Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1994/12/12 00:00

BAJO FUEGO

Si el gobierno quiere jugársela toda en d proceso de paz va a tener que dialogar con la guerrilla en medio de las balas.

BAJO FUEGO

EL FIN DE SEMANA PASADO el alto comisionado para la paz, Carlos Holmes Trujillo, no tuvo mucho tiempo para estar pendiente del Reinado Nacional de Belleza. Después de tres meses de reuniones con empresarios y gremios, representantes de la clase política y funcionarios regionales, oficiales de la Policía y del Ejército, y luego de viajes a El Salvador y Guatemala para mirar las experiencias en esos países, finalmente terminó de redactar el informe que presentará el jueves próximo al presidente Ernesto Samper.

Su documento es una radiografía de la situación de orden público en Colombia y contiene una evaluación de las posibilidades de que un eventual proceso de paz llegara a darse. Una vez éste haya sido entregado, corresponderá al Presidente dar a conocer una respuesta y una propuesta concreta en materia de paz.

Holmes ha mantenido un gran hermetismo en torno al contenido del informe que rendirá al Ejecutivo. Sin embargo eso no es un obstáculo para analizar las posibilidades reales de una eventual negociación con la guerrilla.


EL RECETARIO DEL ELN

El escepticismo es grande, y no es para menos. Inicialmente la guerrilla saludó al nuevo gobierno con una serie de ataques violentos. Transcurridas algunas semanas de la nueva administración, y ante la frecuencia de las agresiones por parte de la guerrilla, quedó claro que la ofensiva era algo más que un saludo. Por esa razón, hechos como el ataque a Tadó -en el cual murieron 11 civiles y ocho policías en un ataque a una patrulla que viajaba en un bus interdepartamental- y la reciente emboscada a un convoy de la Policía y a un bus escolar en Puracé, Cauca, llevaron a la opinión a creer que las posibilidades de un proceso de paz con la guerrilla habían quedado sepultadas.

Sin embargo los dirigentes guerrilleros de las Farc y el ELN concedieron entrevistas a algunos medios de comunicación y emitieron declaraciones que fueron interpretadas por el gobierno como señales positivas frente a la posibilidad de una salida negociada al conflicto.

En el caso del ELN, la más importante manifestación de voluntad de diálogo fue la entrevista que el cura Manuel Pérez concedió al noticiero NTC. A pesar de que las declaraciones del cabecilla no contenían propuestas concretas, de las palabras del cura se desprendía que su grupo había modificado la actitud frente a un eventual proceso de paz. Tradicionalmente el ELN había permanecido relativamente al margen en los diferentes diálogos; su presencia había sido más la de un observador que la de un particinante activo. En esta ocasión las declaraciones dejaron entrever, a ojos del gobierno, una clara voluntad de diálogo.

Pero después de casi 10 años de intentos de pacificación, de comunicaciones públicas de la guerrilla y de expresiones abiertas de voluntad de paz, son pocos los que creen. Los más escépticos comenzaron a creer sólo hasta hace unos días, cuando los organismos de seguridad del Estado interceptaron una comunicación de Nicolás Rodríguez Bautista 'Gabino' -el segundo hombre en la cúpula del ELN-, en la cual el líder subversivo se dirigía a los comandantes de los diferentes frentes y le planteaba una docena de peticiones concretas al gobierno.

Entre los 12 planteamientos figuran la reducción en el gasto militar asunto bastante probable si cesa la actividad guerrillera; el desmonte de la política de apertura económica, que aunque poco factible puede tomar como punto de arranque los elementos de selectividad que el gobierno ha planteado en los últimos días. Así mismo, el ELN propone temas que no suscitan ningún debate, como la necesidad de diseñar una estrategia de equilibrio ecológico y la represión de los movimientos paramilitares, o la amnistía para el retorno de capitales y el castigo al enriquecimiento ilícito, un punto sobre el cual el gobierno ha sido claro y enfático.

De todos los planteamientos del movimiento subversivo, probablemente los más polémicos serían los de revisar la política petrolera y la posibilidad de que la Policía dependa del Ministerio de Gobierno. En el segundo caso, sin embargo, la institución está tan deteriorada que un cambio radical puede no sentarle mal. Todo parece indicar que el ELN, en temas como el mejoramiento de la justicia, la lucha contra la corrupción, el fortalecimiento de los mecanismos del referéndum, la defensa de la tutela y las garantías al proceso electoral, decidió adoptar el discurso de la Constituyente.

Sea como sea, la comunicación de Gabino con sus comandantes ha adquirido importancia, no solamente por la credibilidad que le da el ser un mensaje interno del movimiento y no una declaración pública, sino sobre todo porque es la primera vez que el ELN dice qué es lo que quiere. Proviniendo de un movimiento que se ha marginado de los procesos y de una organización bastante cohesionada -salvo en el caso del frente Domingo Laín, el cual ha sido enemigo acérrimo del diálogo- esas intenciones de paz podrían llegar a concretarse en una negociación real.


TELEFONO ROTO

Las Farc, por su parte, parecen menos decididas ante la posibilidad de un proceso de paz, pero hay razones que pueden explicarlo. La primera de ellas es el problema de coordinación interna que existe desde que el ataque a Casa Verde, en diciembre de 1990, dispersó a la cúpula del grupo y los dejó prácticamente incomunicados. El segundo factor puede ser la falta de oportunidad, pues sus iniciativas se han visto ahogadas por otros acontecimientos. Fue así como al día siguiente del ataque del ELN a Tadó, el cura de Cabrera (Cundinamarca) leyó un comunicado de las Farc que tenía algunos elementos positivos y en el cual insistía, como lo había hecho en el pasado, en la necesidad de que el gobierno diera garantías a los mensajeros de la guerrilla. Pero la noticia de la muerte de los civiles y militares en el Chocó lo opacó. A través de un mensajero, el grupo subversivo protestó por la falta de respuesta del gobierno. A los pocos días el Presidente respondió durante un discurso en Cali y aseguró que habría garantías para los negociadores.


DIALOGO CON TIROS

Todo lo anterior, aunque ha sido interpretado positivamente por el gobierno, no debe subir demasiado las expectativas. Cuando se aproxima un proceso de paz lo que abunda son las manifestaciones positivas. Sin embargo hay que reconocer que sí es la primera vez que el ELN se involucra claramente, algo que en 10 años las Farc jamás han hecho.

Con estos elementos es posible que antes de seis meses se inicie un proceso de negociación. Esto no garantiza el éxito, ni que lo que vaya a haber sea lo que el gobierno ha exigido: el diálogo útil y no simplemente las conversaciones inconducentes de rondas como la de Tlaxcala.

Sin duda, lo más difícil del proceso va a ser lograr que la guerra misma no acabe con las negociaciones. Frente a ello, algunos creen que es necesario volver al tema de la tregua y del cese al fuego como manera de ambientar las negociaciones. Sin embargo la historia de los diferentes procesos de paz colombianos ha demostrado que esta condición no asegura el éxito de las conversaciones. Muy por el contrario, tiende a volver sumamente frágil y vulnerable el diálogo, aún más cuando las Farc están disgregadas y cuando el ELN presenta una fuerte división interna entre los amigos y los enemigos del diálogo.

Procesos como el de El Salvador o el reciente acuerdo de paz entre Israel y Palestina son ejemplos de negociaciones en medio de la guerra. El riego ha sido elevado, pues las partes tienden a intensificar sus acciones violentas para fortalecer su posición en la mesa. Sin embargo, en el caso salvadoreño o el de Inglaterra y el IRA, la paz ha surgido como resultado lógico del diálogo.

Sea como sea, si el gobierno quiere hacer un ensayo realmente novedoso tiene que jugarse el todo por el todo y hacer una apuesta alta y arriesgada. Si le va bien, es posible que logre pacificar al menos una parte importante de estos grupos. Si le va mal, se habrá demostrado nuevamente que la guerrilla carece de cualquier intención de dejar las armas y busca, como ha sucedido en el pasado, negociaciones que le den protagonismo y treguas que le sirvan para fortalecerse.

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