Viernes, 20 de enero de 2017

| 2000/09/11 00:00

Bogotá sigue rica

A pesar de lo que se dice, el próximo alcalde de la capital recibirá unas finanzas sanas y tendrá capacidad de maniobra para hacer una buena gestión.

Bogotá sigue rica

Escribía un par de meses atrás el columnista Rudolf Hommes que la llave “ideal” para gobernar a Bogotá era la dupla Mockus-Peñalosa, pues mientras aquél “piensa, planea, y busca recursos”, éste “impone su visión a la fuerza, hace y gasta”.

Aunque muchos bogotanos comparten la percepción de Hommes, no hay ningún elemento financiero que concluya que el ex alcalde Antanas Mockus no haya ejecutado o que el actual alcalde, Enrique Peñalosa, no haya dejado plata. Son apreciaciones —compartidas incluso por algunos candidatos a la Alcaldía— que no encajan con la fría realidad presupuestal.

Esa convicción colectiva contribuyó hace tres años a crear una atmósfera de control ciudadano alrededor de Peñalosa, porque se creía que “la plata estaba en los bancos”. Pero ahora puede resultar dañina, pues muchos bogotanos creen erróneamente que las arcas están vacías, y que ello le va a impedir a quien resulte elegido o elegida adelantar su programa, mantener las nuevas obras o, peor aún, culminarlas.



Sin deficit

Cuando concluyó el período Mockus, el Distrito Capital tenía un presupuesto equilibrado: gastaba un poco menos de lo que recibía. Así, al finalizar 1997, había un superávit fiscal de 93.000 millones de pesos. “Ese mito de que Mockus era un tipo ahorrativo y pésimo administrador es pura carreta”, dijo a SEMANA el actual secretario de Hacienda, Carlos Sandoval. “Es más, los niveles de ejecución presupuestal de la administración pasada fueron superiores al 90 por ciento durante los tres años”.

La gran cantidad de obras que ha emprendido la administración Peñalosa le ha exigido conseguir nuevas fuentes de financiamiento. Presentó varias fórmulas para captar recursos, de las cuales no han prosperado la venta de la Empresa de Teléfonos de Bogotá (ETB) ni los cobros del alumbrado público y de peajes. Otras en cambio triunfaron: la sobretasa a la gasolina (propuesta por Peñalosa como alcalde-electo e impulsada por la saliente administración Bromberg); la reducción del capital de la Empresa de Energía de Bogotá (EEB); un plan antievasión y la reestructuración de 17 hospitales, entre otras.

Por eso, a pesar del aumento en la inversión, la administración Peñalosa ha mantenido presupuestos equilibrados. Para este año se tenía calculado un presupuesto de 9,93 billones de pesos, pero a raíz de la crisis, los recaudos de impuestos predial e industria y comercio disminuyeron, y además no se pudo seguir cobrando el impuesto por uso del espacio público. En consecuencia, la administración tuvo que recortar gastos para mantener sus finanzas en equilibrio. Se estima entonces que este alcalde dejará 50.000 millones de pesos de superávit este año y un presupuesto equilibrado para 2001.

Con estas cuentas en mente, Peñalosa es enfático al decir que las obras que hoy se ven en las calles están financiadas y las que no se terminan este año, ya tienen su financiamiento asegurado. Y que esto no depende de la venta de la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá. Claro está que, si ésta finalmente no se vende en esta administración las obras nuevas que tenía planeadas el alcalde no van a poder iniciarse.



La deuda

Mucha gente también cree que Bogotá está sobreendeudada. Tampoco es cierto. Según un documento preparado por Israel Fainboim, investigador de Fedesarrollo, la deuda de la capital pasó de 745.000 millones en 1997 a cerca de un billón en 2000. “Es un aumento realmente muy pequeño”, concluye el estudio. Fainboim dijo, además, que la deuda pensional del Distrito no afectará negativamente en el futuro la situación financiera distrital. Los indicadores para evaluar el endeudamiento del sector público confirman esta visión (ver gráficas).

Por ejemplo, el del saldo de la deuda como porcentaje de los ingresos corrientes del Distrito se encuentra en 47 por ciento, cuando el tope máximo permitido por ley es de 80 por ciento. En otras palabras, quien llegue a ser alcalde tendrá igual capacidad de endeudamiento que sus antecesores y tendrá obligaciones similares de amortizar la deuda. Estas cifras le han merecido a Bogotá la calificación de riesgo doble A por parte de la firma Duff and Phelps.



Nuevas obras

Una preocupación bastante frecuente entre los ciudadanos es cómo costear el mantenimiento de las obras nuevas. La respuesta de expertos y de la Alcaldía es que la mayoría se financiará con ingresos ya asegurados. Es el caso del mantenimiento de las vías con cargo a la sobretasa a la gasolina: los acueductos, alcantarillados y canalizaciones de aguas negras se costearán con tarifas que ya fueron incrementadas; y el medio centenar de colegios públicos nuevos, podrá ser mantenido con los recursos que se ahorran al ser operados por concesión por colegios privados.

No está tan claro, en cambio, cómo se van a mantener otras obras, como los parques y separadores y nuevos árboles. La Alcaldía afirma que está buscando la manera de dejarlos financiados, pero aún no tiene nada asegurado. Es un riesgo grande que un gobierno futuro tenga que dejar morir los árboles jóvenes, más cuando se talaron tantos de los viejos.

Mantener y operar las cuatro megabibliotecas que quedarán terminadas el primer semestre de 2001 demandará cuantiosos recursos. El Distrito creó un fondo-cuenta en junio pasado para financiarlas que espera se alimente de un pequeño porcentaje (1 por ciento) que se le aplicaría a las utilidades de las empresas del Distrito. No obstante, esto aún tiene que ser aprobado por el Concejo. También sostiene que el fondo se nutrirá de recursos del sector privado.



Habrá futuro

Es claro que quien gane las elecciones de octubre próximo heredará unas finanzas que llevan ya casi una década de buen manejo. Los ingresos son crecientes, el gasto controlado, tiene cada vez más recursos para inversión y una deuda que se puede pagar con holgura.

Con el horizonte financiero despejado, “el debate político tiene que reorientarse a los temas de fondo de la ciudad, como el sistema masivo de transporte o a la calidad de la educación”, afirma Alberto Carrasquilla, decano de la facultad de economía de Los Andes.

En este sentido, el alcalde que gobierne desde 2001 tiene varios desafíos. Lo primero, asegurar que la eficiencia y la gestion sigan como han venido en las últimas administraciones y no devolverse a la politiquería del pasado. Lo segundo, continuar gestionando recursos frescos que le permitan hacer nuevas obras y ponerse al dia frente al enorme atraso de la malla vial, de la cobertura en salud y educación, en vivienda, transporte masivo y alcantarillado que había acumulado la ciudad y que sólo en los últimos años ha comenzado a saldarse.

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