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| 3/10/2012 12:00:00 AM

¡Bum! petrolero

Los ataques contra la infraestructura petrolera se están volviendo la pesadilla del gobierno y las empresas y son la punta de lanza de la demostración de fuerza de la guerrilla.

La industria petrolera está bajo fuego. Pese a que lo vigilan miles de soldados, el oleoducto Caño Limón-Coveñas ha sufrido una voladura casi cada cuatro días desde que empezó 2012. Aunque se está lejos del número de acciones de sabotaje de comienzos de la pasada década, los atentados contra el oleoducto y los camiones cisterna que transportan petróleo en algunas regiones se dispararon desde fines del año pasado. Preocupante tendencia, que pone un signo de interrogación sobre el cuadro de Colombia como "paraíso inversionista" en hidrocarburos.

De acuerdo con el Centro de Seguridad y Democracia de la Universidad Sergio Arboleda, que dirige Alfredo Rangel, los atentados contra la infraestructura petrolera aumentaron 350 por ciento en enero y febrero de 2012 frente al primer bimestre del año pasado. Las orillas del río Catatumbo, en Norte de Santander, están impregnadas de crudo derramado: el oleoducto Caño Limón-Coveñas ha sido volado en 13 ocasiones en lo que va del año, diez de ellas en Catatumbo. Arauca también ha sido blanco de ataques y, hace poco, fueron secuestrados por el ELN (y liberados al cabo de unos días) 11 trabajadores que participaban en la construcción del oleoducto Bicentenario.

La semana pasada, la compañía Emerald Energy, que tiene cuatro de sus empleados chinos secuestrados por las Farc desde hace nueve meses, suspendió unos días la extracción de petróleo en Los Pozos, cerca de San Vicente del Caguán, por razones de seguridad, lo que provocó una disputa con los transportadores que llevan el crudo hasta el Huila. Las caravanas de camiones cisterna escoltadas por tanquetas del Ejército, que solo transitan de día, y cientos de soldados de la XII Brigada que vigilan los 180 kilómetros del trayecto entre Los Pozos y Florencia han sido objeto de reiterados ataques por parte de las Farc.

Según datos del Ministerio de Defensa, después de un pico de 184 voladuras en 2003, estas se redujeron a 31 en 2010. Pero en 2011 el número de explosiones contra el tubo saltó a 84. El aumento fue particularmente notable en los últimos meses del año y, aunque en menores niveles, se ha mantenido en 2012: solo entre septiembre pasado y febrero de este año hubo 76 voladuras. El reciente descenso en la producción petrolera tiene que ver con el incremento en estos ataques. Caño Limón, por ejemplo, solo operó 20 de los 60 primeros días del año, según Rangel.

Evidentemente, poner un soldado en cada uno de los casi 9.000 kilómetros de tubos que transportan crudo, gas y combustible en Colombia es tarea de Sísifo. Los 770 kilómetros del oleoducto Caño Limón-Coveñas, o los 960 que tendrá el Bicentenario, que va de Casanare a ese puerto del Caribe, pasan por zonas desoladas, y son fáciles de atacar por individuos o pequeños grupos.

Paradójicamente, el desafío es producto del éxito: al mejorar las condiciones de seguridad, la inversión afluyó. Según cuentas del Banco de la República, entre 2003 y 2011 la inversión extranjera directa en el sector de hidrocarburos pasó de 278 a más de 4.300 millones de dólares. Si hoy no dan abasto los 17 batallones especializados y los cerca de 34.000 hombres que están a cargo de la seguridad de la infraestructura petrolera, ¿cómo se manejará el problema en adelante? Pensar en un aumento indefinido del pie de fuerza es inviable.

¿Por qué la guerrilla ha vuelto a recurrir con éxito a estratagemas que se había logrado controlar? El viceministro de Defensa, Jorge Bedoya, que encabeza la recién creada Dirección de Seguridad Pública e Infraestructura, reconoce el problema como un efecto de los cambios en el accionar de las Farc, que se mueven en grupos pequeños y de civil, más difíciles de detectar; y dice que confía en que los ajustes en la estrategia militar del gobierno logren "cambiar la tendencia". En efecto, las voladuras no son sino la punta de lanza de un accionar en el que vienen creciendo notablemente los ataques a instalaciones militares y policiales, las emboscadas, los hostigamientos y los retenes guerrilleros. A todo lo cual el gobierno está en mora de dar una respuesta convincente.
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