Sábado, 21 de enero de 2017

| 2003/06/09 00:00

¡Bien, señor Ministro!

A su salida Junguito deja resultados contundentes: la economía crece, hay confianza y vuelve el optimismo.

¡Bien, señor Ministro!

La renuncia del ministro Roberto Junguito se da en momentos en que a la economía colombiana le comienza a ir bien. Después de cuatro años de crisis y pesimismo generalizado llaman la atención los buenos resultados económicos. Acostumbrados a aquella ley de Murphy, según la cual toda mala situación es susceptible de empeorar, los colombianos se acostumbraron a ver con escepticismo toda señal de recuperación en el frente económico, social o de seguridad. Tal vez por eso muchos han pasado por alto la inusual sucesión de buenas noticias que ha habido en los últimos meses y que demuestran que algo está pasando.

Los titulares de las primeras páginas de los periódicos en estos últimos meses más parecen de Dinamarca que de Cundinamarca: 'Disparada la construcción', 'Baja el secuestro', 'Auge en el turismo', 'Sube ocupación hotelera', 'Cede el desempleo'. Titulares de este estilo no se veían en Colombia hace mucho tiempo. La noticia de que la economía creció 3,8 por ciento en el primer trimestre, la tasa más alta de los últimos cinco años, fue al mismo tiempo una sorpresa y una confirmación de que las cosas están mejorando. Tanto, que ya muchos colombianos se preguntan si la crisis ha quedado definitivamente atrás. Hay razones para creer que así es, aunque también las hay para dudarlo. ¿Será verdad tanta belleza?

Una mirada a las últimas cifras económicas muestra que definitivamente las cosas sí están cambiando para bien. Claro que falta mucho por recorrer y no se sabe qué tanto dure la tendencia, pero el hecho de que la situación ha mejorado es algo que se puede palpar en los más variados negocios. Las ventas de carros, por ejemplo, crecieron 14 por ciento en los primeros cuatro meses de este año respecto a 2002, según cifras de Econometría. Las ventas con tarjetas de crédito, por su parte, lo han hecho 19 por ciento en el primer trimestre. El jueves pasado el Dane reportó que las licencias de construcción aumentaron 17 por ciento en este mismo período y que la industria creció 15 por ciento en marzo, acumulando un incremento de 8 por ciento en los primeros tres meses del año. La buena racha también pasa por el sector financiero, que aumentó sus utilidades 70 por ciento en los primeros cuatro meses de 2003 frente al año anterior. La bolsa de valores no se queda atrás. "La tendencia de una recuperación es evidente. La bolsa está disparada. Los resultados de las empresas son muy buenos y uno ve a la gente optimista", dijo Mauricio Botero, de la firma Corredores Asociados. Para Gonzalo Restrepo, presidente de Almacenes Exito, "que las acciones tengan ese dinamismo muestra que la gente ha vuelto a creer en sus empresas. A los empresarios eso los animó a invertir".

Las estadísticas muestran que, salvo el de minas, que ha decaído por la reducción en el número de barriles de petróleo producidos, todos los demás sectores están creciendo, y algunos de ellos, como la construcción, la industria y la banca, lo están haciendo a muy buen ritmo.

Lo que es más novedoso es que el impulso de todas estas actividades productivas viene de la demanda interna. En los últimos años lo único que medio jalonaba la economía eran las exportaciones, pues la inversión y el consumo internos estaban bastante deprimidos. Ahora son estos últimos los que más están respondiendo. Las caravanas turísticas y una mayor movilización de las mercancías han generado un círculo virtuoso que ha mejorado la situación del consumo, el comercio rural y el turismo. Para Carlos Mario Giraldo, presidente de Noel, las mercancías están llegando a lugares que antes estaban vetados por los actores armados. "Hay un mejor clima de seguridad. Ya no tenemos zonas restringidas a nuestros productos que antes teníamos", dijo Giraldo.

Las cifras demuestran que la gente común también se siente más tranquila para salir. Casi dos millones de carros más transitaron por las carreteras del país durante los primeros festivos de este año y la ocupación hotelera alcanzó 45 por ciento en abril, la mejor cifra para este mes desde 1997.

La recuperación de una economía no es algo que ocurra de la noche a la mañana. La construcción y el sector financiero, por ejemplo, comenzaron a mostrar buenos resultados desde el año pasado. Pero ha sido sólo en 2003 cuando ha empezado a sentirse con más fuerza la recuperación y por eso ahora muchos se preguntan qué ha cambiado.

En lo meramente económico, no mucho. Es cierto que ahora hay un entorno que favorece el crecimiento de los negocios, con una tasa de cambio competitiva y unas tasas de interés muy bajas. Pero también lo es que en 2001, que fue un año bastante flojo, había una situación parecida, con el dólar devaluado y unas tasas aceptablemente bajas. En ese entonces el 'entorno favorable' no bastó para echar a andar la economía. ¿Por qué ahora sí lo está haciendo?

Las hojas del calendario son parte de la explicación. Hay cosas en la economía que sólo con el paso del tiempo se pueden enderezar. Este podría ser el caso del sector financiero. La experiencia internacional muestra que después de una crisis bancaria, como la que tuvo Colombia en 1999, las entidades tardan entre tres y cinco años en recuperarse. En el mundo eso es lo que dura la convalecencia de un sector bancario después de una crisis. El país no tenía porqué ser distinto, y en esas condiciones era difícil que el sector financiero, que es como el sistema circulatorio de la economía, se hubiera recuperado antes de 2003.

Pero también hay cosas que han cambiado súbitamente para bien, aunque no son propiamente económicas. La principal de ellas, quizás, es la percepción de seguridad. En el país sigue habiendo muchos secuestros y homicidios, pero éstos por lo menos ya pararon de subir y han empezado a bajar. Al margen de estas cifras, que casi nadie mira, ha habido un cambio notorio de percepción sobre el problema de la inseguridad. Es lo que los sociólogos llaman la eficacia simbólica de la seguridad. No importa que el país sea inseguro mientras la gente se sienta segura. Y para la economía esa sensación de mejoría en el orden público (que además es real) es fundamental para cimentar la confianza.

Esta mayor confianza se puede ver, por ejemplo, en las encuestas. En cuestión de un año los optimistas se han prácticamente cuadruplicado. Hace un año el porcentaje de optimistas era del 11 por ciento y hoy es del 37 por ciento, según una encuesta de Invamer-Gallup hecha en mayo. La Encuesta de Opinión Empresarial de Fedesarrollo también refleja que los empresarios tienen hoy mejores expectativas para los próximos meses.

Las cifras de emigración también muestran un cuadro diferente. En 2000 salieron del país 167.000 pasajeros más de los que entraron, según los datos de la Aeronáutica Civil. Esos 167.000 colombianos se quedaron afuera ese año y al siguiente, en 2001, el número fue muy parecido. En 2002, sin embargo, la cifra de emigrantes se redujo a 26.000 y en lo que va de 2003 la tendencia se ha mantenido. Esto indica que el éxodo ha disminuido dramáticamente y que más colombianos están regresando al país (aunque los datos también reflejan la reciente exigencia de visa en prácticamente todas partes).

Pero quizás el indicio más claro de que la confianza ha retornado es el crecimiento de la inversión, que se ha reflejado, entre otras cosas, en la cartera del sector financiero, que ha vuelto a crecer a buen ritmo después de cinco años de caída y estancamiento.

El hecho de que la economía esté creciendo a semejante ritmo este año ha sorprendido a todo el mundo, sobre todo porque este es un año de ajuste fiscal. No hay que olvidar que está en plena marcha la reestructuración del Estado, que implicará el despido de unos 10.000 servidores públicos y que desde enero pasado empezó a aplicarse una reforma tributaria que, entre otras cosas, amplió el cobro del IVA a nuevos productos de la canasta familiar y elevó el impuesto de renta. A esto hay que sumar las reformas laboral y pensional, el impuesto al patrimonio para financiar la seguridad democrática que terminó de cobrarse la semana pasada.

No fueron pocos los que advirtieron que el ajuste tendría un efecto recesivo. El gobierno nunca negó que lo tendría, pero siempre argumentó que las reformas eran necesarias para generar una mayor confianza de los inversionistas y que ésta garantizaría el crecimiento. A muchos esto les sonaba a cuento chino en su momento, pero la evolución reciente de la economía, junto con la percepción generalizada de que el repunte se origina en la confianza, parecen darle la razón al gobierno. El desenlace de este debate lo que muestra es que los pronósticos de los economistas son bastante relativos y que la sicología pesa mucho más de lo que la gente cree.

De no haberse hecho las reformas fiscales probablemente la situación económica hoy sería muy distinta. El gobierno se estaría viendo a gatas para conseguir plata prestada, la prima de riesgo que exigen los inversionistas externos por traer plata al país estaría disparada, y con ella el dólar y las tasas de interés. Con las medidas de ajuste Colombia mandó la señal de que se estaba agarrando por los cuernos al toro del déficit y la deuda pública. Esto, junto con la 'luna de miel' que ahora tienen los mercados financieros internacionales con Lula da Silva y a todo lo que suene a latinoamericano, bastó para garantizar la estabilidad y un entorno favorable al crecimiento en Colombia.

Pero nada asegura que la luna de miel continúe. La misión encomendada al ex ministro Junguito aún no se ha terminado. El ajuste fiscal sigue siendo una tarea incompleta, como son también insuficientes los resultados que se han logrado en materia de crecimiento. El tema fiscal y el de la deuda pública, que el Contralor ha seguido de cerca y que ha prendido acertadamente las alarmas, no se pueden descuidar un minuto. Hay que festejar que el PIB vuelva a crecer al 3,8 por ciento, pero también hay que recordar que el ingreso per cápita de los colombianos fue en 2002, 23 por ciento más bajo de lo que era en 1998. Tampoco hay que olvidar que hoy 60 por ciento del país vive por debajo de la línea de pobreza y hay cerca de 10 millones de personas en la miseria. El coletazo social que se dio con la crisis fue enorme y hacen falta muchos años de buen crecimiento para remontarlo.

En todo caso hay razones para pensar que en el futuro inmediato la economía seguirá creciendo. Las perspectivas económicas internacionales se ven mucho mejores tras el fin de la guerra en Irak. Estados Unidos está levantando cabeza. Incluso en Venezuela, aunque seguirá habiendo dificultades, se vislumbra una situación más estable de la que hubo en el primer trimestre. Sin embargo también hay oscuros nubarrones que se pueden cernir sobre el refrescante crecimiento de la economía colombiana.



Los nubarrones

El más inmediato es el referendo. Y este tiene dos peligros. El primero es si la Corte Constitucional hunde las preguntas que buscan apretar el ajuste fiscal. Es posible que vuelva la volatilidad en el precio del dólar y en las tasas de interés. Sólo un 'Plan B' pronto y certero, para lograr por otra vía los ahorros fiscales previstos en el referendo calmaría la turbulencia financiera. El segundo, y más importante, es que el referendo, no logre la votación suficiente. Aunque es poco probable con un Presidente con una popularidad por encima del 70 por ciento, el sabor plebiscitario que tiene el referendo puede poner en jaque la gobernabilidad en caso de que Uribe lo pierda. Y una derrota en las urnas del buldózer oficial caería como un baldado de agua fría en la incipiente pero vigorosa recuperación económica.

La relación con el Congreso también puede ser un obstáculo para que la reactivación se consolide. En las últimas semanas ha quedado en evidencia -sobre todo con la reforma política- que el Ejecutivo está perdiendo el control del Legislativo. Y un enfrentamiento entre estos dos poderes, sobre todo cuando el gobierno tiene tanto proyecto en salmuera, torpedea duramente el crecimiento. El perfil del nuevo ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, más de tecnócrata que de político, puede complicar estas relaciones cuando lo que más se necesita es precisamente una buena dosis de habilidad política. Para el viceministro Juan Ricardo Ortega, los empresarios saben que Colombia es el sitio para tener la plata si tres factores se mantienen alineados: Congreso, Uribe y Hacienda. "Esa es la cosmología de la salida de la crisis", dijo Ortega a SEMANA.

Por último, está el nubarrón del terrorismo. Y no hay que ser Nostradamus para saber que se vienen más ataques de las Farc a los grandes centros urbanos. En la medida que la estrategia de seguridad del gobierno empiece a dar resultados, como lo está haciendo, el coletazo de las Farc va a venir por el lado de los actos terroristas a los símbolos de poder. Esto sin duda minaría la confianza. Lo que todavía no se ha podido descifrar es qué tanto estos actos afectan los pilares del crecimiento económico. Dos ejemplos: la economía creció 3,8 por ciento en el primer trimestre de este año a pesar de las bombas de El Nogal y de Neiva. O recordemos 1989, el tristemente célebre 'año del terror', cuando fueron asesinados dos precandidatos a la Presidencia (Galán y Pizarro), estalló en pleno vuelo el avión de Avianca y explotó la bomba apocalíptica del DAS. Ese año la economía creció 3,4 por ciento. Sin duda el terrorismo afecta la economía, la pregunta es ¿qué tanto? Para el analista económico Javier Fernández Riva el componente de confianza no es tan importante como lo pintan. "La economía se puede hundir en medio del optimismo y puede crecer en medio del pesimismo".

Frente a este panorama futuro ninguno de los nubarrones es económico. Salvo un fuerte deterioro en el orden público, todos son políticos. Los economistas, con Junguito a la cabeza, han logrado sacar el paciente de cuidados intensivos. Pero todavía tiene los cachetes rojos y no lo puede coger un resfriado porque se puede agravar. Está ahora en manos de los políticos -y de la Corte- que el paciente salga del hospital.

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