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| 4/13/2012 12:00:00 AM

Blog: Tropezón presidencial

El sábado, uno de los grandes momentos de la semana para Juan Manuel Santos era la clausura de la Cumbre empresarial en el Hotel Hilton, junto a los dos pesos pesados del continente, Dilma Rousseff y a Barack Obama.

Tropezón presidencial
(15 abr. 2012)


Apenas terminó la discusión, Santos atravesó con velocidad la sala de prensa, contigua al salón donde más de 800 empresarios escuchaban a los tres mandatarios.

 
En ese mismo momento, a unos kilómetros, los presidentes de las Américas estaban llegando al Centro de Convenciones. Santos tenía que recibirlo y su afán era natural.
 
Pero en su paso, rodeado de guardaespaldas, no se dio cuenta que varios cables corrían por el suelo.
 
La combinación entre el obstáculo y la velocidad presidencial terminó fatalmente con un tropezón. Santos logró recuperar su equilibrio a último momento y evitó así una penosa caída delante de todos los periodistas.

¿Qué le molestó a Cristina?
(14 abr. 2012)
 
La cara de Cristina Fernández de Kirchner salió poco en la transmisión de la instalación oficial de la Cumbre de las Américas.
 
Cuando las cámaras la 'poncharon', se le vio aburrida y poco concentrada en las palabras de Juan Manuel Santos.
 
En el momento que el presidente de Colombia terminó su discurso, la Kirchner le dijo algo al oído, que por la expresión que hizo el presidente, no debió dejarlo muy contento.
 
¿Será porqué Santos no pronunció ni una palabra sobre las islas Malvinas?


Obama desde el andén
(13 abr. 2012)
 
Rápida, poderosa y corpulenta. Así se vio la caravana del presidente Barack Obama en la calle.
 
Solo 43 segundos. Eso se demoró la monstruosa caravana del presidente Barack Obama pasando por delante de decenas de cartageneros y asistentes a la Cumbre de las Américas, que apenas supieron que el presidente de Estados Unidos había llegado, se agolparon sobre aceras, murallas, balcones o ventanas para verlo.

Los helicópteros de la Policía Nacional volaban por el cielo caribeño desde el principio de la tarde. A medida que se acercaba el aterrizaje del Air Force One, el zumbido se hacía cada vez más fuerte, invadiendo las calles de Cartagena, vacías y silenciosas porque la alcaldía declaró día cívico.

En la sala de prensa, en el Museo Naval, los periodistas se pegaron frente a la televisión, como si fueran moscas, para vivir en directo la llegada de Obama. Cuando se bajó de su Boeing, el afán fue generalizado. Algunos corrieron a sus computadores para mandar un cable y otros salieron a la calle para ver la imponente recua presidencial.

Trotando, pasaron por debajo de las murallas a esperar en las aceras de la Avenida Santander, que bordea el mar. Esperaron poco, pues no hay sino tres kilómetros entre el aeropuerto Rafael Nuñez y la ciudad vieja.

De pronto, motos de la policía, a más de 100 kilómetros por hora pasaron, abriendo el paso. Era la avanzada de los más de 32 vehículos de la columna presidencial. Había camionetas Chevrolet, equipadas con extrañas antenas, una camión Ford f350, llevando quién sabe qué secretos, un par de burbujas, ambulancias, vans y minibuses.

Y obviamente, pasó The Beast, la bestia de Obama, su limosina Cadillac de 300.000 dólares, blindada como una caja fuerte y pesada como un tanque. Ahí iba míster president, mirando el mar. Tal vez pensaba en lo extraño que es todo esto, tanta alharaca, estruendo y exageración por un sola persona.


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