Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2010/08/21 00:00

Biodiversidad: tesoro en riesgo

La riqueza natural no solamente es un privilegio que debe cuidarse para preservar la vida, sino que también ofrece grandes posibilidades de desarrollo económico.

“Somos un país de lagartos”, afirmó Eduardo Verano de la Rosa, gobernador del Atlántico, al asegurar que Colombia es el país con mayor diversidad en especies de anfibios en el mundo.

Edward Wilson, aclamado biólogo de la Universidad de Harvard que acuñó el término 'biodiversidad', manifiesta que esta es a Colombia lo que el petróleo es a Arabia Saudita. De allí que no sea para nada exagerado haber titulado 'Biodiversidad: tesoro en riesgo' el encuentro que organizaron en Santa Marta la Contraloría General de la Nación, la Escuela  Superior de Administración Pública (Esap) y Foros Semana.

En el año mundial de la biodiversidad, la información sobre la 'abundancia' de recursos naturales del país ha vuelto a tomarse las mesas de debate. La urgencia de su protección, pero también la necesidad de que esta se convierta en fuente de riqueza, como señala Wilson, han congregado a diferentes sectores.  

El eurodiputado Andrés Perelló, miembro de la Comisión de Medio Ambiente del Parlamento Europeo, quien estuvo en Colombia a propósito de este encuentro, fue claro en que la biodiversidad debería ser prioridad para el país a la hora de tomar las grandes decisiones económicas el crecimiento minero y energético. "Siento que en Colombia tienen el diagnóstico, saben qué se debe hacer, y que desde el punto de vista político están en la misma encrucijada que nosotros en Europa: decidir  si vamos a obtener un alto rendimiento en el presente y una gran hipoteca de futuro, o menos rendimiento en el presente y una mayor prolongación de la vida en el planeta y, por tanto, de la vida de la humanidad".

Por esta razón, Perelló comparte la idea de que es fundamental poner en valor económico a la biodiversidad. "Si no logramos discutir en paridad, en igualdad, con los mismos datos, la ciudadanía, aun en contra de sus propios intereses, se ubica del lado del objetivo de la riqueza inmediata". Agrega que los servicios ambientales que presta la biodiversidad se subvaloran porque no tienen valor de mercado, a pesar de que desempeñan un papel fundamental en la lucha mundial contra el hambre y son un instrumento vital en la lucha contra el cambio climático. Así mismo, la biodiversidad es fuente de crecimiento y de empleo. "En España tenemos 500.000 empleos verdes, es decir, casi el 3 por ciento de la población ocupada". Y señala que en la última década estos empleos se incrementaron el 235 por ciento. "Prefiero menos riqueza y más vida a más riqueza para no vivirla. Soy partidario de ganar menos y vivir más".

Parte de la dificultad de articular el crecimiento del sector productivo con la protección del ambiente ha sido la de acceder a la información. Para Fabio Arjona, director de la organización Conservación Internacional, esto ha hecho que "cuando ya se han dado las licencias para la construcción de una carretera, se advierte que hay una reserva natural, una zona arqueológica, un resguardo indígena o una comunidad
afrodescendiente". Para superar este inconveniente, la Contraloría General de la Nación presentó la herramienta Otus, un software de control fiscal basado en la información de diversas instituciones. Otus pretende acabar con las  que Arjona considera las tres tragedias de la información: "Que esta sea insuficiente, que la que existe no se utilice y que no esté disponible en un mismo formato".

Por su parte, Eduardo Verano de la Rosa, gobernador del Atlántico y ex ministro del Medio Ambiente, se refirió a los vacíos en la gobernabilidad ambiental del país. En su opinión, el afán de darle un soporte institucional a la actividad ambiental ha llevado a  "construir pedacitos para manejar partecitas". El resultado, una autoridad ambiental dispersa y débil, en la que diversos agentes manejan distintos temas, duplican funciones y a veces se contradicen. Considera que el manejo ambiental debe centrarse en los ecosistemas y no en departamentos, municipios o entidades territoriales. "Yo no puedo tener un plan ambiental para la Sierra Nevada de Santa Marta para Magdalena, otro para Cesar y otro para Guajira. Debe haber un plan general para toda la Sierra".

Para resolver la disputa entre desarrollo económico y protección de los ecosistemas propone más mecanismos de participación ciudadana, más información, capacitación del sector privado en el tema ambiental y, a la vez, pedirle al sector ambiental que tenga formación en desarrollo económico.

Pero también hubo espacio para mirar las posibilidades que ofrece la biodiversidad más allá de la simple conservación de los ecosistemas. John Bejarano es director del Fondo Biocomercio, que busca la sostenibilidad ambiental, social y económica en el uso de los recursos naturales nativos, regidos por parámetros claros y estrictos. La participación de Colombia en el mercado mundial en productos que utilizan insumos de la biodiversidad  es muy reducida y por esta razón se tiene un gran potencial de crecimiento en los mercados internacionales, estimado en unos 140.300 millones de dólares.

El país ha entrado en esos mercados de manera artesanal y por lo tanto no se pueden dar cifras reales de producción o exportación, dado que aún hace falta desarrollar un sistema de información confiable. "Colombia aún está en proceso de desarrollar el biocomercio y sus cadenas de valor. En este sentido se ha identificado cuáles ingredientes naturales para la industria cosmética, alimenticia y farmacéutica tienen un gran potencial para ser desarrollados como cadenas de clase mundial", señala Bejarano.  

La finalidad es desarrollar cadenas de valor del uso sostenible de la biodiversidad nativa con un alto grado de innovación, que sean representativas para la balanza comercial del país y con un esquema de distribución justa y equitativa, con el fin de  buscar la sostenibilidad ambiental. "Esto no es simple filantropía empresarial, se trata de buscar la prosperidad colectiva y desarrollar modelos de negocios sostenibles que prosperen ayudando a los demás, generando impacto positivo en lo social y en lo ambiental del país".

Por su parte, Katherine Garzón, directora de Biotechnova, una empresa dedicada a la innovación en biotecnología, señala que todavía queda un camino muy largo por recorrer. Opina que el biocomercio debe ser  mucho más que ponerle un empaque bonito a una fruta. Es necesario ofrecer un valor agregado. "La información que tenemos de las plantas útiles es anecdótica", señala. Hace falta conocer a fondo qué cantidades y en qué parte de las plantas se encuentran los principios activos que las hacen atractivas para la industria. La cadena que une al productor con el consumidor final tiene muchos eslabones débiles. Entre ellos, la ausencia de laboratorios de certificación. "Los industriales prefieren importar biotecnología en vez de trabajar con proveedores colombianos".  A la investigación en biodiversidad nativa se le ponen muchas trabas administrativas. Considera que hay muchos doctores y posgraduados capacitados, pero hacen falta técnicos, y que estos trabajos sean bien remunerados. "De 3.489 grupos de investigación que existen en Colombia, 790 están dedicados a la biotecnología. ¿Qué hacen? ¿Sus conocimientos se transfieren? ¿El país los conoce o sabe que existen?".

Y, como de costumbre, señala el gran obstáculo común a muchas actividades en Colombia: la comercialización.

Servicios ambientales, seguridad alimentaria y desarrollo económico a través del biocomercio y la innovación en biotecnología son algunos de los temas que Colombia debe tener en cuenta cuando ponga en la balanza la conservación y el manejo de sus ecosistemas naturales.

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