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| 4/18/1994 12:00:00 AM

BAILE DE PAREJAS

SEMANA relata la historia desconocida de los dos matimonios políticos que se disputan ahora la Casa de Nariño.

LA IMAGEN DE ERNESTO SAMPER PIZANO Y Humberto de la Calle con los brazos en alto, cubiertos de confeti bajo el atronador aplauso de los convencionistas liberales el viernes al mediodía, era el sorprendente final feliz del capítulo más agitado de una novela que aún no se acaba de escribir. Contra todos los pronósticos y las reiteradas declaraciones del propio De la Calle, el ex ministro había terminado por aceptar la propuesta de acompañar a Samper en el tiquete liberal a la Vicepresidencia de la República.
Entre tanto, en las toldas del aspirante conservador Andrés Pastrana, él y sus asesores trataban de reponerse del golpe que les ocasionaba algo que habían descartado -la aceptación de De la Calle a Samper-, y concluían, después de una larga serie de reuniones entre la tarde del viernes y la madrugada del sábado, sus análisis en un nombre también sorprendente: el del ministro de Trabajo, Luis Fernando Ramírez, quien apenas se reponía un poco de la noticia del secuestro, por parte de las FARC, de su padre, un hacendado santandereano.
La historia de la selección de los candidatos a la Vicepresidencia había comenzado a definirse exactamente al revés de como terminó. En las primeras horas de la mañana del miércoles 9, pocas horas antes de las elecciones, llegaron al apartamento del ex ministro Luis Alberto Moreno, coordinador de la campaña pastranista, el ex alcalde Pastrana, De la Calle y un amigo común de todos ellos, el empresario Felipe Bautista. La conversación fue franca: Pastrana tanteó la posibilidad de que De la Calle, a quien desde hacía varias semanas se le pronosticaba un segundo lugar en la consulta liberal, aceptara ser su compañero de fórmula.
Los pastranistas consideraban que esa posibilidad se enmarcaba dentro de una cierta lógica política resultante de la forma especialmente dura como De la Calle había atacado a Samper durante la campaña para la consulta. Aunque durante el desayuno en el apartamento de Moreno nada se definió, los pastranistas se quedaron con la idea de que debían abrir un compás de espera, pues no podían descartar que De la Calle les cogiera la caña. Y mientras ellos esperaban, los samperistas decidieron mover sus fichas. Un banquero, a la vez amigo personal de De la Calle y de Samper, promovió en su oficina al norte de Bogotá una cita de los dos dirigentes para el jueves 10 a las seis de la tarde.
Era el primer encuentro en meses. Samper saludó a De la Calle con un par de reclamos sobre el lenguaje con el cual lo estaba tratando, y éste respondió con la queja de que Samper lo había desconocido y había rechazado cualquier debate. Pero la tanda de recriminaciones no duró más de cinco minutos. A pesar de la dura confrontación de la campaña, los vasos comunicantes entre sus equipos de asesores nunca se rompieron del todo. Fernando Botero, coordinador de la campaña samperista, y Alberto Calderón, gerente de la de De la Calle, mantuvieron permanente contacto en estas semanas.
Samper le dijo a De la Calle que se equivocaba al descartar cualquier posibilidad de aceptar la Vicepresidencia. El ex designado respondió que desde un principio había sido tajante en rechazar esta opción, pues él lo que estaba buscando era la Presidencia y no quería inhabilitarse para 1998. En ese punto no se detuvieron mucho, porque Samper asumió que no tenía sentido insistir. Se habló entonces de la unión liberal y Samper expuso los temores que "tienen algunos de que te vayas con Pastrana". De la Calle repitió que la Vicepresidencia no era una opción para él, ni con Samper ni con Pastrana.
Samper se sintió tranquilo y fue el turno para De la Calle de plantear sus preocupaciones. Según una fuente samperista, "Humberto estaba muy preocupado por la posibilidad de que su tradicional adversario en la fila futura de presidenciables, Juan Manuel Santos, fuera designado jefe único del partido, como se estaba rumorando". En efecto, la jefatura de Santos había ganado terreno en algunos sectores parlamentarios, y el propio Samper la estaba examinando con ojos positivos.
"Yo no creo -comentó esa noche De la Calle- que sea justo con Turbay reemplazarlo así". De la Calle insistió en este aspecto y Samper asumió que para el ex designado se trataba de un asunto de honor. Esa noche murió la posibilidad de que Juan Manuel Santos se convirtiera en jefe del liberalismo. "En la campaña tuvimos la convicción de que si Santos era elegido jefe único, De la Calle se podìa ir con Pastrana", le dijo a SEMANA una fuente samperista. La cumbre concluyó en términos cordiales y los dos precandidatos acordaron reunirse de nuevo al día siguiente de las elecciones.

LOS COQUETEOS
El domingo a las cuatro de la tarde, apenas concluyeron los comicios y los exit polls de RCN y Caracol confirmaron lo que se sabía desde hacía varias semanas -que Samper ganaría por amplio margen y que De la Calle obtendría el segundo lugar-, el ex ministro caldense divulgó una carta en la que reconocía el triunfo de Samper y anunciaba su aspiración presidencial para 1998, descartando con ello, una vez más, la Vicepresidencia. En la campaña samperista la conclusión fue obvia: había que olvidarse de la posibilidad de que el 'vice' fuera De la Calle.
Todos los caminos condujeron entonces al empresario y tesorero del Partido Liberal, Pedro Gómez Barrero, el nombre del abanico vicepresidencial que mejor llenaba el requisito que Samper valoraba más: el ser capaz de ejercer, de ser necesario, la presidencia. Pero ese mismo día surgió un elemento que obligó a replantear las cosas. Una encuesta del Centro Nacional de Consultoría reveló que, en materia de posibles vicepresidentes, De la Calle contaba con un 48 por ciento de las preferencias, Horacio Serpa con un 20. Gómez Barrero, con sólo el 2 por ciento, no era el mejor rankeado. El fue el primero en concluirlo y decirle a Fernando Botero que para un liberal como él la prioridad no era conseguir un honor personal sino que el partido ganara, y que las cifras eran contundentes en favor de De la Calle. Pero el problema seguía siendo el mismo: el ex designado no aceptaba.
A las seis de la tarde, Samper y De la Calle volvieron a reunirse en la oficina del banquero amigo. Samper se mostró especialmente amable y generoso, y abrió las puertas para un acuerdo programàtico que recogió algunas de las banderas que De la Calle había agitado en la campaña. La actitud amplia de Samper se explicaba en el hecho de que, para él, De la Calle se había valorizado considerablemente, no tanto por los 350.000 votos que había obtenido ni por sus posibilidades para 1998, como por el riesgo de que se fuera con Pastrana.
El martes en la mañana, El Tiempo divulgò la encuesta que de ese modo no sólo tuvo efectos en las huestes samperistas sino también en las pastranistas, donde, sin que ello sorprendiera a nadie, todos destacaron el hecho de que, en el campo conservador, Noemí Sanín arrastraba el 53 por ciento de las preferencias. El lunes en la tarde, Luis Alberto Moreno la había visitado en el Palacio de San Carlos. Al día siguiente, el propio Andrés Pastrana almorzó con ella y le ofreció formalmente ser su compañera de fórmula. Fue el principio de una dura y finalmente fracasada seducción (ver siguiente artículo).

LA MANO DEL JEFE
Y mientras el lunes Moreno y la Ministra se reunían en el Palacio de San Carlos, en la Casa de Nariño el presidente César Gaviria conversaba por teléfono con Samper. El candidato le contó los resultados de la encuesta sobre vicepresidentes y le pidió que interviniera. Gaviria le dijo que desayunaría al día siguiente con De la Calle, pero que veía la cosa muy difícil. Así lo pudo confirmar en la Casa Privada a las 7:30 de la mañana del martes. De la Calle tenía absolutamente descartada la Vicepresidencia y creía que, pasara lo que pasara, contaba ya con una buena opción para 1998. Gaviria le hizo ver que en los cuatro años por venir lo conseguido por De la Calle se podía desmoronar, y que, en cambio, la Vicepresidencia, de llegar a alcanzarse, lo rankeaba definitivamente para ser algún día presidente. Nada de esto pareció convencer a De la Calle.
Los contactos entre De la Calle y Samper continuaron, y en ellos Samper nunca renunció al tema de la Vicepresidencia. La insistencia de Samper consiguió el miércoles en la tarde un primer resultado: De la Calle se comprometió, durante una charla en la oficina del candidato, a revisar el asunto.
El jueves en la mañana, De la Calle volvió a desayunar con Gaviria en la Casa de Nariño. El Presidente lo ayudó a darle una mirada a los pros y los contras, pero la balanza de su ex ministro de Gobierno seguía inclinada hacia el no. Durante esas horas, De la Calle escuchó argumentos encontrados de sus asesores. El primero en decirle que aceptara fue el representante por Santander, Carlos Ardila Ballesteros, quien viajó desde Bucaramanga para tratar de convencerlo. A medida que pasaban las horas, el jefe de debate de la campaña, Arturo Saravia, y el gerente, Alberto Calderón, quienes durante meses habían acompañado a su precandidato en la tesis de nunca aceptar la Vicepresidencia, comenzaron a cambiar de opiniòn.
Saravia había vivido como galanista una década de desierto por cuenta de la disidencia del Nuevo Liberalismo. "Nosotros comenzamos en 1982 con 700.000 votos, y fue muy difìcil administrar esa fuerza. Tanto que nunca volvimos a repetir ese resultado", dijo el dirigente barranquillero. Calderòn, por su parte, le hizo ver a De la Calle que mantener sus fuerzas era muy difícil con la escasa representación parlamentaria que había obtenido, de apenas dos senadores y un pequeño grupo de representantes. Y tenía razón: lo que venía para De la Calle si no se le medía a la Vicepresidencia, era el asfalto, algo sobre lo cual se pierde la noción cuando se viene del poder.
En la otra orilla estaba Luis Guillermo Giraldo, el senador caldense que fue quizás uno de los primeros en decirle a De la Calle hace un par de años que debía pensar en lanzar su precandidatura. Giraldo, un hombre a quien De la Calle escucha siempre, planteó que a Samper se le podía ayudar mucho sin necesidad de acompañarlo en el tiquete electoral. Del mismo lado se mostraban otras dos personas muy influyentes en De la Calle: su esposa Rosalba y su hijo mayor, José Miguel. Le pidió entonces consejo al ex presidente Alfonso López, quien le hizo ver que, si aceptaba, el liberalismo se lo agradecería siempre.
A las 10 de la mañana del jueves, el ex designado tenía en sus manos una balanza absolutamente equilibrada de pros y contras y tomó la única decisión que creyó sabia: desmontar un almuerzo que tenía, y trasladarse solo, con su escolta, al Club Guaymaral, al norte de Bogotá, para tomar la decisión mientras jugaba 18 hoyos de golf.
Así lo hizo, después almorzó y regresó a Bogotá. En su apartamento se reunió con su esposa y tomó con ella una decisión final: aceptar. Tres argumentos pesaron a la hora de la verdad. El primero: que finalmente lo del 98 es una opción difícil de alcanzar, pues es altamente probable que quien resulte derrotado ahora entre Samper y Pastrana vuelva a aspirar, y con mucha fuerza, para dentro de cuatro años. El segundo: que la Vicepresidencia consolida su perfil presidencial aunque haya que esperar ocho y hasta 12 años, algo que bien puede hacer una persona que sólo tiene 47. No hay que olvidar que, por ejemplo en Estados Unidos, de los últimos 11 vicepresidentes, seis han llegado a la presidencia. Y el tercero, que así como el partido estaba dispuesto a agradecerle que aceptara, también lo estaba a cobrarle duro su rechazo, en especial si Samper perdía las elecciones.

EL DESENLACE
Lo demás fue pan comido. A las siete de la noche se reunieron en el despacho del presidente Gaviria, él, Samper y De la Calle. En dos horas y media de conversación se selló un pacto que va más allá del tiquete electoral, y que, de ganar Samper las presidenciales, marcará el futuro liberal por haber sido acordado por un hombre que a partir del 7 de agosto se va a volver uno de los más poderosos ex presidentes liberales en muchos años, por otro que ese mismo día se convertirá casi con seguridad en presidente, y por un tercero que se haría vicepresidente y fuerte presidenciable hacia el futuro.
Los tres están hoy seguros de haber salido ganando. Gaviria, porque después de su intervención de la semana pasada ha hecho todo lo que estaba a su alcance para respaldar a Samper. Si este gana, le deberá buena parte de la cuenta a Gaviria. Si no, nadie podrá culpar al Presidente de la sucedido. En cuanto a Samper, la compañía de De la Calle, como lo demuestran las encuestas, es de lejos lo mejor que le podía pasar, y en opiniòn de quienes se mostraban más pesimistas respecto de la suerte de su candidatura, algo que puede haberle convertido en ganador.
El balance para De la Calle es menos sencillo. Es difícil negar que su credibilidad alcanzó a sufrir por cuenta del contraste entre su aceptación y la forma tan tajante como hasta el domingo de elecciones había descartado esa opción. De hecho, ya los medios de comunicación y en especial los caricaturistas han empezado a cobrárselo. Por otra parte, el que pueda haber quedado inhabilitado para 1998 aplaza sus aspiraciones casi una década, tiempo quizás excesivo en materia de horizontes políticos. Sin embargo, De la Calle tenía pocas opciones, pues rechazar la Vicepresidencia podía haberle acarreado el odio eterno del liberalismo si Samper llegaba a perder, y el odio eterno de éste si llegaba a ganar.
El viernes, mientras la Convención confirmaba todas las decisiones, en la sede pastranista el candidato y sus asesores se resistían a creer lo que les había sucedido. En menos de 10 días habían pasado de la posibilidad de tener a De la Calle de su lado a la reatidad de tenerlo en contra. Ello, combinado con el no definitivo de Noemí Sanín, los dejaba literalmente con las manos vacías. Pastrana, Moreno, la gerenta de la campaña, Claudia de Francisco y el senador Jaime Ruiz se declararon en sesión permanente y comenzaron a revisar otros nombres que se habían barajado sin mayor opción durante la semana. Analizaron el caso del ex ministro Francisco Posada de la Peña, que aportaba su buena imagen tras la reforma laboral de 1990 y su condición de costeño. Hablaron de Claudia Blum, que contribuía con su condición de mujer y de vallecaucana. Descartaron a Luis Alfredo Ramos y a Juan Gómez Martínez, porque según consideraban las elección del uno acarrearía los celos del otro. Y también revisaron el nombre de Rafael Pardo, pero recordaron que todo indicaba que Gaviria no le permitiría aceptar.
El candidato tenía una sola cosa en claro: si nada los convencía, debían terminar en quien él mismo había llamado "el comodín": su mano derecha, Luis Alberto Moreno. Por esa razón durante la noche del viernes circuló con insistencia, y desde la propia campaña pastranista, la información de que el hombre era Moreno. Levantada la sesión permanente de Pastrana y sus asesores, el candidato creyó, ya hacia la medianoche, que había una carta que no fue analizada y podía tener cierto sentido: el ministro de Trabajo, Luis Fernando Ramírez. Volvieron a reunirse y examinaron su nombre: sacó adelante la reforma a la seguridad social y tiene una historia de superación personal que lo llevó en menos de una década de su pueblo natal, Oiba (Santander), a altos cargos en el equipo económico, como director de Impuestos, viceministro de Hacienda y, finalmente, Ministro de Trabajo.
Pastrana lo llamó, y a pesar de ser ya de madrugada, Ramírez se comunicó con Gaviria, quien se encontraba en la Casa de Huéspedes en Cartagena: "Lo que yo quiero es seguir con sus programas de gobierno, Presidente -le dijo-. Y lo quiero hacer con Andrés porque creo que es el único que se los va a respetar". A esas horas fue necesario despertar a algunos funcionarios de Palacio, redactar un par de cartas y numerar un decreto de aceptación de la renuncia, todo ello antes de que se cerrara la inscripción de los candidatos el sábado en la Registraduría.
Siete horas después, Pastrana y Ramírez se presentaron ante los periodistas. La noticia había sorprendido. Ramírez es un hombre brillante y competente, pero bastante desconocido y con escaso perfil nacional. Además, es seguro que también deberá enfrentar el lío jurídico que está lejos de aclararse en torno de la inhabilidad de los funcionarios públicos para inscribirse a la Vicepresidencia.
No obstante, hay un elemento en el que han coincidido algunos analistas: el hecho de que su padre haya sido secuestrado hace pocos días por la guerrilla es algo que no se puede desconocer, pues puede llegar a tener un impacto emotivo importante y despertar una solidaridad nacional alrededor del joven ex ministro. No hay que olvidar que Pastrana protagonizó un fenómeno similar cuando fue secuestrado por el cartel de Medellín, en plena campaña a la alcaldía de Bogotá.
Toda esta maratòn se daba mientras otros candidatos presidenciales inscribían sus propias fórmulas para la Vicepresidencia: Miguel Maza Márquez a José Raimundo Sojo, Enrique Parejo a Rubén Darío Utría, Antonio Navarro al dirigente indígena Jesús Enrique Piñacué, y Regina Betancur a Jesús Enrique Avila.
Pero sin duda estas otras parejas poco o nada tendrán que hacer en el baile que acaba de empezar y en el cual, con la suerte echada, todo está por verse entre Ernesto Samper y Andrés Pastrana y sus recientemente estrenados compañeros de fórmula.

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