Jueves, 18 de diciembre de 2014

| 1987/08/24 00:00

BARCO ARMA LA ESCANDOLA

El discurso de Barco el 20 de julio alborota a los "socos" (socialconservadores).

BARCO ARMA LA ESCANDOLA

A pesar de ser un 20 de julio, no fue un discurso veintejuliero. Editado en un folleto de 116 páginas, que leyó durante cuatro horas y que fue transmitido en directo por la televisión, el presidente Barco realizó el primer balance oficial de su gobierno con motivo de la instalación de la nueva legislatura.
El contenido era más o menos previsible. Nuevamente hizo una defensa del esquema gobierno-oposición, reiteró la decisión del gobierno de dialogar con las guerrillas sobre la única base de la desmovilización y el desarme, confirmó que el país está buscando una reforma del Concordato con la Santa Sede, e hizo las obvias alusiones a la lucha contra el narcotráfico, y a la búsqueda de soluciones al diferendo colombo-venezolano y al conflicto centroamericano. No le faltaron sin embargo, sus estocadas al gobierno anterior, cuando recordó una intervención suya el 17 de noviembre del 85 en la que sostuvo que "había llegado el momento de rechazar la peor de las formas de gobierno: la de los gobiernos que no rinden cuentas al pueblo que los ha elegido", haciendo referencia a la tragedia de Armero y al Palacio de Justicia, y cuando afirmó que los guerrilleros fueron los principales beneficiados del plan de rehabilitación de la administración anterior. No faltó tampoco el balance económico en el que resaltó las cifras favorables a la gestión del primer año de gobierno, que incluían la disminución de dos puntos en el nivel de desempleo, la contratación de nuevos créditos externos y los supuestos beneficios de la reforma tributaria.
Pero lo que hubiera podido ser un discurso de lavar y planchar, tomó un viso inesperado. La novedad corrió por cuenta de lo que muchos calificaron como el "el tono pugnaz" del discurso del Presidente, quien embistió contra la oposición con la misma fuerza y a la misma hora en la que un toro empitonaba a Pepe Cáceres en una plaza de Sogamoso.
Si la intención del Presidente había sido la de molestar a la oposición, definitivamente lo logró, y con creces. No acababa Barco de ponerle punto final a su discurso ante el Senado, cuando milagrosamente se produjo la unión conservadora en torno a una enérgica protesta contra el tono del mensaje presidencial. Como "Fuenteovejuna", los conservadores, todos a una, calificaron el discurso de "impropio y camorrista". Y aunque según los ofendidos toda la intervención tenía un corte agresivo y sectario, era especificamente un párrafo el que resumía la embestida de Barco contra la oposición. Hablando acerca de las formas como las fuerzas políticas del país pueden dialogar, dijo que la propuesta por el Partido Conservador consiste en "conversar a puerta cerrada en una sala privada. Quieren ellos que las decisiones del gobierno les sean previamente consultadas en privado, o que se les invite a gobernar con el partido que ha ganado las elecciones".
Mientras los senadores, tomados por sorpresa, no desaprovecharon micrófono para expresar con adjetivos de todos los calibres su desconcierto y su rechazo ante lo que consideraron un "discurso impropio para un presidente de la República", en la Cámara hubo amago de retiro de la bancada azul. El episodio acabó reducido a una categórica constancia en la que los representantes, debutando oficialmente como "social-conservadores", dijeron que "no tiene antecedente la actitud pendenciera y el lenguaje incitador a la desunión entre los colombianos utilizado por el señor presidente Virgilio Barco".
Como era de esperarse, la controversia al día siguiente no se centró en el contenido del discurso, sino en el tono. Al primero que buscaron los medios de comunicación fue al ex presidente Misael Pastrana, para que éste recogiera el guante que Barco había lanzado el día anterior. El jefe de la oposición acusó directamente al Presidente de haber mentido: "El planteamiento presidencial frente a la oposición se aleja totalmente de la verdad, para usar un término piadoso", dijo Pastrana. Y para ponerse a tono con la declaración presidencial agregó: "El Presidente está rodeado en Palacio de perros policías y de su sanedrín y en Cartagena, en la casa de huéspedes, ilustres todos, los fines de semana está desconectado del país".

TAMBIEN LOS LIBERALES
Lo que en un comienzo parecía una excesiva susceptibilidad de los conservadores se convirtió, dos días más tarde de la tormentosa sesión inaugural del Congreso, en un sentimiento generalizado. Hasta los editorialistas de la prensa liberal coincidieron en señalar como exagerado el tono del discurso presidencial. Mientras El Tiempo lo calificaba de polémico y soberbio, El Espectador achacaba a su exagerada vehemencia, la culpa de que las relaciones entre los partidos hubiera caído en un ambiente de pugnacidad. A pesar de todas esta reacciones tan adversas, no hay duda de que Barco lo tenía todo calculado. Por un lado, quienes pudieron conversar con él en Palacio, durante el coctel protocolario que los presidentes ofrecen, los 20 de julio a los parlamentarios, aseguran que el Presidente no se mostró sorprendido con la polvareda que había levantado; y que inclusive comentó que el contenido del discurso no era producto de una meditación de última hora, sino que desde hacía tres meses venia puliéndolo, palabra por palabra. Y que al contrario de lo que se pensaba, no había sido escrito por sus asesores, sino de su propio puño y letra. Otro hecho que parecía confirmar la voluntad del Presidente de producir el efecto que creó, fue la transmisión y retransmision de su intervención en el Congreso por las dos cadenas de televisión en horario triple A, y por capítulos, como cualquier telenovela. Si algo indicaba este hecho, era que Barco que ría que quedaran las cuentas muy claras, y el chocolate espeso.
Las cuentas quedaron tan claras que el problema para el Presidente ya no es tanto crear un sistema gobierno-oposición, sino manejarlo, en un país donde no existen antecedentes al respecto.
Al fin y al cabo, desde el Frente Nacional los partidos son más compinches que adversarios. Y antes de esto eran enemigos a muerte, pero no en el sentido simbólico de la expresión sino en el real, cosa que tampoco tenía mucho que ver con el sistema gobierno-oposición civilizado y parlamentario que Barco trata de imponer en la actualidad.
La polarización que ha creado lo obligará a una estrategia política muy diferente del sistema de consenso que había regido en el país en el pasado. Como ya se sabe que los conservadores votarán casi mecánicamente en contra de todas las iniciativas del gobierno, el Partido Liberal requerira una cohesión comparable para sacarlas adelante. Esta hasta ahora no existe. Y el partido sigue siendo la tan mentada montonera informe a que tanto se ha hecho referencia. Con esta montonera, Barco no tiene "chance" de ganarle a las legiones azules. Convertirla en un verdadero partido de gobierno será entonces el reto más inmediato de la actual administración.


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