Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1982/08/02 00:00

BAJO EL SIGNO DEL SECUESTRO

Desde Oliverio Lara hasta Gloria Lara de Echeverry, historia de una pesadilla.

BAJO EL SIGNO DEL SECUESTRO

La víspera de su asesinato y de su último cumpleaños, el 27 de abril de 1965. Oliverio Lara Borrero, como lo hacía siempre que visitaba su hacienda "Larandia" en pleno Caquetá, madrugó y, en compañía de sus "hombres de confianza". tomó un desayuno tan fuerte que le permitiera trabajar sin descanso hasta despúés del anochecer.
A las seis de la tarde, luego de haber recorrido kilómetros de lo que antes había sido selva pura y que él había transformado en una hacienda con corrales de cemento, puerto, carreteras y puentes dignos de haber sido inaugurados por cualquier gobierno. Oliverio se dirigió con su mayordomo al hato "Patagonia", bautizado así por su lejanía, donde proyectaba construir un nuevo puente.
Varios palos atravesados en el camino le impidieron a la camioneta del hacendado continuar su recorrido. Se detuvo. Al instante, de los matorrales, a un lado y otro de la carretera saltaron varios hombres.
--Esto es un secuestro--dijeron. Le ordenaron al mayordomo que se fuera. Le ataron atrás los brazos a la víctima. Lo obligaron a caminar en silencio en medio de la noche inconmovible de la selva... Y así, en silencio, con su cabeza gris inclinada siempre, se mantuvo ese hombre famoso por su inteligencia, su vasta cultura, sus chistes y su simpatía, hasta las ocho de la mañana del día siguiente, 28 de abril, cuando uno de los asesinos le ordenó cavar su propia fosa y dejar descubierta la nuca para recibir el golpe certero del machete que ese día, el de su sexagesimo cumpleaños, lo dejó sin vida.
Durante más de cinco años se tejieron leyendas de toda clase sobre la suerte de Oliverio Lara. Se dijo que había sido visto recorriendo en un planchón los ríos del Caquetá con una barba gris, larga y abundante. Se invocaron espíritus que contaban que Oliverio había muerto. Se dijo que había huido del país en pos de un tormentoso romance. Se trajo a un famoso vidente holandés quien sobrevoló la hacienda una y otra vez para que sus mágicos poderes ubicaran la localización del cadáver. Se contrató a Fassman para que a base de parasicología descifrara el enigma. Se recurrió a otros videntes sugeridos por el general Matallana. Se pensó que dirigentes del MRL supieran su paradero dado que esa corriente política era mayoritaria en la región. Alfonso López Michelsen viajó a "Larandia" para ofrecer sus buenos oficios. Allá permaneció algún tiempo. Continuó el misterio... Se entró en contacto con Aljure, el antiguo guerrillero liberal quien, después de una amnistía y antes de su asesinato, quiso colaborar con la investigación y le regaló una ametralladora a uno de los miembros de la familia Lara. Se prestó atención a toda clase de versiones. Se escuchó incluso la de unas supuestas monjas que decían conocer la verdad, "monjas" delatadas como impostores por sus piernas peludas, masculinas. Se dijo, finalmente, que Oliverio Lara había sido llevado a Cuba por Fidel Castro para que le enseñara a explotar con eficiencia la ganadería y la agricultura de la isla.
A mediados de 1970, cinco años después del segundo secuestro ocurrido en Colombia (el primero había sido el de Harold Eder, semanas antes). un indiecito v isitó a uno de los Lara. Le dijo que él había escuchado en un café de Montañita--Caquetá- los nombres de los autores del secuestro y asesinato de Oliverio, Le dijo, además, que su madre vivía con uno de ellos...

LOS ASESINOS LLORAN
Los asesinos fueron obligados a caminar en zig-zag por la zona de la selva donde, según los informes, se encontraba el cadáver. Cuando llegaron al sitio exacto, irrumpieron en un llanto incontenible.
--Los asesinos --comentó una vez el sargento Ochoa quien participó en la investigación final--~no resisten regresar al lugar donde reposan los restos de su víctima.
Oliverio Lara, quien había dicho que a él podrían secuestrarlo en cualquier parte menos en el Caquetá, la tierra que él había dominado y cuya gente--pensaba--lo quería, fue víctima de uno de sus "hombres" de confíanza": trabajador suyo de muchos años, se unió a los otros malhechores, quienes entusiasmados, habían oído decir que "el secuestro era una cosa para conseguir plata", y les sirvió de informante. Ignorantes y pobres hasta más no poder, no disponían ellos de la infraestructura que les permitiera hacer frente a la ofensiva del ejército, que por tierra, agua y aire, de inmediato invadió la región. Asustados entonces, decidieron matarlo sin haber establecido jamás contacto con la familia Lara.
Sin embargo, no todo está claro en el secuestro y muerte de Oliverio Lara: semanas anies de perpetrado el delito, se le informo a un miembro de la familia que los servicios de inteligencia sabían que el Lara que visitaba el Caquetá iba a ser secuestrado... Se les recomendó contratar vigilancia. Oliverio Lara la usó en uno de sus y viajes a "Larandia". Luego la rehusó. Entonces lo mataron...
A pesar de la diligencia que en la investigación demostraron las autoridades, no recorrieron ellas el camino fácil que les hubiera tratado aquella misteriosa fuente informativa que a Oliverio Lara le sirvió tan solo para anunciar su muerte...
El día que cumplía 31 años. el 14 de julio de 1971. Luis Lara Rueda. sobrino de Oliverio, fue liberado por sus secuestradores quienes pidieron doce millones de pesos por su rescate, pero se transaron al final por tres y medio.
Una semana antes, el 7 de julio a las ocho de la noche, cuando Luis se dirigía de su oficina a su casa en el norte de Bogotá y su automóvil se disponía a ascender el puente de la carrera séptima con calle cien, fue interceptado por varios hombres que saltaron de la oscuridad.
Obligado a descenderde su vehículo para montarse en el de sus captores. Luis Lara fue vendado y mantenido a ciegas hasta el instante en que recobró su libertad. -Escondido por sus verdugos en una finca de la sibana, fue sometido a terribles torturas sicológicas y a humillaciones inenarrables. A partir de ese momento Luis, supo que significaba odiar: De ellos- dijo en alguna vez--no se encargo el secuestro pero sí la tortura...
A diferencia de la oscurido én el caso de Oliverio. Los secuestradores de Luis establecieron de inmediato contacto con la familia. A las once de la noche de ese 7 de julio, mediante una llamada telefónica, un hombre le anunció a uno de los Lara que Luis había sido secuestrado y que una carta había sido dejada en las puertas de la casa de quien recibió esa primera llamada.
La carta, mal escrita llena de errores ortográficos, en efecto reposaba en el jardín. Continuaron los contactos, las negociaciones. Se llegó a un acuerdo. Se pagó. Entonces Luis pudo salir de sus tinieblas y, ya libre, volver a ver la luz...
Semanas después de su liberación, sus secuestradores, delincuentes comunes, fueron descubiertos y capturados por los servicios de inteligencia a pesar de que el autor principal del delito se había hecho apresar por cualquier causa para alejar de sí la más minima sospecha.
La vispera del trigesimo primer aniversario de la muerte de don Leonidas Lara, el pasado 23 de junio a las ocho de la noche. Gloria Lara de Echeverry, una de sus nietas, hija de Oliverio y esposa del expresidente del Senado. Héctor Echeverry Correa, fue secuestrada también por varios hombres quienes, como siempre, surgieron de la oscuridad.

Gloria, de 44 años, eX-concéjal de Bogotá, Liberal, bonita. inteligente y progresista (defendía los derechos de los indígenas sobre sus tierras oponiéndose, así, a los intereses de algunos terratenientes), acababa de abandonar la oficina de Integración y Desarrollo de la Comunidad cuya jefatura ocupa desde el 30 de agosto de 1978. Cuando llegaba casi a las puertas de su casa del barrio Teusaquillo --donde la esperaba su marido--acompañada por su chofer (empleado oficial, liberal, el cual reemplazaba al anterior: conservador, quien había tomado vacaciones seis días antes). un vehículo chocó agresivamente contra el Dodge que transportaba a la funcionaria. Segun la versión del chofer, varios hombres y una mujer rompieron con sus metralletás los vidrios de las ventanas del automóvil detenido por el accidente segundos-atrás. El chofer fue golpeado; obligado a subir en otro vehículo y liberado poco después al norte de Bogotá. Gloria, en cambio, fue montada en otro carro dentro del cual, según declaraciones de testigos, encapuchada viajó hacia el misterio...
Hásta el momento de escribir esta nota --una semana después del secuestro--la familia Lara ha esperado infructuosamente que los captores de Gloria produzcan cualquier señal, cualquier llamada. cualquier esperanza...
Tan solo escasos y extraños telefonazos en los que voces anónimas han indicado que Gloria está bien, se han escuchado en algunos medios de comunicacion. En ninguna oportunidad se ha pedido rescate, Se dijo una vez, simplemente que Gloria estaba en poder del M-19, que no se exigiría dinero a cambio de su vida y que sería liberada pronto portando un mensaje de paz. Los dirigentes del M-19 presos en "La Picota" manifestaron, sin embargo, que mal podía esa organización querer entablar diálogo con un gobierno que estaba a punto de acabar. El M-19 desmintió, por consiguiente, que en su poder estuviera Gloria Lara.
A medida que ha pasado el tiempo se ha ido descartando la posibilidad de que los secuestradores de Gloria pretenezcan a grupos sub-ersivos: ellos, usualmente, reivindican de inmediato sus acciones porque es a través de ellas como desarrollan su política y despliegan su propaganda. Además, ellas las cometen contra personas con quienes antipatizan generalmente ciertos sectores populares, y no contra las que gozan de simpatía, como le ocurre a Gloria.
Se cree que los secuestradores de Gloria sean delincuentes comunes... Sin embargo, aun, en ese caso, surgen las dudas, los vacíos: si ello fuera así, ¿por qué no han establecido contacto con la familia? ¿Por qué no han buscado su recompensa de inmediato?
Como una pesadilla le sobreviene entonces a la familia Lara el recuerdo de aquella atroz espera de cinco años y medio durante los cuales, sobre la suerte de Oliverio Lara, se elaboró un tejemaneje de leyendas que desembocaban siempre en el misterio...
Patricia Lara

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