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| 2/20/2010 12:00:00 AM

Bogotá busca su cielo

A través de la renovación urbana, Bogotá está a punto de vivir un 'boom' de proyectos de gran impacto para la ciudad que podrían cambiar su imagen y le permitirían obtener millonarios recursos, incluso para el metro. Pero su ejecución no es un camino de rosas.

La Torre Colpatria, el edificio más alto de Colombia y uno de los símbolos modernos de Bogotá, podría ser sobrepasada en los próximos años por otras gigantescas torres y complejos arquitectónicos que, en caso tener éxito, cambiarán la cara de la ciudad.

Bogotá está comenzando a vivir un nuevo Dorado, esta vez inmobiliario, de la mano de inversionistas de España, Alemania, Italia, Francia, Suiza, Brasil, Estados Unidos y, por supuesto, colombianos, entre otros, que han visto en el desarrollo de megaproyectos de renovación urbana un gran negocio y una oportunidad de obtener mejores resultados, de los que se pueden ver en Europa, Asia o Norteamérica.

Para nadie es un secreto que la crisis económica y financiera por la que atraviesan las grandes economías del mundo está haciendo que países como Colombia, y en especial Bogotá, se conviertan en una interesante alternativa para invertir y obtener utilidades muy superiores de las que hoy se ven en el Viejo Continente o Estados Unidos.

De hecho, la semana pasada fue lanzado al público el nuevo Hotel Bacatá que, con una inversión de 240.000 millones de pesos, busca construir dos torres: una de 66 pisos sólo para hotel, y otra de oficinas y apartamentos, además de un centro comercial. Todo un nuevo ícono de cristal que marcará la renovación del centro, donde la ciudad piensa invertir más de 300.000 millones de pesos para que más de 250.000 personas regresen a vivir allí. El Centro Cultural de España, Manzana 5 o el Hotel Continental, entre otros, hacen parte de ese cambio.

Lo que sorprende es que en este momento, según la Empresa de Renovación Urbana (ERU), se están adelantando 39 planes parciales de renovación, impulsados en su inmensa mayoría por el sector privado. Esta fiebre inmobiliaria y financiera ha hecho que la administración, en cabeza de la Secretaría de Planeación, haya decidido parar todas las solicitudes y hacer un alto en el camino para revisar a fondo este tema.

Por un lado, la administración buscará aclarar todas las normas para iluminar las zonas grises que puedan permitir abusos y futuros pleitos de los constructores en contra de la ciudad. Y por otro lado, buscará que los beneficios no sean sólo para los inversionistas, sino también para los actuales propietarios y residentes de las zonas en donde se quieren desarrollar los proyectos. Y por supuesto, para la ciudad, que espera, además de impuestos, plusvalías, parques y una reorganización urbana, "obtener una parte de las utilidades de los proyectos para financiar, entre otros, parte de las dos primeras líneas del metro", dijo a SEMANA Camilo Zea Gómez, gerente del Metro de Bogotá.

Néstor Eugenio Ramírez, gerente de la ERU, entidad creada hace unos años por el Distrito para desarrollar este tipo de proyectos, dijo a SEMANA que es evidente que no todos los 39 proyectos van a ser aprobados o son necesarios. Lo que la administración está haciendo, en cabeza de Planeación, es buscar la máxima claridad, transparencia y beneficio para la ciudad. "Si bien en este momento todas las solicitudes están detenidas, la intención es dejar andando las más sólidas y las que más necesita la capital".

Para comprender la aparición de plumas de construcción y grandes edificios que empezarán a ver los capitalinos, es necesario entender lo siguiente: Por una parte, el Distrito está decidido a promover planes de renovación urbana, en los que la ERU ayuda a gestionar y consolidar el suelo, para que los inversionistas privados los desarrollen. Un ejemplo de esto es la Estación Central, que hace parte de la Fase III de TransMilenio. Esta unirá rutas que cruzan la ciudad en la calle 26 con carrera 13, y con la futura primera línea del metro. Para no repetir los errores del pasado, en los que la ciudad compraba un pedazo de un lote para hacer un Portal o una gran estación, pero dejaba el otro pedazo libre en el que generalmente un privado construía un gran centro comercial y se quedaba con los réditos de esa inversión pública, la ERU, el IDU y TransMilenio comenzarán a desarrollar proyectos inmobiliarios que les permitan recuperar parte de las inversiones.

En la Estación Central, no sólo se venderá por subasta a un privado el derecho para hacer un centro comercial, sino que se hará un gran plan de renovación de 10,5 hectáreas, ubicadas entre las calles 24 y 27, y las carreras 13 y 17. Allí, a través de la consolidación de todos los predios y el cambio de normas, la ERU promoverá la construcción de edificios de oficinas y residencias. Este proyecto costará unos 650.000 millones de pesos, de los cuales la ciudad aspira a recibir entre el 20 y el 30 por ciento.

"Este esquema lo vamos a desarrollar en otros sitios de las troncales de TransMilenio y en las futuras estaciones y corredores del metro. La meta es promover proyectos urbanísticos, tal y como lo hacen en Brasil o Hong Kong, para financiar el Sistema Integrado de Transporte u otras obras que la ciudad requiera", dijo Ramírez.

Adicionales a estos planes están los de renovación de iniciativa privada que pretenden renovar zonas de la ciudad, como la Plaza de la Democracia, San Bernardo, Nodo Norte Calle 72, Proscenio, Almirante Colón y Conquistador o San Martín. Pero para hacerlo, deben surtir un complejo tramado de requisitos y procesos que los han vuelto prácticamente irrealizables en el país, a pesar de estar concebidos en la Ley desde la década del 70. Uno de los problemas, además de la ausencia de normas locales, está en que mínimo el 51 por ciento de los propietarios del suelo donde se va a desarrollar debe estar de acuerdo.

Para el concejal Carlos Vicente de Roux, los planes de renovación son indispensables para que la ciudad no se siga devorando la sabana, crezca en altura, libere espacio público y les dé a los habitantes un excelente equipamiento urbano, pero eso no significa que se tenga que hacer a buldózer limpio, borrando, pisoteando a los propietarios y residentes, y enriqueciendo a unos pocos. "En una operación de estas todos deben ganar. Por ejemplo, a un propietario de una casa o un lote de 120 metros no le deben pagar con un apartamento igual o su valor comercial, sino que debe recibir una parte de la utilidad".

A esto se suma la responsabilidad y la transparencia con las que deberán ser manejados estos procesos y evitar escándalos como el que protagonizó un senador del Polo el año pasado, que trató de influir en la asignación de un plan parcial.

Uno de los promotores de dos planes parciales, advirtió a SEMANA que éstos no sólo benefician a los propietarios, a la ciudad y a los inversionistas, sino que, de ser aprobados, se convertirán en un importante multiplicador de impuestos, empleos y consumo de bienes que produce la ciudad. Sólo en la Plaza de la Democracia habrá un hotel, centro de convenciones, Cade, comercio, apartamentos, oficinas y zonas que favorecerán a la capital como destino turístico.

Proyectos similares de gran envergadura y que reorganizarán zonas del norte de la ciudad son los que se piensa desarrollar alrededor de la Clínica El Country, ya que construir grandes torres alrededor de la Autopista y la Calle 85 permitirá al interior reordenar la movilidad y la convivencia.

Es indudable que varias zonas de Bogotá, como el Centro, el Siete de agosto, los Mártires, Teusaquillo, Chapinero y El Lago requieren urgentemente un plan de renovación para que no terminen convertidas en ollas inhabitables. De la forma como la administración Moreno les dé luz verde marcará la conquista del cielo capitalino o el comienzo de grandes escándalos y líos judiciales.
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