Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1993/04/26 00:00

A CALIFICAR SERVICIOS

Ante la crisis de la Policía, el propio Gobierno decide promover un debate nacional.

A CALIFICAR SERVICIOS

LA SEMANA PASADA el ministro de Defensa, Rafael Pardo, le puso el pecho a uno de los temas que, según grandes secto res de la opinión, el país estaba en mora de debatir: la reforma estructural que necesita la Policía Nacional. Ante la Comisión II de la Cámara de Representantes, donde se llevaba a cabo el debate sobre el caso de la niña asesinada hace tres semanas en la Estación III en Bogotá? se presentó una aguda discusión sobre la reestructuración de la institución, que a ojos de muchos es una de las más afectadas por la corrupción y el desprestigio.
Como lo dijeron varios de los parlamentarios qué asistieron a la sesión lo sucedido con la niña fue la gota que rebosó la copa. Sin embargo, es obvio que es más fácil decir que hay que ha cer algo con la Policía, que imaginarse cuáles son las medidas que deben tomarse.
Por esa razón, el Ministro creó dos comisiones: una integrada por personalidades de los distintos estamentos de la sociedad, y otra por lo más destacado de la Policía Nacional, con el fin de analizar las causas de la situación de desprestigio y proponer las fórmulas para corregir los problemas estructurales y operativos que la afectan.

EL AHOGADO RIO ARRIBA
Las propuestas más sonadas durante el debate de la semana pasada tenían que ver con el paso de la Policía al Ministerio de Gobierno, y con su descentralización, como sucede en países como Francia y los Estados Unidos. El cambio de la Policía del Ministerio de Defensa al de Gobierno fue una idea que defendió con gran ahínco en sus épocas mozas Darío Echandía, y desde entonces esta propuesta es asimilada al pensamiento liberal de izquierda. Hoy sigue contando con partidarios en ese sector político, como el ex ministro Horacio Serpa Uribe, quien considera que "la Policía debe quedar adscrita al Ministerio de Gobierno, simple y llanamente porque se trata de un cuerpo civil".
Y efectivamente, no hay duda de que este traslado tiene a su favor el reforzar el carácter civilista y de servicio a la comunidad de la Policía Nacional, concebida así como una guardia civil más que como una cuarta fuerza militar, como en la práctica lo es en la actualidad. Sin embargo, eso que sobre el papel suena muy bien, presenta dos grandes inconvenientes. En primer lugar, si bien una guardia civil puede acercar más a la Policía a la comunidad, no resulta para nada claro quc por ello se solucionen los problemas operativos y de corrupción que aquejan a la institución. Por otro lado, existen par ticularidades de la coyuntura colombiana que influyen en gran medida a la hora de analizar un cambio similar.
Teniendo en cuenta que la Policía está profundamente involucrada en la lucha contra el narcotráfico y la guerrilla -que más que problemas de orden policivo interno han alcanzado dimen siones de guerra- no parece útil romper la unidad de mando que actualmente existe entre todas las fuerzas de seguridad del Estado. Es justamente esta utidad la que ha permitido establecer una estrecha colaboración entre los distintos organismos de seguridad. Tanto la lucha contra el narcotráfico como el an tisubversiva se han convertido en problemas territoriales que, a todas luces, exigen coordinación en su mando.
Todo esto sin olvidar el problema que históricamente el tema de la Policía ha tenido en Colombia: al pasar la institución a depender del ministerio de la política, se corre el riesgo de que se politice su acción, como sucedió en la época de la violencia de los años 50 con la policía chulavita hajo las órdenes del Partido Conservador. Desde este punto de vista es indudablemente más adecuado que la Policía dependa de un ministerio menos partidista y politizado, como tradicionalmente lo ha sido el de Defensa. Serpa cree, sin embargo, que "si bien los antece dentes de esta adscripción de la Policía al Ministerio de Gobierno no son muy alentadores, ya es hora de superarlos".
Pero hay quienes piensan que es ingenuo creer que los proble mas de la Policía se solucionan con este traspaso. ~Es buscar el ahogado río arriba -sostuvo un alto funcionario gubernamental-, pues de lo que se trata es de dar un manejo civil a los asuntos de orden público, aún mejor que pasar la Policía a depender del Ministerio de Gobierno es dar a la propia institución un jefe civil". Y eso es precisamente lo que ha ocurrido con el nombramiento de Rafael Pardo Rueda como ministro de Defensa, funcionario que es justamente el superior inmediato del comandante de la Policía.

Y DE LA DESENTRALIZACION ¿QUÉ?
En cuanto a la descentralización, concepto que tantas bondades administrativas ha demostrado tener en otras áreas como la administración de servicios públicos, el tránsito y los aeropuertos, puede no resultar tan beneficioso en este caso. En principio, la descentralización de la Policía permitiría un acercamiento de la autoridad y la comunidad. Al ser parte de cada pueblo, de cada región, la Policía conocería mejor y tendría vínculos más estrechos con la comunidad. Sin embargo, por las particularidades de la coyuntura colombiana, la idea de una policía local puede no resultar tan buena. La situación dramática de violencia y de corrupción institucional que se presenta en ciertas regiones hace bastante difícil de imaginar una policía eminentemente local.
Todo el mundo recuerda que durante el gobierno de Virgilio Barco hubo que desmontar una especie de policía civil que había surgido en Envigado y que, con la legitimidad y los recursos del Estado, se había convertido en un cuerpo armado más al servicio de Pa blo Escobar. Resulta difícil imaginar que Medellín, Cali y otras ciudades en donde los carteles de la droga han penetrado sus raíces de manera tan profunda, pueda tener y administrar correctamente una policía propia.
Adicionalmente a los problemas corrupción y narcotráfico y al riesgo de que los policías municipales que se crearían se conviertan en determinadas regiones en instrumento de la guerrilla. La experiencia demuestra que en aquellos países donde la descentralización se ha aplicado a la Policía, no se ha evitado que la autoridad cometa atropellos ni abusos contra la comunidad. El ejemplo más claro es el sonado caso de los abusos contra el ciudadano negro Rodney King por parte de una brigada policial de Los Angeles, California, episodio que ha abierto en los Estados Unidos un debate sobre la necesidad de consolidar un mando centralizado y nacional sobre todos los cuerpos locales de policía.
EL VERDADERO DEBATE
Otros puntos del debate acerca de las reformas que deben hacerse en la Policía Nacional son mucho menos discutibles. Indudablemente, es indispensable mejorar los sistemas de seleccición del personal, introduciendo exámenes sicológicos, además de los físicos y de educación. Adicionalmente a la selección, se debe mejorar la preparación de agentes y oficiales para contrarrestar uno de los principales problemas que aquejan a la institución, que es el nivel precario de instrucción y la escasa formación de los agentes.
Según el procurador General, Carlos Gustavo Arrieta, "si bien es cierto que en la selección existen limitaciones relacionadas con las condiciones socioeconómicas del país, hay elementos que pueden mejorarse. La formación semimilitar que se da al agente puede estar contribuyendo a desnaturalizar su funcion de servicio a la comunidad".
Por otro lado, sostienen el Procurador y otros analistas, se deben establecer sistemas de control de las acciones de los agentes y los oficiales. Sin embargo, en Colombia, donde los policías son la carne de cañón del narcoterrorismo y de la guerrilla, cada oficial que tiene a su cargo funciones de vigi lancia interna piensa dos veces antes de acusar o denunciar irregularidades por temor a contribuir al desprestigio de la institución. No cabe duda que en el control interno está la clave del buen funcionamiento, pues permite que la ropa sucia se lave en casa y que las sanciones, sin perder eficacia, no se vuelvan un espectáculo público que lesione la imagen y resten solidaridad a la Policía Nacional. Pero para que ello rinda frutos, hay quienes como el Procurador consideran que la estructura de control interno debe ser independiente, "pues quienes hoy tienen que disciplinar internamente a la Policía no lo hacen con el rigor debido por temor a que eso afecte su carrera o los enemiste con sus colegas y superiores".
Como puede verse, no se trata de un debate simple, y, además, es evidente que aparte de aquellas viejas ideas sobre el traspaso al Ministerio de Gobierno o la creación de policías regio nales o locales que no parecen tener mucho que ver con los problemas de indisciplina y corrupción, hacen falta nuevas propuestas. Esa es quizá la razón por la cual el Gobierno optó por echar a andar las dos comisiones creadas la semana pasada, con la esperanza de que se encuentren salidas prácticas más allá de las discusiones teóricas o filosóficas. No se sabe aún si estas fórmulas aparecerán, pero por lo pronto ya es algo que se las esté buscando.
CARLOS GUSTAVO ARRIETA
Procurador General LA Falta de claridad en la misión civilista de la Policía ha llevado a que se presenten problemas en el control interno. No existe una estructura independiente de control, y quienes tendrían que disciplinar internamente no lo hacen con el rigor que se requeriría por temor a que ello afecte su carrera, o por el riezgo de enemistarse con sus colegas y superiores.

FABIO VALENCIA COSSIO Senador conservador Considero que la Policía debe recuperar su naturaleza civil, pues ese es su mayor problema. Se debe buscar la ramificación del organismo, dividido en un cuerpo de Policia Civil, al servicio de la comunidad y que esté al mando de alcaldes y gobernadores y en última instancia del Presidente, y una Policía de Orden Público, dependiente del Ministro de Defensa, que se encuentre acuartelada y con escaso contacto con los ciudadanos.

GENERAL FERNANDO LANDAZABAL Ex ministro de Defensa Hay que buscarle un engranaje a la Policía para establecer responsabilidades específicas, para que el organismo atienda las necesidades institucionales sin convertirse en un ejército paralelo. La policía debe depender del Ministro de Defensa en el manejo administrativo y del Comandante General de las Fuerzas Militares en su parte operativa, para transformarla en una verdadera cuarta fuerza militar.

HORACIO SERPA URIBE Ex ministro liberal Soy partidario de que la Policía quede adscrita al Ministerio de Gobierno, simplemente por tratarse de un cuerpo civil. No es cierto que por este hecho se politizaría la institución, porque en principio debe estar orientada con criterio y con la responsabilidad del Gobierno como garantía. Los antecedentes al respecto no son muy alentadores, pero ya es hora de superarlos.
En Colombia no se pueden seguir haciendo omisiones por cuenta de la experiencia de los años pasados.

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