Sábado, 25 de febrero de 2017

| 1983/08/08 00:00

BATEMAN: LA VERDADERA HISTORIA

Toledo y Fayad se escaparon de correr la misma suerte fatal de su lider

BATEMAN: LA VERDADERA HISTORIA

Aunque la ausencia de un comunicado oficial del M-19 ha hecho que muchos sigan considerando la muerte de Bateman como un hecho incierto, SEMANA realizó investigaciones en Panamá y Colombia que ratifican definitivamente la noticia y complementan la información hasta ahora difundida.
El 28 de abril pasado miembros de la Inteligencia de la Guardia Nacional esperaban la llegada de Bateman, procedente de Colombia, en el aeropuerto de Paitilla, en Panamá destinado a vuelos nacionales. El dirigente guerrillero viajaba frecuentemente allí, pues Panamá era punto obligado en sus viajes a Cuba y Nicaragua. Sus visitas eran, entre los panameños, un secreto a voces. En esta oportunidad, la avioneta que lo transportaba, que había partido de territorio colombiano conducida por el político pastranista Antonio Escobar Bravo, se había comunicado con la torre de control panameña cuando estaba en algún punto entre la serranía del Darién y la cordillera de San Blas. Había reportado mal tiempo y había declarado llevar un sólo pasajero. De este último dato los informes de prensa en Colombia dedujeron que Bateman podía no haber estado en ese avión; sin embargo, en Panamá se sabía que cuando él aterrizaba en ese territorio jamás registraba oficialmente su presencia, porque había un automóvil esperándolo a la salida del avión, de tal manera que no tuviera que pasar por las oficinas de migraciones.
Panamá, practicando la política que se hiciera oficial desde la época del General Torrijos, viene cumpliendo un papel de territorio neutral para una serie de dirigentes que tienen problemas con las autoridades en otros países, entre ellos Edén Pastora, el propio Bateman y varios dirigentes del M-19. Esta política de "zona franca" de Panamá frente a la guerrilla colombiana se prestó, durante el gobierno de Turbay, a serios malentendidos entre los ejércitos de los dos países, a tal punto que el Coronel Manuel Antonio Noriega, actual jefe del Estado Mayor de la Guardia Naciona] panameña, tuvo que viajar a Colombia dos años atrás a desmentir la sospechada participación del gobierno panameño en el transporte de armas hacia Colombia, tras el conocido incidente del avión de Aerocesar. Esa visita aclaró momentáneamente las cosas, pero la situación se mantuvo tensa.
El gobierno de Belisario Betancur en cambio, parece haber encontrado ventajas en el papel de interlocutor neutral jugado por Panamá. El senador Bula Hoyos se entrevistó con Bateman, meses atrás, en ese país, y precisamente el último comunicado firmado por Bateman antes de su muerte, le fue leído por teléfono al Presidente Betancur, desde Panamá, por el Presidente de ese país, Ricardo de la Espriella.

SE SALVARON TOLEDO Y FAYAD
El día de su muerte, también esperaban a Bateman en su punto de destino otros miembros de la dirección de su organización. Habían llegado allí para celebrar una reunión de alto nivel del movimiento. Según los planes, en el mismo vuelo con Bateman tenían que llegar Carlos Toledo Plata y Alvaro Fayad .
Según un segundo informe que llegó a la torre de control desde la avioneta, a momento de emitirlo ésta estaría sobrevolando un punto muy distante de registrado en el primer informe. Esto hizo que cundiera la alarma entre las autoridades panameñas: era imposible que efectivamente hubiera hecho este trayecto en tan poco tiempo y con tan malas condiciones atmosféricas. La torre de control concluyó que el piloto no sabía en qué lugar se encontraba. Pasó una hora sin que recibieran más noticias. Entonces, ante la imposibilidad de conocer la verdadera ubicación del avión, y ante la sospecha de que se hubiera extraviado o accidentando, tanto la Guardia Nacional panameña, como los miembros del M-19 allí presentes, emprendieron, cada cual por su lado, una intensa búsqueda por la espesa selva del Darién.
Al cabo de los días, las esperanzas de encontrar la avioneta eran muy débiles, y sin embargo los intentos se intensificaban por la creencia de que, de no haber habido un accidente aparatoso, Bateman y sus compañeros de vuelo habrían logrado sobrevivir en la selva, dada su experiencia en ello.
En determinado momento, se cruzaron en la selva las autoridades panameñas que buscaban los restos del avión con la patrulla del M-19 que hacía lo mismo. Los guerrilleros fueron detenidos porque portaban armas, y posteriormente fueron dejados en libertad.
Mientras tanto, en Colombia se aclaraba que, aparte del piloto y de Bateman, los ocupantes de la avioneta eran un militante de base de la organización, de origen campesino, llamado Conrado Marín, y una muchacha del Comando Superior, conocida con el alias de "Maribel". Fayad y Toledo, que supuestamente tendrían que haber ocupado sus puestos, en realidad habían cambiado de planes y pospuesto el viaje, pasando primero por Bogotá. Así se salvaron de la muerte. Hoy, a los dos meses y medio del accidente, mientras muchos colombianos aún tienen dudas sobre la suerte corrida por Bateman, los panameños conocen datos que dan testimonio de su muerte.

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