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| 9/5/1983 12:00:00 AM

BUEN PADRINO

Como mediador del diálogo Stone-Zamora, B.B. se apunta un éxito internacional

Cuando los camarógrafos de la g televisión comenzaron a filmar la improvisada rueda de prensa, los protagonistas del suceso no podían ocultar su satisfacción. Sonreían ampliamente mientras Belisario, con cara de haberse salido con la suya, se encargaba de las explicaciones a los periodistas, convocados pocos minutos antes. El cálido y descomplicado ambiente de ese jardín del Palacio de Nariño, elegido por el mandatario colombiano ese mismo domingo para dirigirse a los comunicadores, no podía ser mejor para lo que tenía que decirles. De hecho esa noticia iba a dar la vuelta al mundo: por primera vez se habían reunido, bajo el patrocinio de Belisario Betancur, Richard Stone, enviado especial del Presidente Reagan a Centroamérica, y Rubén Zamora, un dirigente de los rebeldes salvadoreños.
El Presidente indicó que había actuado como "enlace" entre las dos partes, que como se sabe vienen contendiendo entre sí en forma sangrienta desde hace 44 meses. En realidad lo que había detrás de este encuentro era enorme. Betancur fue ciertamente modesto al calificarse a sí mismo de simple "enlace" de ese diálogo. Desde meses atrás, Betancur había estado involucrado en gestiones que pudieran culminar en un diálogo "cara a cara" entre las partes contendientes en El Salvador. Dos viajes a la región, en especial, el último a mediados de julio pasado, habían ocupado a Betancur en gestiones de diplomacia secreta y no secreta tras ese objetivo sin que hasta la fecha tuviera realización el dialogo que él proponía.
El encuentro, preparado con extremo sigilo por sus protagonistas, se había realizado entre las doce y las dos de la tarde de ese mismo día en el despacho del jefe del ejecutivo colombiano. Betancur allí mismo advirtió que no había intervenido en las conversaciones, pero calificó la reunión como un hecho de trascendental importancia y como un esfuerzo más en el proceso de búsqueda de la paz en Centroamérica.
Al parecer, la seriedad con que Betancur preparó la reunión permitió que ésta no fracasara, ya que en la ocasión anterior, filtraciones informativas por parte del gobierno de Monge habían hecho desistir al FDR-FMLN de concurrir a la cita con Stone en San José. Todo indica que la visita a Bogotá del Presidente del FDR, Guillermo Ungo, con ocasión de la Conferencia de Solidaridad con El Salvador, fue aprovechada por éste para solicitar a Betancur su mediación para el tipo de reunión que finalmente tuvo lugar.
Una semana después de tal reunión, era difícil encontrar a alguien que negara que el hecho constituía uno de los más notables éxitos de Betancur en política exterior. Semanas antes un esfuerzo en el mismo sentido había sido hecho infructuosamente por el presidente de Costa Rica, Luis Alberto Monge, dentro de un plan que para varios analistas era un intento de ese gobierno por restarle protagonismo al Grupo de Contadora en las gestiones por lograr una solución negociada a la crisis centroamericana.
Durante la conferencia de Prensa de ese domingo 31 de julio, tanto Stone como Zamora no hicieron comentario alguno a los periodistas. Sólo este último, quien es uno de los altos dirigentes del Frente Democrático Revolucionario (FDR) de El Salvador, habló un día después en San José sobre dicha reunión. Dijo que ésta había tenido un carácter "preliminar" pero que había estado orientada "hacia el establecimiento de un proceso de diálogo" con el gobierno norteamericano.
Belisario había señalado también que la reunión en su oficina podría abrir el camino para una reunión directa entre el gobierno salvadoreño de Alvaro Magaña y los guerrilleros del FMLN. Y no estaba equivocado.
Zamora reconoció el 1 de agosto en Costa Rica que el FDR-FMLN mantenían desde principios del mes pasado contactos con la comisión de paz salvadoreña, integrada el año pasado por el gobierno de El Salvador, y que en los próximos días se iniciaría un proceso de diálogo con Estados Unidos para intentar buscar una solución al conflicto centroamericano aunque el lugar y la fecha de esa reunión se mantenían en privado.---
Menos locuaces fueron los norteamericanos. Stone, luego de la reunión en Bogotá, se trasladó a San Salvador donde, hermético, se nego reiteradamente a brindar detalles sobre su conversación con el dirigente izquierdista. Y Washington tuvo idéntica actitud. El vocero del Departamento de Estado, John Hughes, se negó el 1 de agosto a formular comentarios sobre la reunión Stone Zamora, haciendo sí una frase que confundió a varias agencias noticiosas. "No somos negociadores", dijo llevando a que algunos entendieran que Washington había "desconocido" las conversaciones de Bogotá. Sin embargo, después pudo aclararse que a lo que apuntaba Hughes era a ratificar la tesis norteamericana de que ellos no son "parte negociadora", sino "mediadores" en el proceso de diálogo en El Salvador Los rebeldes del FMLN-FDR han reiterado que los Estados Unidos deben ser considerados como una parte en el conflicto de su país.
El silencio de Washington no fue bien visto por los observadores. La Casa Blanca estuvo permanentemente informada del diálogo Stone-Zamora y de la segunda charla que el enviado especial de Ronald Reagan tuvo el 1 de agosto con el presidente Betancur.
SEMANA supo que el embajador norteamericano en Bogotá, Lewis Tambs, tan pronto terminó esta última reunión, telefoneó a Washington para completar su resumen de los últimos eventos en Bogotá, razón por la cual el silencio de Hughes y de Larry Speakes, vocero de la Casa Blanca, fue objeto de interpretaciones.
De todas maneras, un hecho indiscutible sale de la reunión organizada por el presidente colombiano: el reconocimiento tácito por parte de un país integrante del Grupo de Contadora de que el FDR-FMLN es parte beligerante en el conflicto salvadoreño, apreciación que de hecho tuvo que ser acogida por Stone durante su estancia última en Bogotá. Esta apreciación fue compartida el 2 de agosto por el presidente de la Comisión de Paz salvadoreña, Francisco Quiñonez, para quien la reunión evidencio, sin lugar a dudas, un reconocimiento del FDR-PMLN como "fuerza política".
Eso sí, resulta paradójico que Betancur haya avanzado hacia ese reconocimiento, de enorme importancia para los rebeldes que representa Zamora, sin que haya tenido un éxito paralelo en Colombia, en donde ante los inmensos problemas de la paz, él mismo ha declarado su disponibilidad para sostener un diálogo con voceros de fuerzas guerrilleras locales, diálogo hasta el momento no realizado.
Por otra parte, la entrevista lograda por Belisario reviste enorme importancia si se examina el momento político en que fue efectuada. Pocos días antes, el gobierno de Ronald Reagan había ordenado el envío de dos flotas navales de combate a las costas pacífica y atlántica de Nicaragua para efectuar maniobras bélicas que durarán 6 meses y en las que intervendrán 19 navíos de guerra con 16 mil 500 soldados norteamericanos. Todo ello había hecho pensar a muchos que la política Reagan para Centroamérica no descartaba la confrontación.
Obviamente el encuentro Stone-Zamora no echó atrás esas maniobras navales, ni los ejercicios militares norteamericano-hondureños en Honduras, pero sí fue el preludio de unas declaraciones de la Casa Blanca, en el sentido de que la situación centroamericana evolucionaba, esta vez, de una manera "razonablemente positiva".
Por otra parte, Bogotá tras esa reunión en Palacio, ha sido sugerida por Henry Kissinger, cabeza de una comisión bipartidista norteamericana, sobre Centroamérica, para ser la sede de una reunión especial entre él y los representantes del Grupo de Contadora, en vista del creciente protagonismo del gobierno de Betancur en las cuestiones de la paz de esa región.
Desde luego queda un largo camino por recorrer. Por ejemplo, Rubén Zamora declaró en estos días que la presencia de barcos de guerra norteamericanos en las aguas de Centroamérica "es un claro obstáculo para la paz" y que ello obstaculizaria "la vía del diálogo y la negociación". Y si las maniobras de 6 meses no se aplazan, estas dificultades podrían congelar durante meses el proceso que en buena hora fue abierto por el mandatario colombiano. He ahí el tremendo desafío que ahora corresponde encarar a Contadora, pero sobre todo al Presidente Betancur.--
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