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| 2/12/2006 12:00:00 AM

Burocracia e ignorancia

El segundo Laboratorio de Paz del país tiene, desde hace dos años, 33 millones de euros disponibles para proyectos en zonas de conflicto, pero aún no arranca ninguno.

En diciembre de 2003 el gobierno colombiano y representantes de la Unión Europea suscribieron un convenio de cooperación mediante el cual se asignaron 33 millones de euros al segundo Laboratorio de Paz del país, en el oriente de Antioquia, Cauca, Nariño y Norte de Santander. Un año y medio después, las comunidades de esas regiones siguen llenas de expectativa y a la espera de los recursos. La ejecución de los programas está en un porcentaje desalentador: cero. ¿Qué ha pasado para que una inversión económica de tal magnitud no se haya concretado en territorios del país que han sido escenarios de graves crisis humanitarias? Las respuestas incluyen razones que van desde la lentitud burocrática hasta la ignorancia generalizada acerca de cómo gestionar recursos provenientes de la cooperación internacional, para la cual las regiones y sus organizaciones no estaban preparadas. Según Nicola Bertolini, jefe de cooperación de la delegación de la Comisión Europea para Colombia, hay un retraso cierto, pero se debe a que el Laboratorio de Paz II es un proyecto que debió esperar a que las comunidades se organizaran para cumplir con las exigencias del Parlamento Europeo. "Es un atraso natural. Somos parte de la culpa porque los procedimientos del Parlamento, sumados a los colombianos, resultan muy complicados". En el oriente antioqueño, por ejemplo, de 42 proyectos que presentaron diferentes organizaciones y que sin excepción entregaron el último día de la convocatoria, sólo cuatro cumplieron con las exigencias técnicas y jurídicas. "La gente cree que no cumplimos, pero en esto se imponen las exigencias de la comunidad europea", dice Pedro Chica, coordinador regional del programa Laboratorio de Paz II. El gobierno nacional reconoce que el ritmo actual no es el deseado. Pero igual a como ocurrió con el primer Laboratorio de Paz en el Magdalena Medio, que lidera el padre Francisco de Roux, son las comunidades las que responden por las propuestas y las que se beneficiarán en el tiempo al mejorar su capacidad de respuesta técnica y jurídica a convocatorias internacionales de este tipo. La Comisión Europea y el gobierno coinciden en que el Laboratorio es bastante atípico y experimental. Para conjurar los atrasos, las partes están buscando simplificar los procedimientos. Según Everardo Murillo, coordinador de la Agencia Colombiana de Cooperación Internacional, "vamos a desmontar lo que se relacione con la legislación nacional, para que la Comisión Europea agilice su parte". El Laboratorio de Paz II es resultado del interés que la Unión Europea mostró tres años atrás por la gestión de las comunidades y los alcaldes del oriente de Antioquia, Cauca, Nariño y Norte de Santander. En esas regiones, a su manera, los movimientos sociales intentaban frenar los ataques de los actores del conflicto armado contra la población civil y superar la crisis humanitaria generada por las acciones de guerra. También desarrollar una cultura de desarrollo integral y no violencia. Sólo en el oriente de Antioquia, por ejemplo, entre 1998 y 2000 fueron asesinados tres alcaldes. En febrero de 2000, más de 5.000 lugareños debieron abandonar sus viviendas en los alrededores de la autopista Medellín-Bogotá, y entre noviembre y diciembre del mismo año, en dos incursiones armadas, las autodefensas y las Farc asesinaron a 39 personas en el municipio de Granada. Hoy esas comunidades aguardan el dinero anunciado para emprender proyectos tan diversos como la reforestación o las redes de acción juvenil. Los europeos esperan que la gente entienda el "paso lento, duro y seguro" que se quiere poner a la ejecución de esos recursos, para que no sean otra vez comidilla de la politiquería y la corrupción que han mantenido en el atraso a las regiones colombianas.
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