ellos, el cementerio donde los paramilitares profanaron a sus antepasados, sus casas quemadas, la escuela, todo hecho ruinas.

No solo los recuerdos los abruman, también tienen temor de sus victimarios que se han venido transformando pero que siguen en la zona. Por su ubicación (entre el Cabo de la Vela y Punta Gallinas y cerca a Puerto Bolívar donde se encuentra El Cerrejón, la mina de carbón a cielo abierto más grande del mundo - ver mapa) también se convierte en una perla para los contrabandistas y narcotraficantes.

La declaratoria

10 años después de la masacre, Bahía Portete empieza a levantarse por su misma riqueza, esta cultural y natural. La muestra es el retorno de más de 100 indígenas que a pesar del miedo, acompañados por la Unidad de Víctimas y Restitución de Tierras, regresaron por lo que les pertenece ancestralmente.

Si bien la declaratoria de un nuevo Parque Nacional Natural en territorio colombiano ya es notable, en esta zona es especial y sin precedentes. Solo los cuidados que se deben tener en esta categoría de parque son una buena noticia para casi todos los indígenas que vivieron y viven en la zona.

El pasado sábado 20 de diciembre el presidente Juan Manuel Santos, el ministro de Ambiente Gabriel Vallejo, la directora de Parques Nacionales Julia Miranda y una nutrida comitiva aterrizaron en cuatro helicópteros en Bahía Portete. Con un dispositivo de seguridad que incluía tanques y Hummer al rededor, los wayuu los esperaban bajo varias carpas blancas.

“Es importante que usted presidente ayude a lograr cumplir las metas que nosotros como comunidades queremos, la falta de agua, educación, salud, alimentos; que eso ayuda a mitigar un poco la dureza de la vida en La Guajira”, así recibió el líder wayuu Luis Epinayú a Santos.

Después de la firma, el mandatario prometió que “preservaremos la cultura wayuu y también aportaremos a su calidad de vida y vamos a trabajar de la mano para que podamos traerles todo lo que se requiera para ir mejorando su bienestar” y también reclamó el mérito de ser el gobernante que más ha apoyado a las comunidades indígenas.



Según Parques Nacionales, esta área natural cubre una superficie de 125 km2 alcanzando 13 km de diámetro y se comunica con el mar abierto por una boca de dos kilómetros de ancho. La bahía cuenta con nueve metros de profundidad, con un mínimo de tres y un máximo de 20 metros, con condiciones marinas de salinidad alta.

Saboteo y seguridad

Semana.com conoció que el proceso de declaratoria tomó cerca de dos años y que algunas familias indígenas no estuvieron de acuerdo. Lugareños que no quisieron ser identificados narraron que tres días antes de la visita del presidente algunos hombres intentaron bloquear Bahía Portete para que “el evento se les dañara”. “Aquí hay mucha gente enemiga de lo que se está haciendo, a ellos solo les importa controlar las rutas”, le dijo una fuente a este medio.

“Para nadie es un secreto que los grupos ilegales siguen operando”, contó Telemina Barros, líder wayuu y fundadora de la ONG Wayuu Munsurat - Mujeres Tejiendo Paz.

Los wayuu saben que el enfrentamiento entre clanes sigue latente pero también alertan que hay grupos armados en la zona. En la alta Guajira es normal que en las rancherías tengan armas para defenderse.

Semana.com habló con el teniente coronel David Tovar, comandante del grupo Matamoros del Ejército en La Guajira quien dijo que los problemas han sido principalmente por “conflictos entre familias”, además agregó que “son comunidades que han vivido así por siempre”.

El teniente Tovar explicó que la presencia y el accionar del Ejército en la zona es limitado por tratarse de zona especial indígena que tiene sus propias autoridades y leyes, escenario que ha sido aprovechado por la delincuencia. El militar aseguró que tras la declaratoria “se va a reforzar la seguridad” en Bahía Portete.

El proceso de retorno no ha sido fácil. Como en otras zonas donde los grupos armados hicieron desplazamientos masivos, volver revive fantasmas y las víctimas piden que no las dejen solas. A Bahía Portete ya regresaron 45 familias, unas 130 personas que tuvieron que irse en 2004.

“Hay temor, hay miedo. No es fácil asumir que estamos volviendo pero más firme que un trupillo está la comunidad de Bahía Portete hoy en su territorio”, le dijo a Semana.com la líder Telemina Barros.

Gracias a la declaratoria el 20 de diciembre de 2014 también quedó grabado para la comunidad de Bahía Portete como un día histórico. Los retos para la comunidad wayuu y todas las instituciones que apadrinaron el proceso son gigantes. Si sale bien la comunidad de Bahía Portete podrá volver en su totalidad y mantenerse en lo que les pertenece, ojalá con las mejoras que prometió el Gobierno. En medio de la adversidad y la dureza de La Guajira, Bahía Portete se perfila como un ejemplo de retorno, reparación y verdad.
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