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| 5/1/2005 12:00:00 AM

Bien recibida

Tras la visita de la secretaria de Estado norteamericana Condoleeza Rice, Colombia quedó más enredada en el enfrentamiento entre Estados Unidos y Venezuela

El tono amistoso de la visita a Colombia de la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, no fue una sorpresa. El presidente Uribe es el principal aliado de George W. Bush en el continente, ha sido leal y confiable, y en la Casa Blanca consideran que los resultados de la cooperación entre los dos países constituyen una ?historia de éxito?. El viaje de Rice tenía objetivos regionales. Desde su posesión como jefe de la diplomacia más poderosa del mundo, se ha dedicado a visitar continentes y naciones para tejer los lazos que necesitará durante su difícil gestión. A América Latina llegó con el pretexto formal de una reunión en Santiago de Chile sobre la democracia. Pero con el mensaje de que tratará de enmendar el olvido en que cayó la región durante los primeros cuatro años de Bush, en los cuales la cruzada mundial antiterrorista eclipsó casi todos los demás asuntos de la política exterior. El giro que pueda tomar la diplomacia estadounidense hacia sus vecinos del sur no está claro. De una manifestación de buena voluntad, como la que acaba de hacer Rice en sus bien recibidas visitas a Chile, Brasil, Colombia y El Salvador a hechos concretos hay un largo trecho. Colombia es el único país del continente hacia el cual la Casa Blanca tiene una política explícita y diferenciada: el apoyo político y económico a la estrategia de seguridad democrática del presidente Uribe. Tanto en los días previos a la gira de ?Condi?, como en sus horas de trabajo en Bogotá, surgieron versiones sobre un supuesto cambio de la actitud de Estados Unidos hacia Venezuela. El Departamento de Estado desmintió una publicación de The New York Times en ese sentido. El fin de semana anterior el presidente Bush había dicho que el programa de exploración petrolera en su país hace menos indispensable el acceso al crudo venezolano. Desde las elecciones de noviembre han subido el tono y las acciones conflictivas entre Washington y Caracas. Chávez acaba de anunciar la suspensión de la cooperación militar entre los dos países. ¿Hasta dónde llegará este enfrentamiento? Sin duda, la radicalización de la revolución bolivariana y la consolidación del eje Chávez-Castro es un motivo de preocupación en Washington. El jueves, el mandatario venezolano hizo su duodécima visita oficial a Cuba desde que llegó al poder en 1998. Hay señales de que las presiones que desde hace tiempo le han hecho al gobierno Bush algunos sectores del Congreso, y la oposición venezolana, para que endurezca una posición que hasta al momento han considerado excesivamente débil frente a Chávez, por fin podrían tener eco. Lo más probable es que haya un cambio que no va a satisfacer a los antichavistas, porque Washington no está dispuesto a asumir una costosa intervención para derrocar a un presidente legítimo desde el punto de vista de su elección y de sus sucesivos triunfos en las urnas. Más bien adoptaría una política de contención, basada en la aceptación de que ?hay Chávez para rato?, para evitar que el régimen bolivariano se radicalice aún más y que apoye a fuerzas antiestadounidenses en la región. El tema afecta a Colombia, porque su alianza con Estados Unidos la convierte, a los ojos venezolanos, en la avanzada de la endurecida posición de Bush. En forma coincidencial, pero también simbólica, el día en que Condoleezza Rice estuvo en Bogotá se produjo un nuevo rifirrafe entre Colombia y Venezuela. La causa fue una declaración del ministro de Defensa, Jorge Alberto Uribe, en las que expresó su preocupación por las recientes compras de armamento por Venezuela, en un tono más cercano al de Rice que al de la propia canciller colombiana Carolina Barco. Estar en el sánduche del conflicto creciente entre Estados Unidos y Venezuela le da al presidente Uribe dos alternativas: jugar, en palabras de Chávez , como ?el mejor peón de la dama (Condoleeza Rice)?, o utilizar sus buenos vínculos con ambas partes para evitar un peligroso incremento del conflicto entre Washington y Caracas. La decisión final dependerá de si le presta más atención al Ministro de Defensa línea dura contra Chávez que a la posición pragmática de la canciller Barco.
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