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| 1/22/2017 12:40:00 PM

‘Libertad’, el primer toro de la tarde en la Santamaría

Pertenece a la ganadería de Ernesto Gutiérrez Arango y será lidiado por el peruano Roca Rey y su cuadrilla. Los toros ya fueron sorteados y de los corrales pasaron a los toriles. Entre disturbios y manifestaciones arrancó la jornada.

Es de pelo negro, pesa 471 kilos y nació en julio del 2012. Se llama ‘Libertad’. Será el primer toro, en cinco años, en salir a la arena de la Santamaría. Desde el 19 de febrero del año en que nació, no se ha lidiado un solo toro en la que es considerada la principal plaza de toros del país. Curiosamente el último toro que había salido también pertenecía a la ganadería de Ernesto Gutiérrez Arango, ubicada en Manizales.

Los toros son ‘bautizados’ en el momento de salir de la ganadería. La tradición señala que llevarán el nombre en masculino de la madre, “de la vaca que los parió”, como dicen los españoles: si la vaca se llama Caprichosa, el toro se llamará Caprichoso. Pero en casos excepcionales los ganaderos deciden capotear la tradición y usar el nombre de los toros con el propósito de hacer algún tipo de reconocimiento o de homenaje.

Miguel Gutiérrez y su hijo Marcelo, los ganaderos, sabían que este domingo había que apartarse de la tradición. La primera corrida en cinco años los motivó a tomar una decisión. Ponerle el nombre de “Libertad” al primer toro que se asomará por la llamada “puerta de los sustos”. “Un sencillo homenaje, un reconocimiento a la afición de Bogotá que ha esperado cinco años”, dice Marcelo.

Andrés Roca Rey, con apenas 20 años, es el nuevo fenómeno del toreo mundial. Es peruano, pero ha triunfado en todas las plazas españolas, Madrid, Sevilla, Pamplona incluidos. Los que lo han visto aseguran que es una especie de kamikaze, y se preguntan si en la historia del toreo alguien ha despreciado tanto la vida como el matador inca. Nunca ha toreado en Bogotá, y por eso confirmará su alternativa en la Santamaría, es decir, ratificará en la plaza de Bogotá su condición de matador de toros. Por eso será el primero en salir al ruedo. Sólo en cuatro plazas en el mundo se confirma la alternativa, Las Ventas de Madrid, la Plaza México de Ciudad de México, el Coliseo Romano de Nimes (Francia), y la Santamaría de Bogotá.

Los seis toros de Ernesto Gutiérrez fueron sorteados minutos después de las 11:00 de la mañana en los propios corrales de la plaza, bajo un cielo azul, despejado de nubes. Tras varios minutos analizando las hechuras de los toros, los apoderados y banderilleros de los tres espadas matadores conformaron tres lotes, con dos toros cada uno, con el propósito de que, en teoría, los matadores tengan las mismas posibilidades de triunfar. Juntaron el más alto con el más bajo, el más pesado con el menos, y el de más cornamenta con el más cómodo de pitones.

El sorteo, la ceremonia en la que los matadores se reparten los toros, tiene mucha parte de rito. El banderillero del primer espada, en este caso Álvaro Montes, quien va con El Juli, sacó tres papelillos de fumar, o cueros como dirían los hippies. En ellos apuntó los números de los toros, los que llevan en el lomo y con los que eran identificados en la ganadería. El banderillero del tercer espada, es decir de Roca Rey, Álex Benavídez, agarró los papelillos, los dobló y arrugó hasta convertirlos en tres bolitas de igual dimensión, todo ante el escrutinio de Gustavo García, el banderillero de Luis Bolívar. Luego los metió en un sombrero de uno de los miembros de la junta técnica de veterinarios de la plaza. Y cuando se desearon suerte, los banderilleros, en el mismo orden, metieron la mano en la copa del sombrero, uno por uno, y sacaron una de esas bolitas. Benavídez, quien ha hecho leyenda por llevarse los mejores lotes, dice que está vez no fallará. 

El primero en meter la mano fue el subalterno de El Juli, el torero español que es considerado como el Lionel Messi del toreo. Volverá a la Santamaría y lidiará en segundo lugar a Patasola, de 468 kilos, y en cuarto turno a Baroncito, que pesó 475 kilos.

Luis Bolívar, el principal torero colombiano del momento, en cuyos hombros cae el orgullo de los toreros nacionales, saldrá para lidiar el tercero y el quinto toro de la corrida. Primero se enfrentará a Epazote, de 464 kilos, y cerrará su actuación con Tapir, con 482 kilos.

El peruano Roca Rey cerrará el festejo con el toro Esperanza, de 512 kilos, al que los ganaderos también decidieron cambiarle el nombre. Marcelo Gutiérrez dice que es el nombre de la finca de la ganadería, pero también es el deseo de que no sea el último toro que se lidie en la Santamaría.

Tras el sorteo, Libertad y los demás toros pasaron de los corrales a los toriles. Una paradoja, pues ahora están encerrados a la espera que se les abra la puerta.

Desde primera hora la plaza amaneció fuertemente custodiada. Las vallas de seguridad se instalaron entre la Carrera Quinta y la Séptima, desde el planetario hasta el Museo Nacional. Los vecinos del sector, especialmente de las Torres del Parque, se han quejado porque ni siquiera les permiten caminar por donde siempre lo hacen.

Las puertas de la plaza se abrieron a partir de la 1:00. Las paredes aún huelen a cemento y pintura fresca, y las escaleras aún dan fe de las aceleradas obras de reforzamiento estructural de la Santamaría.

El ruedo está cubierto en su totalidad por una especie de lona para proteger la arena de la lluvia, precaución que se ha tenido toda la semana, aunque este domingo no se ven nubes encima de Monserrate, el que nunca falla a la hora de predecir lluvias. Si llueve, la corrida sólo se suspendería si el director de lidia, El Juli, determina que el suelo no brinda las garantías. De pasar eso, y así haya salido un solo toro, la corrida se da por terminada sin derecho a devolución del dinero.

Por los alrededores de la plaza se respira un ambiente de tensión a medida que se acerca la hora de que vuelvan a sonar clarines y timbales. En la plazoleta de la iglesia de San Diego se espera una manifestación antitaurina.

Los toreros, El Juli, Bolívar y Roca Rey están en la ciudad desde el viernes, y en estos momentos se encuentran en la habitación de un hotel. Allí se vestirán de luces y, según el reglamento, deberán estar 30 minutos antes de iniciar el festejo. Los picadores y banderilleros se visten en los camerinos de la plaza.

Entre manifestaciones y disturbios

Mientras los amantes de la fiesta brava celebraban el regreso de los toros, los antitaurinos estaban de ‘luto‘. En el Parque de la Independencia se realizó una puesta de escena en la que participaron aproximadamente 50 personas. En silencio y sosteniendo cada uno una letra, formaron la frase "Ellos serán masacrados", mientras otro grupo sostenía las fotografías de los toros "para poner rostro a las víctimas", explicó Andrea Padilla, de Anima Naturalis.

Esto sucedió en calma, sin embargo, minutos después se presentaron disturbios. Algunos manifestantes lanzaron bombas caseras y el ESMAD hizo presencia e intervino con gases lacrimógenos. La situación se logró controlar y las manifestaciones continuaron de manera pacífica.

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