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| 6/2/1997 12:00:00 AM

BOGOTA A SECAS

Justo cuando se creía superado el problema del agua para Bogotá un nuevo derrumbe hizo inevitable el racionamiento.

El pasado lunes 28 de abril el gerente encargado de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá _Eaab_, Luis Alberto Jaramillo, anunció lo que todos los bogotanos habían estado esperando durante más de tres meses: la emergencia de agua había sido superada. En efecto, luego de 90 días de trabajo de 150 hombres en el túnel de Chingaza, donde se registró un derrumbe que puso a Bogotá al borde del racionamiento de agua, la noticia anunciaba que no habría suspensión en el suministro del líquido para los ocho millones de habitantes, incluyendo el área metropolitana. Jaramillo indicó que la emergencia le había costado a la capital 8.000 millones de pesos y aseguró que la obra no volvería a fallar por lo menos en los próximos 25 años. Ese anuncio quedó poco menos que en el ridículo cuando un nuevo desastre se presentó en otro tramo del llamado Túnel de Palacio Rioblanco, que va desde Ventana hasta Chuza con una extensión de 18 kilómetros. La alarma se inició cuando los técnicos de la Eaab, el pasado miércoles en la tarde, descubrieron que el agua que estaba llegando de Chingaza a la planta Wiesner parecía barro. Según el gerente de la empresa, "siempre estuvo previsto que luego de las obras de los últimos meses el agua iba a llegar algo turbia debido a la limpieza normal del ducto. No obstante, luego de los primeros análisis del líquido se descubrió que la excesiva turbiedad era consecuencia de un derrumbe". Aunque hasta ahora no se conocen las dimensiones ni las causas del desastre, y tampoco el tiempo que va a transcurrir para recuperar el tramo del túnel, lo cierto es que el racionamiento de agua para Bogotá, que con tanto trabajo se había evitado en la emergencia inicial, es inminente. Por esta razón a partir de esta semana cerca de 200 barrios del oriente y occidente de la ciudad no tendrán agua uno de cada tres días. La determinación afectará a cerca del 40 por ciento de los habitantes de la ciudad y hay quienes afirman que la emergencia durará más de tres meses.
Que pasó
Una vez se conoció la nueva situación en el túnel varios técnicos de la Eaab cerraron las válvulas que permitían el proceso de despresurización, el cual estaba en marcha para normalizar el suministro luego de los trabajos. Según Mauricio López, gerente de la Asociación Colombiana de Ingeniería Ambiental y Sanitaria _Acopal_, "cuando se presentan situaciones de este tipo no es tan fácil cerrar de un momento a otro las válvulas para aislar el derrumbe. Los cambios de presión que se presenten pueden afectar drásticamente las paredes del ducto". Y precisamente por eso el proceso se llevó a cabo con paciencia y en varias etapas: la primera parte del procedimiento consistió en cerrar muy lentamente una válvula llamada Howell Bunger, en el punto Ventana, para desaguar el túnel sin modificar abruptamente la presión. Después se continuó con la segunda etapa, que buscaba cerrar la bocatoma del embalse de Chuza, 18 kilómetros cordillera arriba. Una vez realizadas las dos primeras fases del proceso, aún faltan tal vez las más importantes: desaguar cerca de 200.000 metros cúbicos de agua que todavía están encerrados en el tramo y vaciar cuidadosamente la parte llena, donde se presume que está el daño. De acuerdo con los cálculos de la Eaab, por cada hora se desocupa medio metro de agua y, así las cosas, la etapa de despresurización del ducto durará de cinco a siete días. Más adelante lo que vendrá es la localización del derrumbe, el retiro de los escombros y su reconstrucción. Ante esta situación (que reproduce casi exactamente lo vivido hace tres meses), y durante el tiempo que dure la emergencia en Chingaza, Bogotá se abastecerá de las reservas de agua que quedan en el embalse de San Rafael, de cuatro pozos que se alimentan del río Blanco, del embalse de la Regadera y de la planta de Tibitoc. Pero esta vez la situación del suministro de agua es mucho más crítica, precisamente porque apenas se estaba saliendo del primer problema, durante el cual se gastó buena parte del agua del San Rafael. Según Jaramillo, para que no se acaben las reservas será necesario combinar el racionamiento con el ahorro del 10 por ciento que los bogotanos alcanzaron durante la emergencia pasada y el uso del agua de cuatro pozos del sistema Chingaza. Por su parte Rubén Darío Avendaño, economista y consultor especializado en el tema del agua, afirmó que "si bien el programa de ahorro que adelantó el alcalde Antanas Mockus arrojó muy buenos resultados, ahora es necesario sancionar con tarifas más costosas o con racionamientos a quienes despilfarren el líquido". Soluciones
Más allá de buscar culpables de este racionamiento de agua lo que interesa es encontrar nuevas soluciones para afrontar la emergencia. De hecho, hasta el momento se han planteado ante la Alcaldía de Bogotá y la Eaab estrategias a corto, mediano y largo plazo. A corto plazo, por ejemplo, se busca estabilizar el sistema Chingaza luego de esta segunda contingencia y esperar aproximadamente tres meses para que el embalse de San Rafael recupere su nivel de agua. De esta forma, y contando con este embalse, se podría llevar a cabo un mantenimiento adecuado de Chingaza. Así mismo se plantea la construcción de Chingaza II, un nuevo sistema conformado por túneles situados arriba del actual junto con conducciones hasta el embalse La Playa. A mediano plazo se plantean diseños de ampliación de Chingaza y del embalse de La Regadera en Tunjuelo. Y a largo plazo, lo que se pretende es hacer realidad el proyecto de Sumapaz Medio. Este proyecto, según el gerente de la Eaab, "consiste en construir desviaciones de quebradas que son conducidas al embalse del Alto Muña, cuyas longitudes sumadas dan 79 kilómetros de diámetro. Hasta ahora estamos en el proceso de prefactibilidad pero desde ya este proyecto parece ser una gran alternativa". Según esto y como lo afirmó Oscar Mejía, ex ministro de Minas y experto en construcción de túneles, "lo único que queda claro es que Bogotá no puede darse el lujo de depender de un túnel que en cualquier momento se puede venir al suelo. Bogotá es una ciudad de ocho millones de habitantes y al faltar el agua el problema alcanza dimensiones descomunales. En esto no se pueden ahorrar ni esfuerzos ni dinero porque afecta directamente la salud de cada uno de los habitantes de Bogotá.
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