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| 10/25/2015 10:00:00 AM

Bogotá, la disputa por la joya de la corona

¿Qué pasa si ganan Peñalosa, Pardo, Clara o Pacho? ¿Y si pierden? Es mucho lo que se juega en la campaña para la Alcaldía de Bogotá.

La elección para la Alcaldía de Bogotá tiene unas características especiales y el domingo en la noche va a concentrar la mirada de todo el país. La capital es la joya de la corona. Ganar en esta plaza tiene un significado político y simbólico muy fuerte. Basta observar la nómina de candidatos y el peso que les da su trayectoria: Enrique Peñalosa, Rafael Pardo y Clara López han sido aspirantes presidenciales y Francisco Santos ejerció la vicepresidencia de la República durante ocho años. Peñalosa ya fue alcalde, y López y Pardo también lo hicieron como encargados. Además, Pardo y López han sido jefes de sus partidos, el Liberal y el Polo Democrático, respectivamente. El nuevo alcalde probablemente recibirá este domingo 25 de octubre la votación más alta de todo el país, aunque este lugar se lo puede disputar quien gane la Gobernación de Antioquia.

(Vea las propuestas de Enrique Peñalosa en video con Semana.com)

Las apuestas por el poder en Bogotá son altas. Cambio Radical, con Peñalosa; los liberales y La U, con Pardo; la izquierda, con Clara López, y el uribismo, con Pacho Santos se juegan el todo por el todo. El triunfo en Bogotá sería suficiente para catalogar toda la jornada como una victoria. Es una lucha de titanes, un combate de pesos pesados en la que los otros tres candidatos –Ricardo Arias, Daniel Raisbeck y Alex Vernot- no cuentan y apenas bordean un 1 % en la intención de votos. La competencia por la capital es casi equivalente a una competencia por la Presidencia.

(Las propuestas de Rafael Pardo a la Alcaldía de Bogotá en entrevista con Semana.com)


Cambio Radical, el partido que avaló a Enrique Peñalosa, fue el más arriesgado. La colectividad del vicepresidente Germán Vargas Lleras se apartó de los otros dos compañeros de la Unidad Nacional –liberalismo y La U- para atravesársele a Rafael Pardo, exministro del gobierno Santos y hombre de sus entrañas. Esta disputa, en el seno de la coalición de gobierno, marca el punto de partida para una competencia en 2018 de candidaturas individuales de cada uno de los tres partidos que la componen.

Falta ver si el anticipo de esa competencia, y las heridas que dejará la campaña de los últimos meses en Bogotá, pondrán en peligro a la Unidad Nacional como alianza de gobierno, así como de bancadas parlamentarias en lo que falta del cuatrienio. Lo claro es que una eventual derrota de Peñalosa dejaría a Cambio Radical mal parado en el gobierno y una victoria, por el contrario, sería la cuota inicial de la campaña presidencial de Germán Vargas Lleras.

Estas elecciones también serán cruciales para los liberales. Volver al poder en la capital –después de Jaime Castro, hace 25 años- sería un paso gigante hacia su recuperación, una señal de vigencia y un argumento para mostrarse como una fuerza en recuperación. La derrota, en el otro lado de la moneda, desteñiría aún más  el trapo rojo que, con contadas excepciones, ha perdido relevancia, sobre todo en los centros urbanos. Para la Unidad Nacional, perder Bogotá significaría una muestra de debilidad muy prematura para una coalición que, en cabeza de Juan Manuel Santos, todavía tiene por delante casi tres años en el poder.

(Pacho Santos habla de su plan de gobierno para Bogotá)

El uribismo también estará muy pendiente del resultado en Bogotá. Una victoria de Pacho Santos significaría que el Centro Democrático ingresa a la competencia electoral a nivel nacional con pie derecho (solo lo había hecho en la contienda electoral del año pasado)  y con vocación de disputar el primer lugar como fuerza política. Demostraría que no se trata de un fenómeno caudillista y personal, incapaz de institucionalizar el apoyo que concita el expresidente Álvaro Uribe.

Y que, en consecuencia, la votación de Óscar Iván Zuluaga en 2014 –con un peso significativo en Bogotá- no fue un fenómeno pasajero sino un eslabón de una cadena ascendente hacia la conformación de un partido de verdad. La derrota de Pacho ratificaría la hipótesis de que el uribismo sin Uribe es débil, sobre todo por fuera de Medellín, donde juega de local. Corroboraría que la popularidad del expresidente no es endosable, o solo lo es bajo condiciones muy particulares.

La continuidad de la izquierda en el poder bogotano, en cabeza de Clara López, es una carta con la que esta facción se juega casi todo: una cuota de poder muy valiosa y la consolidación de un proceso de reunificación que se ha iniciado en la campaña actual bajo el nombre de Clara, quien aglutina al Polo, el petrismo, la Unión Patriótica y Mais. Su victoria podría presentarse como una prueba de que el rechazo a las administraciones del Polo y de Progresistas no es unánime en la ciudad, ni siquiera mayoritaria, sino un discurso de los  detractores de la izquierda. Y que los logros sociales de las administraciones de Lucho Garzón, Samuel Moreno y Gustavo Petro han sido bien registrados por quienes se han beneficiado de ellos.

(Vea a Clara López hablando de sus propuestas para Bogotá en entrevista con Semana.com)

Una eventual derrota de Clara, por el contrario, ratificaría la imagen de que la izquierda es inepta para gobernar y que sus malos resultados de gestión –en áreas como movilidad y seguridad- produjeron un voto de castigo para sacar a la izquierda del poder. El traspié haría difícil su futuro político y electoral de corto plazo.

Todas las elecciones de gobernadores y alcaldes, desde luego, son importantes. Y la suma de resultados para todos los partidos, fuerzas y líderes pesarán más que las elecciones en Bogotá. Los conservadores y la Alianza Verde, por ejemplo, ambos sin candidato en la capital y divididos en el apoyo a los diferentes aspirantes, tendrán sus ojos puestos en otras ciudades y regiones. Aun así, el que gane en Bogotá se llevará la joya de la corona.
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