Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 8/31/2010 12:00:00 AM

Cali: el crimen no frena

Su tasa de homicidios es la segunda en el país y en lo que va del 2010 el robo de vehículos está disparado. Estas son las razones de fondo de la crisis de una ciudad que clama justicia.

“Cali es una ciudad que se acostumbró a convivir con el crimen”, esta demoledora frase dicha por el director de la Policía, general Oscar Naranjo, resume crudamente lo que ocurre en materia de seguridad en la capital del Valle.

El oficial la dijo durante una entrevista en La W el pasado viernes 20 de agosto. Para esa fecha aún no había ocurrido la masacre en la que un hombre ebrio asesinó a cuatro personas que departían en una fiesta de la que fue expulsado.

Ese mismo fin de semana la Policía reveló que atendió 1.200 riñas y días antes los caleños se habían enterado por un informe de la Dijín, que la ciudad ocupaba el primer puesto en robo de vehículos con 2.485 casos a junio de 2010.

El año anterior la tasa de homicidios fue la segunda en todo el país con 82 muertos por cada cien mil habitantes, superada por Medellín que se ubicó en 94. Este año ya registra 1.117 crímenes hasta el 22 de agosto, cifra similar al mismo periodo de 2009.

¿Por qué la alarma?

Ello se debe a que en esta urbe los problemas sociales, políticos y administrativos se acumularon a tal punto que hicieron catarsis.

En lo social los caleños no han logrado sacudirse de esa cultura mafiosa que desde los 80 los acorraló a tal punto que evaporó el concepto de la Cali cívica y educada de antaño. “Estamos en una transición de la cultura mafiosa a la ‘micromafiosa’”, explicó a SEMANA Sonia Cardona, investigadora del Cisalva, un instituto adscrito a la Universidad de Valle que analiza los temas de prevención de la violencia y promueve la convivencia.

A ello se suma que la capital del Valle se convirtió en la gran receptora de los desplazados del sur occidente colombiano. Muchos de ellos engrosan los cinturones de miseria que son caldo de cultivo de las organizaciones mafiosas, las bandas criminales y las llamadas oficinas de cobro, “Tenemos un problema estructural que requiere inversión social e intervención a largo plazo con programas de cultura ciudadana”, dijo Andrés Fandiño, médico epidemiólogo.

Allí ha fallado la clase política caleña. En la última década la ciudad enfrentó cuatro alcaldías malogradas (dos alcaldes destituidos y dos con serios problemas de gobernabilidad). En medio de esa interinidad los programas no tuvieron continuidad y eso explica que tras invertir diez millones de dólares del BID en 60 proyectos para seguridad ciudadana, no hubo cambios y la ciudad figure como una de las cinco capitales de Latinoamérica con más tasa de homicidios, según cifras del Banco Mundial. “Hay una crisis institucional”, reconoció Carlos Rojas, alcalde encargado de Cali y experto en temas de seguridad ciudadana.

En ese aspecto la justicia lleva la peor parte, en especial porque existe la percepción de impunidad y desorganización. Por ejemplo, dos años después de la bomba al Palacio de Justicia de la ciudad, éste no ha sido reconstruido. La Fiscalía por su parte promete aumentar de 2 a 4 el número investigadores del denominado Grupo Vida que atiende los homicidios; lo curioso es que ni siquiera hay fiscales para asumir los 63.885 procesos activos por diversos delitos.

Los menores delincuentes son otro dolor de cabeza. El general Miguel Ángel Bojacá, comandante de la Policía, se queja de la laxitud de las normas para esos casos. Este año ya capturaron 1.159 menores, 34 involucrados en homicidios y 421 portando armas de fuego, de los cuales sólo uno de ellos fue a parar a un centro de rehabilitación. El tema genera repudio porque justamente un menor fue el asesino de Ebert Mosquera, decano de la universidad Santiago de Cali.

Sumado a todo lo anterior, la ciudad al igual que Medellín “tiene zonas vedadas para las autoridades y que son controladas por algunas de las cien bandas identificadas, no entiendo por qué no piden la intervención de los militares”, denunció Milton Castrillón, concejal caleño.

Como están las cosas, si no se actúa con prontitud y efectividad, Cali corre el riego de convertirse en un paraíso para quienes violan la ley a su antojo.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1855

PORTADA

Exclusivo: la verdadera historia de la colombiana capturada en Suiza por ser de Isis

La joven de 23 años es hoy acusada de ser parte de una célula que del Estado Islámico, la organización terrorista que ha perpetrado los peores y más sangrientos ataques en territorio europeo. Su novio la habría metido en ese mundo.