Martes, 6 de diciembre de 2016

| 2016/10/28 23:04

La historia del motel bogotano que se convertirá en centro corporativo

El antiguo Estadero del Norte cerró sus puertas para darle paso a la construcción de un edificio de oficinas.  

El Estadero del Norte cerró las puertas el 30 de septiembre. Foto: SEMANA

A su manera los moteles como las bibliotecas guardan historias de todo tipo, entre ellas están las de los amores furtivos, romances que quedaron a la deriva, sueños de alcoba y traiciones.  

Este no es un tema para la banalidad. Así lo consideró Gay Telese, tal vez el periodista y escritor norteamericano vivo más reconocido y quien publicó una biografía de Frank Sinatra y se sumergió en el mundo de la mafia de Estados Unidos para contar su génesis. Talese tuvo curiosidad por conocer la vida de los moteles.

En 1980 este periodista decidió contar la historia de motel en Aurora (Colorado), el escritor no pudo resistirse a la tentación luego de que el propietario jurara que espiaba a sus clientes desde el techo. El relato tuvo el pomposo nombre de “El motel del voyeur”. Tras la publicación de un fragmento en la revista The New Yorker, inconsistencias encontradas por periodistas dejaron en entredicho la veracidad de la historia.

Lo que no está en duda es el cierre de uno de lo moteles más tradicionales de Bogotá y que por años llevó un nombre de ‘Estadero del Norte’. Un lugar camuflado en un barrio obrero llamado Britalia las Margaritas, pero al que asistían parejas con un alto nivel adquisitivo que podían pagar entre 100.000 y 150.000 pesos por una habitación.

El Estadero del Norte, ubicado en la calle 164 con carrera 45, fue célebre porque era el único sitio de esa zona de la capital para el disfrute del amor. Allí entre frondosos árboles plantados a la entrada, llegaban mimetizados en sus vehículos empresarios, políticos, comerciantes y algunos vecinos de barrios aledaños.  

Por años este lugar fue el sitio más reconocido de quienes podían pagar una noche en un cinco estrellas de este tipo de servicios. Una vez las parejas cruzaban la puerta, un hombre los guiaba hacia las habitaciones que en realidad eran pequeñas casas que tenían parqueadero cubierto. Los más afortunados y adinerados pagaban cuartos con jacuzzi o sauna en un servicio que era las 24 horas los siete días a la semana.

En las décadas del 80 y 90 no había otro lugar con este tipo de servicio que se le pareciera. Contaba con bar y un restaurante de lujo en el cual se preparaban platos a la carta. Todo llegaba desde la cocina hasta una pequeña ventanilla ubicada en el parqueadero.  

A diferencia de otros lugares que tienen el mismo propósito, los propietarios del Estadero siempre privilegiaron el bajo perfil, de ahí que este lugar no llevara nombres sugestivos.

En lo posible el administrador se abstenía de llamar a la Policía a pesar de que el escándalo tomara grandes proporciones. “Este era un sitio muy discreto a uno lo que menos le interesaba era verle la cara al cliente”, cuenta Luis López quien por 33 años trabajó en este lugar como mesero.   

El fin

El Estadero del Norte inició su funcionamiento a finales de la década del 70, en un momento en que alrededor solo había potreros. Con el paso del tiempo en la zona se construyeron casas y luego edificios que fueron minando la discrecionalidad del lugar.

También lo hizo un puente peatonal que fue construido justo al lado y que permitía a los transeúntes observar lo que ocurría adentro. Con el paso de los años esa circunstancia también minó la confianza de los clientes ante el temor de ser descubiertos.  

Un bajón en las ventas y una propuesta irresistible para la compra del terreno hicieron que los herederos de los primeros propietarios decidieran acabar con el mítico motel y con ello darle paso a un frío edificio de 12 pisos de oficinas y servicios financieros en una zona residencial. “Es lógico que a uno le dé nostalgia esa era la segunda casa y los compañeros la segunda familia”, dice Luis mientras se toma un tinto en una cafetería cercana.   

El 30 de septiembre el Estadero del Norte cerró sus puertas y sus 15 empleados abandonaron el lugar dejando atrás los recuerdos y anécdotas del motel que por años fue el más importante del norte de Bogotá y que recuerda la canción del salsero David Pabon: Aquel viejo motel...

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