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| 4/14/2007 12:00:00 AM

Cali no se deja

La bomba contra la Policía de Cali dejó en evidencia el grave problema de seguridad que golpea al Valle. Las Farc, los narcos y las malas gestiones de sus gobernantes son los culpables. ¿Por qué no se ha afectado la economía?

El presidente Álvaro Uribe anuncia que trasladará su gobierno a Cali. Una marcha contra la violencia alcanza magnitudes que no se veían desde el desfile con que se iniciaron los Juegos Panamericanos de 1970. Estos dos hechos dan la medida de la creciente preocupación que suscita la inseguridad en el Valle. La explosión de la bomba que destruyó el comando de la Policía de Cali, el lunes pasado, no fue propiamente un hecho aislado.

Por el contrario: la violencia de otros tiempos parece regresar. Las alarmas se encendieron en noviembre de 2006, cuando se produjeron siete explosiones en una misma semana. En el último año y medio la ola de terror ha sido liderada por las Farc y sus milicias.Tras la ola de bombas, el presidente Uribe decidió llevar el comando de la Policía Nacional, bajo la dirección del general Jorge Daniel Castro, junto con 300 efectivos, a Cali.

El jueves pasado agregó que se trasladará a esa ciudad durante tres días para asumir personalmente la situación. "Pienso visitar varias comunas que serán militarizadas, además, vamos a traer en mayo próximo una nueva Brigada Móvil, para combatir la retaguardia de las Farc, grupo armado al que la Policía Nacional y la Fiscalía atribuyen el atentado terrorista de la madrugada del lunes, versión que apoyo, pues está bien fundamentada", indicó el mandatario.

La agencia de noticias Anncol, considerada vocera de las Farc, atribuyó el viernes en la mañana el atentado a las "mafias narcoparamilitares", en respuesta a al señalamiento que les hizo el presidente.

En la mira

El acoso de las Farc sobre la región se ha notado, de manera especial, en Buenaventura, donde la tasa de homicidios alcanzó, en el primer trimestre de 2007, la cifra de 130 por cada 100.000 habitantes. También se percibe en los combates que el Ejército sostiene desde hace más de un año en la parte alta de la cordillera Central (Florida, Pradera, Buga), donde por primera vez instaló una base militar, con capacidad para 700 soldados. Y se constata en los frecuentes atentados terroristas en Cali.

Para el general Jorge Daniel Castro, comandante de la Policía Nacional, el atentado de la semana pasada confirma que Cali y Valle están en la mira de las Farc. "No con pretensiones políticas, sino para continuar con el negocio del narcotráfico, ya que la ubicación del Valle es estratégica para sacar droga por el Pacífico", señaló el alto oficial, quien recorrió la 'zona cero', como se conoció el lugar de la explosión.

El interés de las Farc en los narcóticos en la región se ha incrementado en los últimos tres años, según advirtieron más de 200 milicianos que se desmovilizaron en diciembre. "Para las Farc es más lucrativo el negocio de la droga, que el secuestro y la extorsión. Cali es un centro de provisión y acopio del bloque occidental de las Farc, que mueve unos 15.000 millones de pesos al año en todo el departamento. La mitad de estos se envía al secretariado", dijo cuando se entregó a las autoridades John Angulo, alias 'El Chino', jefe del andamiaje miliciano de las Farc en el Valle.

Hay otras hipótesis. Por ejemplo, que detrás del atentado existe un plan de largo aliento de las Farc, una vez rotos los diálogos de paz en el Caguán, para llevar la guerra a las ciudades.

Fabio Cardozo, ex gestor de paz del departamento, llama la atención sobre otro elemento de análisis: "El repliegue de la guerrilla en el sur del país, ante la ofensiva del Estado contra su retaguardia en Putumayo, Caquetá y Guaviare, produjo una movilización y un cambio de estrategia en las Farc. Algo que se advierte desde hace meses y que el Ministro de Defensa ha dicho públicamente. Lo que hay que preguntarle al gobierno de Uribe es cuál era el plan de contingencia de la seguridad democrática para las zonas a donde, era presumible, se trasladarían la subversión, el tráfico de drogas y los cultivos ilícitos".

Las Farc han aumentado su presencia en los dos epicentros del narcotráfico en el Valle: el cañón de las Garrapatas y la costa Pacífica. Algunos informes de inteligencia militar señalan que desde 2004 el bloque móvil Arturo Ruiz se ubicó en la parte alta de Río Frío, en el borde suroccidental del Garrapatas. Por la otra frontera del cañón, en el norte, alias 'Karina', al mando del frente 47, copó San José del Palmar en Chocó. La misión fundamental encomendada a estas estructuras subversivas es participar del negocio ilícito.

Prueba de la movilización del narcotráfico hacia esta zona del Valle son los registros de erradicación manual de cultivos ilícitos. Entre octubre de 2005 y junio de 2006 se destruyeron 1.500 hectáreas de coca en el área rural de El Dovio, una de las entradas naturales al cañón de las Garrapatas.

Según datos aportados por Diego Arias, analista de Redepaz, existen grandes extensiones de coca en las selvas y la costa del mar Pacífico. Eso explicaría la llegada de la nueva Brigada Móvil Militar, cuyo eje de acción se concentrará en la cordillera Occidental, entre Anchicayá, en la antigua vía al mar, y el cañón de Garrapatas, en la frontera con Chocó.

Buenaventura es la mayor expresión de la espiral de violencia que afecta al Valle. En sus calles se libra una guerra sin cuartel entre las Farc, paramilitares y narcos. El tridente del mal, como bautizó Saulo Quiñones, alcalde del puerto, a la presencia de los tres actores, encuentra en la miseria de la zona su mejor aliado para conseguir mano de obra barata y arriesgada.

La zozobra no se limita al casco urbano. Líderes de las comunidades del Bajo Calima y Sabaletas, sectores cercanos a Buenaventura, cuentan que "han llegado muchos colonos, la mayoría pastusos y paisas, (que) nos quieren comprar las tierras que son propiedad colectiva entregada por el Estado. Cuando nos negamos, las invaden y llenan de coca, que luego es vigilada por las Farc, y nosotros no podemos hacer nada".

La grave situación de orden público en Buenaventura ocupa de tal manera a la Fuerza Pública, que las desembocaduras de los ríos y gran parte de la zona rural queda desprotegida y a merced de los armados. Por eso a las Farc no se les dificulta cobrar peaje a cada lancha o embarcación que entre y salga por los ríos del Pacífico vallecaucano.

Mal gobierno

Cali enfrenta, también, una crisis de mal gobierno. Su inversión en seguridad ha sido 10 veces menor que en Bogotá o Medellín durante el último quinquenio. Problemas como la recolección de las basuras y el arreglo de los huecos de sus calles -que ya se habían presentado en las alcaldías de Mauricio Guzmán, Ricardo Cobo y John Maro Rodríguez han aumentado durante la administración del actual alcalde, Apolinar Salcedo, que fue destituido e inhabilitado por 16 años en diciembre de 2006 mediante un fallo de primera instancia de la Procuraduría General. Esta entidad estudia, en segunda instancia, si ratifica o cambia su decisión. Pero el hecho cree que la ciudad se ha sumergido en el desgobierno. El 75 por ciento de los caleños es que el alcalde y su equipo no han demostrado la suficiente capacidad para resolver los problemas de la ciudad.

Paradójicamente, la amenaza por el avance de las Farc y sumada a la influencia determinante del narcotráfico en algunas zonas del departamento, y a las deficientes administraciones de los alcaldes, no han sumido a la región en la decadencia. El 2006 fue un año dorado para la economía.

Las cifras responden

"El crecimiento económico es el mejor antídoto contra la inseguridad", afirma Rodrigo Velasco, director regional de la Andi. La industria del Valle tuvo un comportamiento sobresaliente en 2006, con un crecimiento de 8,7 por ciento y unas ventas totales que aumentaron en 8,9 por ciento. En la encuesta de Opinión Industrial Conjunta de enero de 2007, donde los industriales focalizan sus mayores riesgos en la zona, la situación de orden público no aparece. "No es que no nos preocupen los atentados terroristas, sino que ahora, gracias al manejo que el gobierno le ha dado al tema de la seguridad, este es un problema que no representa un freno para la productividad, que no es determinante", explica Velasco.

A pesar de las bombas o el crecimiento de los delitos de alto impacto, Diego Arias, de Redepaz, cree que la situación no es tan dramática como el terrorismo la hace parecer. "Las Farc no han podido, o no les interesa, atacar la infraestructura productiva de la región. Más allá de volar algunas torres de energía, no se presenta minado de vías o voladura de puentes, acá nunca ha habido un paro armado", dice.

Julio Escobar, analista económico del Banco de la Republica, opina lo mismo: "2006 se caracterizó por buenos resultados en la producción, el comercio, los precios y el empleo, para el Valle del Cauca. La demanda interna del país aceleró la oferta del sector de la producción y dinamizó el comercio de bienes y servicios producidos localmente. Los buenos precios del azúcar, tanto internos como externos, permitieron un mayor ingreso a la cadena agroindustrial localizada en la región. Las ventas externas de productos no tradicionales sobresalieron por superar el promedio nacional, y la inflación en Cali fue inferior al promedio nacional".

El 60 por ciento de los empresarios vallecaucanos tiene expectativas positivas de seguir creciendo en 2007. Además, según Julián Domínguez, presidente de la Cámara de Comercio de Cali, "el jueves (con la multitudinaria marcha de rechazo a la violencia) enviamos un mensaje fuerte y claro a Colombia y al mundo: la región vallecaucana viene registrando índices de recuperación social y económica que son líderes en el país, en empleo, en necesidades básicas insatisfechas. Así lo reconocen entidades como Fedesarrollo y el Pnud. La marcha fue la ratificación del liderazgo cívico y la solidaridad que aún pervive en las ciudadanas y los ciudadanos de Cali".

En síntesis, como se dijo del país hace unos años, el Valle va mal, pero la economía bien. Pero esa situación paradójica es difícilmente sostenible.
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