Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1986/04/07 00:00

BARCO A TODA MAQUINARIA

Catástrofe galanista y desepción conservadora dejan a Barco a las puertas de la Presidencia

BARCO A TODA MAQUINARIA

Cuarenta y ocho horas antes de las elecciones parlamentarias había ambiente de crisis en el liberalismo. Corrían rumores. La rueda de prensa que Barco había ofrecido en directo por televisión el domingo por la noche parecía haber logrado lo que los debates entre Gómez y Galán no consiguieron: la desestabilización de la candidatura Barco.
Un país atónito después de haber visto al hombre que podría ser el Presidente de la República naufragar ante un cuestionario elemental, comenzó a especular sobre la viabilidad de la candidatura Barco. Aparte de una serie de demoledoras caricaturas de Osuna y de las inevitables columnas de Antonio Caballero, Enrique Santos y María Jimena Duzán, la prensa liberal fue más bien solidaria. La tendencia de los editorialistas fue la de señalar el error estratégico de haber concedido la rueda de prensa, pero en general reivindicaron al candidato.
Pero si hubo complacencia en los pronunciamientos oficiales, no la hubo en la chismografía. En círculos de poder comenzaron a correr toda suerte de especulaciones: que el partido cambiaría a Barco por una "llave" Lleras-presidente y Galán-designado; que López había comenzado a maquinar para ser candidato; que los ex presidentes liberales se habían reunido para lanzar a Víctor Mosquera; que Bernardo Guerra estaba consiguiendo firmas para exigir el retiro de Barco. A esto se sumaban diagnósticos sicológicos sobre un Barco deprimido y malhumorado que se había aislado para meditar sobre su destino.
Mientras tanto sus asesores se echaban la culpa de lo sucedido los unos a los otros.
De todo esto lo único que parecía cierto era que Lleras Restrepo daba la impresión de estar contemplando la posibilidad de correrle la butaca a Barco. La habitual reproducción de su editorial de Nueva Frontera, que los periódicos hacen los domingos, se anticipó al viernes. En los términos más fuertes utilizados hasta entonces por los jerarcas del partido, Lleras calificó a Barco como una persona "que no tiene ni el poder ni las cualidades de liderazgo necesarias para imponerse sobre las máquinas electorales". Dejando entrever que Galán sí llena estos requisitos, Lleras anuncia de una vez la posibilidad de un replanteamiento para "impedir la segura derrota y buscar luego, con una dirección vigorosa, apoyada en "el Nuevo Liberalismo" y en los buenos elementos del oficialismo que no son escasos, la necesaria purificación de las costumbres políticas".
HABLAN LOS VOTOS
Así, en medio de una expectativa general sobre el posible derrumbe de la candidatura Barco, comenzó la jornada electoral. La primera sorpresa fue la tranquilidad que vivió el país, contra los augurios de violencia que habían caracterizado esta campaña.
Por el contrario, los colombianos salieron a votar en un ambiente de fiesta y los enfrentamientos que se vaticinaban fueron con harina y los más graves con huevos. Un corresponsal extranjero que se encontraba en Bogotá manifestó a SEMANA: "Estaba preparado para una elección en med¿o de tanques y lo que he encontrado es más bien un carnaval".
Doce horas más tarde, sin embargo, el único ambiente de carnaval que reinaba en el país era en la sede barquista. El candidato que el día anterior se tambaleaba en la cuerda floja, era el único de los tres cuya estabilidad que ratificada. Contrariando todos los pronósticos,la maquinaria liberal había liquidado una vez más a sus adversarios. Y eran éstos los que podrían ver cuestionadas sus candidaturas. Galán, en quien estaba centrada la la atención del país y a quien se le calculaba un millón de votos, suficiente para producir el replanteamiento que Lleras Restrepo insinuaba, parecía, al cierre de esta edición incapaz de alcanzar la vergonzosa cifra de 600 mil. Lo cual, porcentualmente, representaría apenas un 7%, dejando un 37% a los conservadores y un abrumador 48% al oficialismo liberal. El mayor descalabro del galanismo fue en Bogotá,que justamente se consideraba su fortín, donde dificilmente ronda los 200 mil votos, es decir, 150 mil menos de los que se calculaba. A las once y media de la noche, cuando las proyecciones de sus computadores le indicaron que la renovación pregonada en sus afiches tenía más posibilidades de ser "nunca" que "ahora", el jefe del Nuevo Liberalismo, deprimido pero estoico, se fue a dormir.
No menos melancólico era el ambiente en la sede de Gómez. La preocupación no expresada no era ya cómo Alvaro podría salvar esto, sino quién podría salvar a Alvaro. Y no sólo a Alvaro sino, más grave aún, al Partido Conservador. Proyecciones de computador al cierre de esta edición demostraban que el porcentaje de votación conservadora en el país no llegaba sino a un 37%. En Bogotá, la situación es todavía más dramática. El liberalismo sumado, con cerca del 70 por ciento de la votación, prácticamente triplica al conservatismo, que apenas consigue empatar al Nuevo Liberalismo. El solo oficialismo con cerca del 43%, supera en 17 puntos a las huestes azules. Si se tiene en cuenta que para ganarle a López Michelsen, Belisario tuvo que derrotar al oficialismo en Bogotá, quedan claras las implicaciones de estas cifras.
¿Cuál será la reacción de los dos vencidos del domingo? Alberto Villamizar, organizador de la campaña galanista, dejó en claro que para ellos se había perdido una batalla pero no la guerra: "Sólo pedimos 24 horas para descansar y a mediados de la semana comenzamos de nuevo la pelea, que va a ser muy dura". En cuanto a Gómez, su futuro no depende de él sino en gran medida de sus tropas y sobre todo de su jefe y rival, el ex presidente Misael Pastrana, cuyo protegido, el recién electo senador Alvaro Leyva, había dado el año pasado un abrebocas de lo que podía venirse: el mantenimiento de la candidatura de Gómez estaría sujeta a un buen resultado conservador en las elecciones parlamentarias. Aunque a estas alturas cualquier relevo o zancadilla es en la práctica altamente improbable, el hecho es que Alvaro Gómez sale personalmente muy disminuido por el resultado.
Un tercer derrotado de la jornada fue la Unión Patriótica, el nuevo partido de izquierda, producto de cuatro años de paz belisariana, que no logró sobrepasar los resultados insignificantes habitualmente obtenidos por la izquierda desde hace décadas. El computador, con la mitad de la votación escrutada, le daba menos del dos por ciento del total. Para un gobierno que se había jugado sus restos en una apertura democrática que se traduciría en la incorporación de la guerrilla a la legalidad, semejante resultado constituye un revés considerable. Y para los guerrilleros en tránsito de las armas a los votos, una frustración peligrosa.
LOS GANADORES
Aunque al cierre de esta edición es prematuro hacer un balance sobre ganadores y perdedores a nivel parlamentario, los primeros datos permiten, sin embargo, señalar como héroe de la jornada en Bogotá a Ernesto Samper Pizano, principal responsable de la neutralización del avance galanista en la capital. Samper no sólo superó ampliamente a Durán Dussán sino que le quitó votos masivamente a Galán en los sectores populares. Hazaña nada insignificante si se tiene en cuenta que hace cuatro años fue objeto de la más humillante derrota de que se tenga memoria cuando se ahogó en un segundo renglón al Senado en la entonces lista oficial del Partido Liberal.
En esta ocasión la humillante derrota, por lo menos frente a las expectativas que él mismo generó ante la opinión pública, fue para Gustavo Rodríguez Vargas, el gran fenómeno azul de la capital en-los últimos años, quien después de pronosticar una votfación de 150 mil votos, escasamente llegará a la mitad.
El gran ganador de la jornada del domingo fue Virgilio Barco Vargas.
En 24 horas pasó de ser un candidato en entredicho a prácticamente un Presidente electo. Más que ganador habría que llamarlo beneficiario puesto que es posible que ni uno sólo de los votos del asombroso resultado que produjo la maquinaria liberal el domingo, haya obedecido a su nombre. Pero como siempre, en política lo que cuenta son los resultados y no la forma como se obtienen. --
GOSSAIN CIBERNETICO
Pese a que las elecciones parlamentarias del domingo definían el futuro de tres candidatos a la Presidencia, ninguno de ellos logró convertirse en el personaje de la jornada, ya que el país entero estuvo pendiente no de un político, sino de un periodista: el director de noticias de RCN, Juan Gossain. En efecto, entre las 6 de la mañana del domingo y las primeras horas de la madrugada del lunes, Gossaín monopolizó la audiencia, no sólo porque contaba con el más moderno y eficaz computador utilizado hasta ahora en un medio de comunicación, sino porque su competidor tradicional, Yamid Amat, de Caracol, debió convertirse en un espectador más de las elecciones, ya que esa cadena radial entró en huelga 36 horas antes y al cierre de esta edición no había logrado reiniciar sus transmisiones.
Gossaín se levantó a las 4 de la madrugada y comenzó a transmitir dos horas después, manteniéndose sin interrupción y sin perder la voz ante el micrófono durante 21 horas. RCN hizo acopio de todo su personal y desfilaron por sus micrófonos desde la esposa de Gossaín, Margoth Ricci, hasta la nómina completa de periodistas deportivos.
El trabajo del computador había comenzado a prepararse con 8 semanas de anticipación, y se complicó considerablemente debido a la proliferación de listas y al hecho de que muchas de ellas aún no estaban definidas por la Registraduría a las 6 de la tarde del sábado. Sin embargo, el computador, un equipo S-36 con 40 terminales en todo el país, que cuesta cerca de 100 millones de pesos, pasó todos los exámenes y hacia las 3 de la madrugada ya estaba en capacidad de presentar totales nacionales discriminados de más del 35 por ciento de la votación.
Las 40 terminales en el territorio nacional recopilaban a gran velocidad todos los datos provenientes de las registradurías locales, y el centro de cómputo de RCN en Bogotá los procesaba, en una labor que exigió la participación de una decena de ingenieros y más de 1.300 auxiliares.
Tres pantallas con sus respectivas impresoras, presentaban en el estudio máster de la cadena en Bogotá todos los resultados que eran leídos de inmediato por Gossain y su equipo.
En fin, por la triple circunstancia de la ausencia de Caracol, la efectividad de su computador y la resistencia de su garganta, Gossain puede reclamar con justicia el título de estrella de la jornada. ---

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