Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1993/10/04 00:00

Cambio de vida

SEMANA revela cómo opera el sistema de protección de testigos, gracias al cual 10 colombianos y sus familias han cambiado de identidad, residencia y ocupación tras haber colaborado con la Fiscalía.

Cambio de vida

JUSTICIA
EN UN VlEJO EDIFICIO DE seis pisos, localizado en una de las zonas céntricas de Bogotá y que hasta hace un año estuvo ocupado por estudiantes dc provincia, opera el Programa de Protección a Testigos. Sus instalacioncs pasan lotalmente inadvertidas porque, al contrario de las demás entidades de la Justicia, no existe una parafernalia de seguridad. No se ven perros antiexplosivos, detectores de metales, circuito cerrado de televisión ni vías acordonadas por el Ejército y la Policía. No hay oficina de recepción, tampoco guardia en la calle ni una placa con la dirección o un letrero que identifique el lugar. A simple vista es un edificio más del seetor donde habita gente de clase media.
Pero en sus entrañas trabaja, día y noche, un equipo de 70 profesionales que tienen la titánica misión de mantener con vida a los testigos que hoy son la piedra angular de los procesos judiciales que se adelantan contra las organizaeiones del narcotráfieo y el terrorismo.
La vida de esos testigos pende de un hilo, por la sencilla razón de que fueron ellos los que entregaron pruebas contundentes para que la Fiscalía General de la Nación tenga hoy en sus manos 20 expedientes sólidos contra Pablo Escobar y lo haya llamado a jui cio con el fin de que responda como autor intelectual por los asesinatos del precandidato liberal Luis Carlos Galán; del procurador general de la Nación, Carlos Mauro Hoyos; del direc tor de El Espectador, Guillermo Cano; del director de la Policía Metropolitana de Medellín, coronel Valdemar Franklin Quintero; del periodista Jorge Enrique Pulido, y de los hermanos Moncada y Galeano, antiguos socios de Escobar. La información aportada por los testigos también ha conducido a la justicia a desvertebrar la organización terrorista del cartel de Medellín.
Varios de sus integrantes, como Brances Muñoz Mosquera, alias "Tyson"; Johnny Rivera Acosta, alias "El Palomo", y Mario Alberto Castaño Molina, alias "El Chopo", fueron dados de baja por las autoridades. Otros, aproximadamente 30, fueron capturados y se encuentran tras las rejas mientras que la justicia lleva adelante los respectivos procesos.

EL PROGRAMA
Aunque no es la primera vez que la justicia acude a delincuentes para que se conviertan en testigos, nunca antes había tenido tantos pesos de la delincuencia entre sus colaboradores.Tampoco las organizaciones del crimen habían puesto un precio tan alto por la cabeza de estos hombres que en el mundo del hampa se les llama "sapos" o "torcidos": los caza-recompensas están tras sus huellas, pues el dinero que se ofrece por cada uno de ellos, vivo o muerto, supera los 500 millones de pesos. Se trata de una cifra que el narcoterrorismo está dispuesto a desembolsar, ya que sería la primera vez que los traficantes de droga llegarían a un juicio en en el que encontrarían a sus antiguos compinches dispuestos a entregar todas las pruebas para que los jueces puedan condenarlos.
Pero, ¿dónde mantener con vida a personas clasificadas con el rótulo de "máxima seguridad" en un país donde la infiltración en los organismos de seguridad hace agua por todos lados'? Esa pregunta se la hicieron hace un año los responsables de esta iniciativa. Desde cuando el gobierno del presidente César Gavi ria creó, mediante el Decreto 1834 de noviembre de 1992, el Programa de Protección a Testigos se inició una carrera contra el reloj en busca de un plan en el cual no hubiera escoltas ni carros blindados ni detectives armados hasta los dientes, pero que permitiera brindar una protección efectiva a los testigos que habían iniciado su colaboración con las autoridades en el marco del Decreto 264, que contempla la delación.
El primer paso fue conocer la experiencia de Estados Unidos e Italia, los dos únicos países en el mundo, hasta ese entonces, que habían implementado este sistema. Los estadounidenses llevan 21 años aplicándolo con éxito. El aporte de pruebas y delaciones permitió, por ejemplo, condenar a personalidades como el general panameño Manuel Antonio Noriega. A cambio de esas delaciones, se les dio protección a hombres como Carlos Lehder Rivas, considerado en su momento "el demonio americano", que había in troducido cientos de toneladas de drogas a ese país. Pero fue en Italia donde los funcionarios de la Fiscalía conocieron más de cerca la experiencia que se había tenido para procesar a los jefes de la mafia siciliana y las Brigadas Rojas, un par de organizaciones delictivas sanguinarias. La conclusion a la que llegaron los enviados de la justicia colombiana era que para poder implantar un programa tan complejo en el país se requería mucha plata o una gran dosis de malicia indígena.
Se inclinaron por lo segundo, pese a que se cuenta con un presupuesto de 1.200 millones de pesos al año, que sera duplicado en 1994.

SIN RASTRO
Con un decreto en la mano, y con mucho material didáctico conseguido en Italia y Estados Unidos, el equipo de 70 profesionales -sicólogos, siquitras, abogados, sociólogos y traba jadoras sociales- arrancó su misión a finales del año pasado en el viejo edificio de Bogotá. Allí se montó un laboratorio experimental donde se comenzaron a estudiar las solicitudes hechas por los fiscales regionales que pedían el ingreso de personas dispuestas a entregar pruebas contundentes contra las organizaciones del narcoterrorismo a cambio de protección. Eran hojas de vida de hombres de entre 16 y 38 años, todas ellas con prontuarios delictivos que pasaban las cuatro páginas, pues lo único que habían hecho en sus vidas era matar. Esas personas pedían una nueva vida, una nueva identidad, un nuevo lugar donde vivir. En otra palabras? borrón y cuenta nueva. De las 35 solicitudes que fueron estudiadas por el equipo de profesionales, sólo 10 fueron aprobadas. "Fue, y es, un proceso de seleccion muy difícil.Muchas veces la persona que ha decidido colaborar con los jueces puede haber aportado pruebas claves y contundentes en el proceso penal que se esta adelantando; pero infortunadamente su perfil sicológico y siquiátrico no es apto para convivir en sociedad, pues son individuos desequilibrados que pondrian en peligro a una comunidad . Y eso nosotros no lo podemos permitir", señalo a SEMANA uno de los sicólogos del Programa.
Muchas de esas personas con ese perfil prefirieron convertirse en informantes, entregaron pistas precisas a las autoridades para desmantelar organizaciones terroristas, y exigieron como re tribución una buena recompensa en dinero y un tiquete de avión para viajar al exterior. Con estos informantes el Programa no tiene ningún compromiso.
Ellos mismos se brindan su seguridad y si regresan al país, lo harán bajo su propio riesgo. Los que recibieron la plata y decidieron quedarse en Colombia, también se protegen por su propia cuenta.
Cosa muy distinta ocurre con los testigos que son aceptados en el Programa y que firman el acta de compromiso. Desde ese momento se inicia una nueva vida para ellos. La anterior es como si hubiera sido quemada en una gran hoguera. Lo único que queda son las cenizas del pasado. En esa nueva vida sólo los pueden acompañar las personas que ellos escojan. Si son casados, el Programa les brinda protección a su cónyuges, sus hijos, sus padres y sus hermanos. Para los demás miembros de la familia y sus amigos sólo queda cl recuerdo del pasado. Estos creerán que el favorecido por el Programa ha muerto.

EL CAMBIO
Empezar una nueva vida es prácticamente volver a nacer. Los 10 testigos que hoy están bajo el Programa tienen otra identidad. Y no sólo ellos:
también las personas que los acompañan. A todos se les cambió el nombre, se les entregó otra acta de nacimiento y otro registro civil, y se les expidieron cédula, libreta militar, pasaporte y pasado judicial diferentes. Adaptarse a ese cambio tan radical ha sido, quizás, el momento más crítico que han vivido no solamente los testigos y sus familias, sino el equipo de médicos y sicólogos que manejan el Programa. Varios de los testigos no han podido asimilar su nueva vida y han tenido crisis emocio nales que los ha llevado a pensar en el suicidio.
Sin embargo, por encima de cualquier recaída la prioridad número uno de los encargados del Programa es la supervivcncia de estas 10 familias que están bajo su responsabilidad. Para garantizar su protección diseñaron un plan de entrenamiento individual con cada uno de los testigos. Durante dos meses los sometieron a intensos cursos en los cuales se les dieron instrucciones de cómo asumir y disfrutar su nueva vida. Algo así como cuando se le enseña a un niño a caminar, a hablar, a vestirse y a comportarse. Muchos de ellos se dejaron crecer la barba y las patillas, otros se cortaron y cambiaron el color de su pelo. y algunos más decidieron subir de peso para que su fisonomía fuera totalmente distinta.
Aunque el Programa contempla la posibilidad de cirugía plástica para cambiar las facciones del testigo, hasta elemento no ha sido necesario recurrir a ella. También se tiene previsto que en caso de que uno de ellos corra demasiado peligro, de inmediato se sacará del país. Por ahora, un solo testigo se encuentra en el extranjero y recibe la protección del Gobierno que lo acogió.
Una vez que las personas que hacen parte del Programa aprobaron este curso, el siguiente paso fue buscarles una ciudad y una casa en donde vivir. Los 10 testigos que están hoy bajo protección se encuentran dispersos por todo el país, lejos de sus lugares donde vivieron su vida pasada. El Programa corre con los gastos que requiere para vivir una familia común y corriente -arriendo, mercado, servicios públicos, matrículas, pensiones, libros escolares, ropa, etc.-. Anualmente se tiene previsto un gasto de 20 millones de pesos por familia. La selección del lugar escogido para iniciar la nueva vida se hace de acuerdo con una evaluación socioeconómica que realiza el equipo de profesionales bajo cuya responsabilidad está el Programa. También existe el compromiso de que, una vez ubicados los testigos, se les busca un empleo que les permita ganar un dinero para sus gastos personales.
Pero todas estas prebendas que contempla el Programa tienen una contraprestación. El manual de disciplina es muy rígido y cualquier falta que cometa el testigo es suficiente para que se le expulse. Estas personas tienen rotundamente prohibido comuni carse telefónicamente o por cartas con sus amigos o familiares. Además, en cualquier momento pueden ser trasladadas de lugar. Se les obliga a seguir cada una de las pautas de seguridad, pues de estas depende que continúen con vida. Sus propiedades, como viviendas, carros y armas deben ser entregadas a los funcionarios del Programa para que las pongan en venta. El dinero se les consigna en cuentas controla por la Fiscalía.

LOS OBSTACULOS
En una empresa tan compleja como la Protección de Testigos,
son muchas las trabas y los inconvenientes que se han encontrado en el camino. Y a pesar de todas las medidas de seguridad que se toman para mantener en el más estricto sigilo el funcionamiento y la operatividad del Programa, los encargados del mismo han de tectado que las organizaciones del narcoterrorismo intentan infiltrar testigos falsos con el fin de poder situar a los verdaderos y asesinarlos. En dos oportunidades, tres supuestos testigos que aplicaron al Programa fueron descubiertos y se estableció que tenían la misión de matar a dos hombres que una semana atrás habían aportado pruebas en las investigaciones judiciales que se adelantan por los magnicidios.
No sólo sicarios han tratado de introducirse en el Programa. Tam bién lo han hecho personas que tienen problemas económicos. Fue el caso de dos hombres que se presentaron ante un fiscal regional y pidieron protección. "Nosotros los investigamos antes de aceptarlos y descubrimos que estaban en bancarrota y tenian deudas bancarias superiores a los 200 millones de pesos. Ellos pensaron que una vez se les cambiara la identidad sus problemas quedarían resueltos", señaló uno de los funcionarios del Programa de Protección a Testigos .
En cuanto a la parte jurídica, hay una serie de desajustes que deben corregirse. A pesar de que el Decreto 1834 creó el Programa, es necesario que el Congreso expida una ley para convertirlo en legislación permanente, pues los decretos de orden público son temporales. En este punto ya se está trabajando. Los congresistas tienen en sus manos un proyecto de ley que posiblemente recibirá su bendición en lo que resta de la actual legislatura. Entre tanto, queda claro que nunca antes las autoridades judiciales y de Policía habían tenido un instrumento tan poderoso en sus manos para hacer frente al narcoterrorismo; que los testigos, hoy más que nunca, son la principal arma para enfrentar a ese monstruo de mil cabezas que sembró la impunidad y el horror en el país, y que mantenerlos con vida es el gran reto que tienen actualmente las autoridades. Será una misión difícil de cumplir, pero hasta el momento ya se han dado los primeros pasos.
Habla un testigo protegido
CON BASE EN LA INFORMAción suministrada por los sicólogos que manejan el Programa, SEMANA reconstruye las impresiones de un testigo que delantó algunos delitos a cambio de protección de las autoridades.
SECCION= EDICION=592 PAGINA=38 AUTOR= CONTENIDO= "Tengo 23 años, pero hace seis meses mi vida y mi pasado fueron enterrados y no quedó un solo rastro.
Fue como si hubiera muerto para volver a nacer en menos de 24 horas. Hoy tengo una nueva identidad:
otros nombres, apellidos, lugar de nacimiento, cédula, libreta militar, estudios y cartón profesional.
Hasta hace seis meses era un delincuente, un sicario que había participado en atentados terroristas y en los asesinatos de va rias personalidades del país. Pero de la noche a la mañana me convertí en un ciudadano limpio y anónimo''.
"La nueva vida que tengo hoy es porque decidí colaborar con la justicia. Les entregué a los jueces y a la Fiscalía pruebas contundentes para meter a la cárcel a los verdaderos autores de varios de los crímenes que se cometieron en el pasado. Yo sabía que al entregar esos testimonios las posibilidades de seguir vivo eran mínimas. Había gente que me estaba buscando para matarme como ha ocurrido con algunos de mis antiguos cómplices que decidieron soltar la lengua, pero que nunca quisieron que las autoridades los cuidaran. Por eso, a cambio de mi testimonio, pedí protección y después de que los jueces confrontaron la información que yo les entregué decidieron que la única forma de mantenerme con vida era ingresando al Programa de Protección de Testigos que tiene el Gobierno".
"Hace ocho meses ingresé a ese Programa. Lo hice con mi esposa, mis dos hijos y mis padres. Desde el momento en que firmé la solicitud para que me aceptaran mi vida cambió para siempre. El solo hecho de acostumbrarme a que me llamen por otro nombre casi me enloquece.Que tenga que comportarme de otra manera, que sólo pueda ir a determinados lugares, que no pueda comunicarme con mis amigos o mis demás familiares porque para ellos es como si estu viera muerto, no es nada fácil de aceptar. Mucho menos al mirarme al espejo y encontrar que soy otra persona.
A veces he llegado a pensar que la única salida para salir de esta pesadilla es suicidarme. Pero afortunadamente he encontrado una mano amiga en los funcionarios que manejan el Programa para seguir adelante".
"Yo sé que con el paso del tiempo me voy a acostumbrar a la nueva vida que escogí. Vendrán días muy difíciles. Habrá momentos de crisis, pero vale la pena si quiero seguir viviendo.
Ya pasé por una época de horror, donde vi morir gente inocente.
Creo que tengo todavía una deuda y la única forma de quedar a paz y salvo es continuar por este nuevo camino que escogí, para que los verdaderos culpables de todo lo que ha pasado en Colombia en los últimos años por fin paguen los demenciales atentados que ordenaron".

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