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| 3/11/1991 12:00:00 AM

BUSCANDO CURUL A PLOMO

Tirofijo y el cura Pérez incendian al país para no perder el tren de la Constituyente. Parece que lo van a lograr.

Pocos colombianos entendieron la semana pasada lo que estaba ocurriendo. Mientras la guerrilla desataba una ofensiva terrorista sin precedentes, que llegaba hasta las fronteras de Bogota, no sólo no se veía al Ejercito por ninguna parte, sino que el Gobierno seguía hablando de diálogo y de paz, como si nada estuviera sucediendo.

La impresión que quedó para la opinión pública es que la Coordinadora Guerrillera había decidido hacer el día de la instalación de la Asamblea Constituyente lo mismo que el Gobierno le había hecho a esta el día de las elecciones para la misma: demostrar a sangre y fuego su capacidad belica. La gran diferencia era que en su momento la Coordinadora había respondido con una declaratoria de guerra que dejó la impresión de fuerza, mientras que el Gobierno respondió con una declaración de paz, que dio la impresión no solo de debilidad, sino de impotencia.

Las cosas, sin embargo, no eran tan sencillas. Cuando a finales de la semana pasada la escalada de violencia guerrillera hacía pensar que las posiciones de Gobierno y guerrilla eran definitivamente irreconciliables, declaraciones de parte y parte demostraron que, a pesar de las apariencias, tal vez estaban mas cerca que nunca de iniciar conversaciones directas.

La violencia guerrillera viene incrementándose desde septiembre del año pasado cuando, después de la muerte de Jacobo Arenas, se produjo una cumbre de la Coordinadora Nacional Guerrillera en la cual se hizo evidente que la postura radical del cura Pérez, jefe del ELN, se había tomado a la CNG. Las FARC, que tradicionalmente habían centrado sus actividades en afectar objetivos militares -puestos de Policía, emboscadas a patrullas, etc. A partir de la cumbre empezaron a adoptar no sólo los métodos de sabotaje económico del ELN, sino a implicar en sus acciones objetivos civiles. Según datos oficiales, entre la muerte de Jacobo Arenas, a mediados de agosto de 1990, y el 9 de diciembre, fecha del ataque a Casa Verde, se registraron 245 incursiones de la CNG, 51 de las cuales se hicieron contra instalaciones civiles, 58 implicaron asesinatos de civiles y sólo 26 fueron emboscadas a uniformados. Entre el 9 de diciembre y el 6 de febrero de este año, la Coordinadora realizó 290 acciones, de las cuales 140 fueron actos típicamente terroristas.

A pesar de que se ha dicho que la reactivación de las acciones de las FARC se produjo como respuesta al ataque a La Uribe, estas cifras demuestran que la ofensiva, en realidad, no es más que una táctica que ya se venía desarrollando desde la muerte de Arenas y no una retaliación por el ataque a La Uribe.

Lo que los hechos parecen esta demostrando es que esta estrategia estaba encaminada a buscar lo que finalmente parece haberse logrado: la aceptación por parte del Gobierno de un diálogo directo. La escalada de la semana pasada buscaba más un impacto publicitario que militar, con miras a no perder el tren de la Constituyente, que ya estaba en marcha.

Esta actitud de las Farc no es nueva. El Gobierno tiene identificadas las fechas exactas de las propuestas de tregua formuladas por ese grupo guerrillero desde 1988, y las estadísticas señalan que cada una de estas manifestaciones esta seguida, invariablemente, de un incremento de las acciones violentas de la guerrilla, con el ánimo de hacer demostraciones de su capacidad de perturbación y de fortalecer su eventual llegada a una mesa de negociación.

Pero el Gobierno también sabía que tarde o temprano habría negociaciones. Por esa razón, y a pesar de que muchos no lo entendían, en medio del fragor de los ataques insistía en que, a pesar de todo, las puertas del dialogo continuaban abiertas. El Gobierno, lo mismo que la guerrilla, sabía que tenía que llegar a la mesa de las negociaciones en una posición de fuerza. En este marco no sólo se explica el súbito ataque a Casa Verde en pleno día de elecciones para la Constituyente, sino las múltiples ofensivas de la guerrilla en medio de los ofrecimientos oficiales de veeduría internacional, ratificación de los protocolos de Ginebra y Comisión de Notables, que eran requisitos que de tiempo atras venía exigiendo la subversión. Para funcionarios del Gobierno, esta tactica es practicamente calcada de la que ha aplicado la guerrilla salvadoreña para
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