Domingo, 26 de febrero de 2017

| 1999/03/29 00:00

CAIDA LIBRE

En 1999 la economía colombiana afronta su peor año desde la depresión de los años 30

CAIDA LIBRE

La única referencia que tienen la mayoría de los colombianos de la gran depresión de
los años 30 es la serie de televisión de Los Waltons. Y por eso muchos piensan que Estados Unidos
fue el único país afectado por la crisis. La realidad, sin embargo, es bien distinta. El problema fue
mundial, y Colombia no fue la excepción.En 1930 y 1931, después de una larga prosperidad, el
Producto Interno Bruto cayó en 0,9 y 1,6 por ciento respectivamente y el desempleo afectó a un
alto porcentaje de los trabajadores del país. Desde entonces, sin embargo, la economía colombiana no
ha dejado de crecer ni un solo año. Y, con excepción quizás de los años que siguieron al inicio de la
Segunda Guerra Mundial -cuando el comercio internacional prácticamente se paralizó- la economía no
estuvo nunca cerca de estancarse. Hasta el año pasado, cuando el crecimiento fue tan sólo del 0,2 por
ciento, de acuerdo con las cifras oficiales. La noticia, conocida a comienzos de la semana pasada,
sorprendió incluso a los economistas más avezados. Hace apenas dos meses pocos se habrían
atrevido a pronosticar semejante debacle. Es más, a quienes dijeron que las cosas iban mal y que de
seguir así podrían llevar a que la economía dejara de crecer en 1999, no dejaron de lloverles rayos y
centellas por su negativismo. Hoy, en cambio, el pesimismo cunde. Y es difícil encontrar a alguien que
piense que las cosas pueden mejorar en el presente año.
Por el contrario, son muchos los analistas que piensan que la economía no sólo dejará de crecer
también en 1999, sino que -rompiendo la tradición que la había diferenciado de todos sus vecinos desde
mediados de los años 80, cuando la crisis de la deuda golpeó inmisericordemente a los países de la
región- Colombia tendrá un crecimiento negativo.Para Javier Fernández Riva, director de Prospectiva
Económica, ''la mayoría de las fuerzas depresivas que operaron en 1998 siguen vigentes, y han
aparecido otras nuevas como las devaluaciones de países compradores o competidores y el
aumento de la carga tributaria. Además el desempleo está generando una peligrosa dinámica recesiva
y se han desarrollado complicaciones como la crisis del sector financiero".
Algo similar piensa José Leibovich, director del Centro de Estudios Económicos de la Universidad de
los Andes. ''La experiencia histórica demuestra -según él- que las recesiones tienen una fuerza inercial
y eliminar ese efecto es una tarea complicada, por lo que estimamos que así caigan un poco las tasas
de interés la economía presentará un decrecimiento cercano al 1 por ciento". La opinión de Leibovich
tiene sustento estadístico en el comportamiento económico de los últimos meses. De acuerdo con
las cifras oficiales, el deterioro de la actividad económica ha sido progresivo en los últimos trimestres.
Hasta el punto de que en los últimos tres meses de 1998 el Producto Interno Bruto (PIB) se contrajo en
más de un 4 por ciento. Y los pocos indicadores conocidos en lo que va corrido de 1999 -como las
ventas del sector automotor, el consumo de combustible y la acumulación de inventarios en el sector
industrial- indican que el primer trimestre de 1999 podría ser mucho peor.De prolongarse esa tendencia,
1999 podría ser el peor año económico del presente siglo. Con una caída en el PIB del 1 por ciento -y
un crecimiento de la población de tan sólo 1,5 por ciento- el ingreso por habitante tendría una caída
cercana al 3 por ciento, y eso es algo absolutamente inédito en la historia reciente del país.Lo
anterior, sin contar que una caída del PIB tendría un efecto perverso sobre la generación de empleo y
que ya el país registra la tasa de desocupación más alta desde que se llevan estadísticas confiables
del mercado laboral. Para el presidente de Anif, Armando Montenegro, ''un crecimiento nulo, como se
calcula que fue el resultado del año pasado, representa un verdadero desastre económico y social".
Ni qué decir, por lo tanto, de un decrecimiento. Si en el país se ha larvado una crisis social en
medio de un crecimiento económico promedio superior al 5 por ciento, no es difícil prever lo que
pueda pasar cuando la economía se encoja y el desempleo abierto se dispare.Las causas de la
debacleLos expertos coinciden en que la caída de la economía colombiana en los últimos años tiene su
origen en un incremento vertiginoso del gasto público, combinado con una política monetaria
sumamente restrictiva. El balance fiscal del sector público no financiero pasó de un superávit de 0,2
por ciento en 1991 a un déficit cercano al 4 por ciento en 1998. En ese mismo lapso el dinero en
poder del público pasó de crecer un 30 por ciento anual a decrecer en un 4 por ciento (ver gráfica). La
combinación de estos dos factores terminó por generar unas tasas de interés astronómicas, que
redujeron los márgenes de utilidad y resintieron El aparato productivo hasta el punto que para muchas
empresas los ingresos no alcanzaban ni para cubrir los intereses que tenían que pagar por sus
obligaciones financieras. Para acabar de completar, el año pasado la incertidumbre cambiaria llevó al
Banco de la República a generar una contracción monetaria que elevó las tasas de interés a niveles
cercanos al 90 por ciento. Ese hecho -sumado a un entorno global cada vez más complicado, por la
mayor competencia que introdujo la apertura económica y por el implacable aumento del contrabando-
terminó por liquidar a muchas empresas del sector productivo que habían logrado superar los
primeros años de la crisis. Según la Superintendencia de Sociedades, en 1998 se presentaron 153
concordatos, con lo cual se batieron todos los récords en esa materia en el país. Y en lo corrido de
1999 ya se han producido 26, lo que muestra la gran debilidad de la industria nacional. Según Santiago
Montenegro, decano de economía de la Universidad de los Andes, ''en buena parte de la década de
los 90 los sectores público y privado gastaron a un ritmo impresionante, y como esto no podía ocurrir
indefinidamente -y el sector público no hizo ningún ajuste- el sector privado, que es el verdaderamente
vulnerable a las altas tasas de interés, se vio completamente desplazado". Según cifras oficiales, en
1998 la inversión privada presentó un descenso del 5 por ciento. Y, según Fedesarrollo, crecerá por
debajo del 1 por ciento en 1999. Lo que quiere decir que la mejora en este frente no será muy
significativa. De allí la afirmación de Montenegro en el sentido de que ''el gran problema de la economía
colombiana es que desde hace años se viene llevando a cabo una inversión en gasto improductivo que
no genera ningún tipo de valor, a costa de una menor inversión del sector privado, que sí genera
riqueza".

¿Que hacer?
La gran pregunta es ¿cómo salir del atolladero? Y la respuesta tiene mucho que ver con cuáles han
sido los sectores más afectados. Según las cifras de 1998, la construcción -que se considera el gran
motor del empleo- presentó un declive del 13,2 por ciento. Y el sector financiero -que es reconocido en
todo el mundo como el corazón por donde fluye la actividad económica- cayó 13 por ciento. De allí que
cualquier solución a la crisis que vive la economía colombiana deba pasar por resolver el problema de
esos dos sectores.Hoy, esa situación está lejos de ser resuelta. Con el agravante de que la
emergencia económica -decretada para hacerles frente, al menos en forma parcial- se puede caer este
lunes. Por eso, y dado que las condiciones del sector de la construcción dependen en gran medida de
la estabilidad del sector financiero -y viceversa- , el futuro de la economía colombiana está lejos de
despejarse. A no ser que algunos de los anuncios hechos por el ministro de Hacienda, Juan Camilo
Restrepo, en esta misma edición (ver entrevista), permitan no sólo una baja considerable en las tasas
de interés -sin afectar el resto de las variables macroeconómicas-, sino una reactivación de algunos
de los sectores más sensibles de la actividad productiva. La solución, sin embargo, no está sólo en las
manos del gobierno. Nunca como ahora, desde que se expidió la Constitución de 1991, la
responsabilidad de la Junta Directiva del Banco de la República había sido tan grande. En los ocho
años que lleva operando, la gran prioridad de la Junta ha sido la reducción de la tasa de inflación. Y los
resultados, medidos en el número de puntos que ha bajado el Indice de Precios al Consumidor, han
sido bastante buenos. La pregunta es si tal esfuerzo no ha tenido un costo muy alto en materia de
crecimiento. Y si no es posible conciliar las dos variables.Lo contrario sería darles cada vez más
argumentos a los críticos del modelo económico. Y en un mundo globalizado como el actual,
regresar a los viejos esquemas bajo el espejismo de una recuperación que no esté basada en la
corrección de los desequilibrios fundamentales de una economía como la colombiana, podría ser un
remedio mucho peor que la enfermedad. A menos que las duras experiencias de Young Boy -el joven
protagonista de la serie de Los Waltons-, no sean suficientes para convencer a todos los
protagonistas del acontecer económico de la necesidad de evitar que Colombia se sume, como en los
años 30, en otra depresión.

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