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| 8/14/2000 12:00:00 AM

Bové y el maíz transgénico

La acción tuvo lugar el 8 de enero de 1998. Ese día, 120 miembros de la Confédération Paysanne (CP) ingresaron a un almacen de la compañía Novartis en la ciudad francesa de Nérac y destruyeron cinco toneladas de semillas de maíz transgénico.

La acción tuvo lugar el 8 de enero de 1998. Ese día, 120 miembros de la Confédération Paysanne (CP) ingresaron a un almacen de la compañía Novartis en la ciudad francesa de Nérac y destruyeron cinco toneladas de semillas de maíz transgénico. Fue su manera de protestar contra una decisión tomada por el gobierno francés que permitía la producción de este tipo de maíz en dicho país. Para inutilizarlo, lo mezclaron con semillas de maíz natural y lo humedecieron. El producto de Novartis, de acuerdo con informaciones de la prensa europea, "es genéticamente modificado a través de la adición del gen Bt, para que resista el ataque del gusano barredor europeo del maíz. También es resistente a los herbicidas y contiene un gen de resitencia antibiótica introducido como un marcador".

Novartis pidió un millón de dólares estadounidenses por los daños. El juicio se llevó a cabo en febrero de 1998. La empresa recibió 500.000 francos de compensación. José Bové y René Reisel recibieron una pena de ocho meses de cárcel. La siguiente es la declaración que hizo Bové durante el juicio. Viene al caso porque el propio Bové durante su visita a Colombia insistió en que los campesinos se opongan al cultivo de maíz transgénico en sus campos.





3 de febrero de 1998, Agen, Francia.



Madame,



Hoy estoy presente en esta Corte con René Riesel y Francis Roux, acusados de haber cometido, de acuerdo con la ley, un crimen serio. El supuesto crimen es la destrucción de costales de maíz genéticamente modificado. Sí, es serio, y por eso asumo toda la responsabilidad. No me voy a esconder detrás de una responsabilidad colectiva y anónima. Como agremiado de la Confédération Paysanne, creo en la capacidad de todos para actuar como individuos. En nuestra unión no hay una jerarquía de responsabilidad. Cada miembro juega un papel determinante en la construcción de su futuro, y está enteramente comprometido con ello. La fuerza de nuestro movimiento está en la determinación de movilizar a individuos libres que aceptan todas las consecuencias de sus actos sabiendo cabalmente el motivo de éstos.

Sí, el 8 de enero participé en la destrucción de maíz genéticamente modificado que estaba almacenado en los silos de granos de Novartis en Nérac. Y de lo único que me arrepiento es de no haber podido destruir más.

Yo sabía que al actuar de esta manera estaba haciendo algo ilegal. Pero era necesario, y no tuvimos otra alternativa. La manera en que los productos agrícolas genéticamente modificados han sido impuestos en los países europeos no nos dejó otra opción.

¿Cuándo hubo un debate público sobre los organismos transgénicos? ¿Cuándo fueron consultados los agricultores y los consumidores sobre esto? Nunca.

Las decisiones han sido tomadas a nivel de la Organización Mundial del Comercio (OMC), y la maquinaria del Estado está en mancuerna con la ley de las fuerzas del mercado. La OMC dicta su propia ley sobre la apertura de las barreras comerciales. La obligación de importar carne bovina hormonada de Estados Unidos es un buen ejemplo de esto. El pánel de la OMC, el verdadero policía del comercio mundial, decide qué es "bueno" para ambos países y su gente, sin consultar o tener el derecho de apelación.

Los países o grupos de países que se niegan a importar carne bovina hormonada o productos genéticamente modificados tienen que comprobar que éstos son peligrosos, ¡y no lo contrario! El Codex alimentarius, la norma dictaminada por las multinacionales, ¡está ahí para poner las reglas del juego!

¿Por qué negarse a algo que es presentado como ‘progreso’? No es por anticuados, o por nostalgia de ‘los buenos tiempos pasados’. Es porque nos preocupa el porvenir y porque queremos dar nuestra palabra sobre el desarrollo futuro. No estoy en contra de la investigación básica. Creo que sería ilusorio y perjudicial querer frenarla, pero no creo que todas las aplicaciones de la investigación sean necesariamente deseables a nivel humano, social o ambiental.

La actual discusión sobre clonación se parece a la de las modificaciones genéticas. ¿Es todo lo que es posible deseable y de beneficio para la gente?

Hoy, ninguna persona inteligente puede decir que el maíz transgénico es un ejemplo de progreso, ni para la agricultura, ni para la economía. Son igualmente graves las preocupaciones que giran en torno al maíz genéticamente modificado tanto con respecto a la salud humana como a la naturaleza.

El maíz Bt de Novartis está asociado con múltiples riesgos de largo plazo por la presencia de tres genes introducidos. Hasta el director de Novartis acepta que un ‘cero riesgo’ simplemente no existe. ¿Es esto un reconocimiento de incapacidad o una manera de hacer a un lado su futura responsabilidad en el caso de que haya problemas? Los problemas que surgen debido a ciertas prácticas agrícolas (tales como alimentos elaborados con ingredientes animales, los efectos en las poblaciones apícolas, etcétera.) sólo refuerzan nuestra cautela cuando estamos tratando con los aprendices de brujos.

El mayor peligro que el maíz transgénico representa, al igual que los otros organismos genéticamente modificados, es la imposibilidad de evaluar las consecuencias a largo plazo de su uso, y rastrear sus efectos en el ambiente, los animales y los seres humanos.

Los organismos genéticamente modificados y los productos sin modificar no son separados. Por ejemplo, la soya no manipulada y la genéticamente modificada son mezcladas al llegar a Francia. Como resultado de ello, no hay manera de rastrear la soya genéticamente modificada. No hay alternativa, ni para el productor, de los cuales soy uno, ni para el consumidor, quienes somos todos.

Este tipo de cultura también representa una amenaza para el futuro de los agricultores. Por algunas décadas, el productivismo ha servido para esclavizar a los agricultores. De ser un productor, el agricultor se ha transformado en alguien explotado: ya no puede decidir sobre cómo maneja la tierra, ni escoger libremente sus técnicas de cultivo. Sin embargo, una verdadera revolución ha estado teniendo lugar durante los últimos 15 años entre los miembros de la Confédération Paysanne, quienes han puesto otro tipo de agricultura en acción.

O aceptamos la producción intensiva y la enorme reducción del número de agricultores sólo en aras de los intereses del mercado mundial, o creamos una agricultura campesina para el beneficio de todos. El maíz genéticamente modificado también es un símbolo del sistema agrícola y del tipo de sociedad que me niego a aceptar. El maíz transgénico es meramente un producto de la tecnología, donde los medios se vuelven el fin. Las decisiones políticas son hechas a un lado por el poder del dinero.

La agricultura es una perfecta ilustración de este tipo de lógica, que permea todas las facetas de la producción alimenticia. La producción agrícola se ha transformado en industria agrícola. Desde los campesinos que formaron sus pequeñas cooperativas, hemos visto un vuelco hacia las firmas que racionalizan los sistemas de producción para poder maximizar las ganancias sobre sus inversiones. Desde la década de los veinte, el maíz de los Estados Unidos ha sido hibridizado para obligar a todos los agricultores a vender sus semillas a través de una corporación.

Las corporaciones se fusionaron para invertir en nuevas técnicas con las cuales obtener mayores ganancias. Novartis, el líder mundial de la industria farmacéutica, invierte miles de millones para poder permanecer como número uno: vende semillas, herbicidas, pesticidas y medicinas. Pero la competencia es fuerte, y como resultado de la fusión que hicieron dos de sus competidores principales la semana pasada, ha anunciado el plan de despedir a dos mil trabajadores para poder garantizar a sus accionistas los beneficios de la compañía.

¿Es este el tipo de lógica que queremos? No. Rechazo este brinco hacia adelante donde el fin de la economía no es satisfacer las necesidades, sino simplemente producir por el hecho de producir, sin vínculo alguno con los intereses individuales o integrales.

¿Necesitamos maíz genéticamente modificado en Europa?

No. En 1997 la producción de maíz se incrementó de nuevo. Se derrama de los silos. La Unión Europea tiene que almacenar el excedente. Y ¿quién paga por esto? Los ciudadanos. ¿Quién necesita estas nuevas semillas? Nadie. ¡Sólo Novartis que quiere obtener réditos de su inversión y mantenerse como grupo farmacéutico número uno del mundo!

Al destruir las semillas del maíz genéticamente modificado el 8 de enero en la fábrica de Novartis en Nérac, queríamos poner esta miope lógica en los reflectores.

No existe un debate democrático. La conspiración del silencio organizada por las compañías y los Estados soberanos es la única lógica que prevalece. Así como sucede con la sangre contaminada por el virus del VIH, o con la infección de la vaca loca, el público no se debe de alarmar.

Hoy, al estar ante ustedes, soy consciente de estar al margen de la ley que quiere que todo ciudadano esté contento con expresar sus puntos de vista con el simple hecho de depositar su voto en una urna cada seis años.

Pero no es de esta manera como se van a resolver los problemas. Al contrario: con la acción que llevamos a cabo, y por la cual estamos siendo juzgados, desatamos un amplio movimiento ciudadano que se niega al uso de organismos genéticamente modificados en el alimento para animales y humanos. Estas acciones terminarán cuando la demente lógica pare.

Sí, la acción fue ilegal, pero mantengo el reclamo porque fue legítimo. No pido clemencia, sino justicia. O actuamos en interés de todos y ustedes nos perdonan, o hemos sacudido el establishment, y en ese caso ustedes nos castigarán.

No hay otro asunto.*

* José Bové

(http://www.confederationpaysanne.fr)
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