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| 1/2/2017 8:54:00 PM

Colombia está haciendo 'Metástasis'

Semana.com le pidió a un grupo de figuras públicas que hicieran un resumen del 2016 siguiendo el guión de una de sus series favoritas. Así lo hizo el exministro Luis Felipe Henao con Breaking Bad.

“El país está haciendo metástasis”, es la mejor expresión para describir lo que está sucediendo en Colombia y encaja perfectamente cuando uno quiere hacer un símil con una de las series de televisión más exitosas y taquilleras como Breaking Bad.

La historia de Walter White, el profesor de química protagonista que pasó de ser un hombre recto, padre de familia con un currículo académico brillante, a ‘Heisenberg’, uno de los capos más temidos de Nuevo México, que se convirtió en el líder la producción y venta de metanfetamina.

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Esa es la cotidianidad de muchos líderes sociales y políticos y de muchos ciudadanos que cruzaron la línea imaginaria entre el bien y el mal y se embriagaron con la adrenalina del poder y la codicia.

Estamos ante una crisis de valores que convierte nuestra realidad en una serie de televisión que refleja la bipolaridad de varios personajes de la vida pública y de la vida anónima.

En nuestro país, es posible oír en la mañana a un líder político en un discurso contra la corrupción y en la tarde verlo dando explicaciones sobre el robo de recursos para los maestros en Córdoba; también hoy es fácil oírlo hablar de la crisis de la salud, cuando son ellos mismos los responsables de desangrar a Caprecom y a los hospitales públicos.

El laboratorio de química, que era para White –protagonista de la serie– un lugar sagrado para generar conocimiento e investigación y que pasa a ser una ‘cocina’ para producir droga, es tan parecido a un despacho de congresistas, de alcaldes y de otros personajes públicos que lo que tienen es un laboratorio de licitaciones con fórmulas en las que siempre se gana lo mismo. También se parece a la sala de crisis de un cartel  como el de pañales, papel higiénico o cuadernos, en la que se perfecciona una fórmula para abusar de los indefensos consumidores.

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En su conjunto, los personajes de la serie cruzaron la línea hasta llegar al campo del “todo vale”. Algunos quieren ser vistos como avispados, otros simplemente manejan la doble moral –como el hombre lobo– y en cada actuación son capaces de traicionar y atentar incluso contra su propia manada, como ocurrió con el cartel que operaba en la costa con falsos pacientes de hemofilia para hacer cobros ficticios de medicamentos no contemplados en el Plan Obligatorio de Salud (POS).

Ante esa oscura realidad, son alarmantes también los 363 hallazgos encontrados por la Contraloría General durante este año, con una “presunta incidencia fiscal” por $242.068 millones en la inversión de regalías. Corrupción con el mismo cuadro médico en varios departamentos: obras que hoy son elefantes blancos y contrataciones con pliegos hechos a la medida de un solo oferente.

No se puede cruzar el límite y esperar que nada suceda, como ocurrió con Walter White, que se metió en el negocio para pagar el costoso tratamiento contra el cáncer de pulmón que le diagnosticaron y asegurar la manutención de su familia, incluida su futura hija, y terminó encontrando a su peor versión ante el espejo. Siempre había una excusa para empeorar y terminar llevándose inevitablemente a todas las personas que lo rodeaban.

No hay excusa para colombianos que sean capaces de cometer crímenes atroces como el de la pequeña Yuliana. No hay excusa para funcionarios que piden coimas para otorgar contratos, tampoco para policías, militares o agentes judiciales que piden plata a cambio de no poner comparendos, abrir investigaciones o detener a delincuentes en flagrancia.

Ninguna actuación que vaya en contra de la ley puede quedar impune y los castigos deben ser ejemplarizantes. El Observatorio de la Secretaría de Transparencia de la Presidencia de la República advirtió recientemente que en el país sólo uno de cada cuatro corruptos paga cárcel. En cifras, de las 1.850 sanciones por delitos contra la administración pública, la mitad de los implicados se salva de la  detención intramural y de los restantes, el 25 %, logra que le den casa por cárcel. Y el verdadero problema es que las penas para estas personas no superan dos años y en muchas ocasiones las pagan en pabellones especiales, con comodidades que no se ven ni en los más modestos retiros espirituales.

La metástasis que está haciendo el país gracias a los que tienen cero en conducta pero son favorecidos con beneficios excepcionales sobrepasa las falsas acusaciones para emprender guerras feroces en las redes sociales. Es el resultado de la actitud cómplice de los testigos o los aplausos de los compinches que les celebran a sus necios amigos que quieran poner el mundo de cabeza.

Mientras termino de escribir esta columna, me entero de que el hombre que solicitó la libertad de Rafael Uribe Noguera fue condenado a 20 años de prisión por el delito de acceso carnal violento y lesiones personales. Faltaba más. Bien por el Tribunal de Bogotá que negó el recurso. Hay que acabarles la fiesta a los corruptos, delincuentes y criminales, a los colombianos como White –el de la serie– y como a varios líderes sociales, que piensan que la ley tiene estrato social y es sólo para los de ruana.

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