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| 7/29/2017 10:15:00 PM

Del Senado a Palacio

Las campañas presidenciales de varios senadores dejan un gran hueco en el Congreso y pueden perjudicar a sus propios partidos.

La campaña para 2018 tiene un rasgo poco usual: el alto número de senadores que dejan su curul para convertirse en candidatos presidenciales. Son 11. Eso significa que el Congreso, con todo y su desprestigio, es un escenario adecuado para crecer en la política. Pero como solo uno de ellos –si acaso- puede ser elegido, también tiene la consecuencia de que el Capitolio perderá a algunos de sus mejores exponentes.

La mitad de los aspirantes de origen parlamentario tienen claro que no volverán al Legislativo. En este grupo están, por el liberalismo, Juan Manuel Galán y Viviane Morales; por el Polo Democrático Jorge Enrique Robledo; y por la Alianza Verde Claudia López y Antonio Navarro. Complementan esta lista cuatro precandidatos que están a la espera de lo que suceda en sus partidos para decidir si vuelven o no al Congreso: los liberales Luis Fernando Velasco y Edinson Delgado y las uribistas Paloma Valencia y María del Rosario Guerra.

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Hay coincidencias entre los cinco que ya tienen claro que se meterán a fondo en la batalla por la Presidencia y que podrían renunciar a la reelección en el Congreso. Todos tienen trayectorias sólidas en sus partidos, sus debates han sido serios y con relevancia mediática, cuentan con el apoyo de electores de opinión y han impulsado leyes importantes. En el caso de los liberales, desde orillas ideológicas diferentes Galán y Morales llevan más de un periodo liderando algunos de los debates más significativos. El primero llegó al Senado en 2006 y ha encabezado las discusiones en temas como los falsos positivos y la política antidrogas. Morales, por su parte, comenzó su carrera electoral como representante en 1991 y ha estado dos veces en el Senado. Concibió la Ley de Cuotas para promover la participación de la mujer en cargos públicos, la que proclama la igualdad entre cultos religiosos y la Ley de Extinción de Dominio, entre otras vigentes. Aunque su partido forma parte de la coalición de gobierno, se ha apartado en algunos puntos de la implementación de la paz.

En el Polo, Robledo es uno de los senadores más mediáticos y todas las bancadas del Congreso lo reconocen como uno de los congresistas más serios y estudiosos. En los últimos 15 años se consolidó como el opositor más agudo a los gobiernos de Uribe y Santos y entre sus debates se destacan el que hizo al entonces ministro Andrés Felipe Arias por el escándalo del predio Carimagua, y el de acumulación de baldíos, en 2013. El panel de líderes de opinión de la firma Cifras y Conceptos lo ha elegido durante los últimos cinco años como el mejor congresista, y en 2014 obtuvo la mayor votación individual al Senado con más de 191.000 votos.

Claudia López y Antonio Navarro, por su parte, mantienen viva la bancada del Partido Verde en el Senado. En un ejercicio de independencia, han apoyado la paz alejándose de aspectos puntuales como la Jurisdicción Especial, y se han convertido en los jefes de la campaña contra la corrupción. López se ha destacado en debates como el que cuestionó el ritmo de implementación de la paz, y Navarro es reconocido por sus colegas como un senador ponderado y conocedor del Estado.

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Un buen número de congresistas critica que estos congresistas decidan no renunciar a sus curules para convertirse en presidenciables. Argumentan que los senadores que se lanzan a la Presidencia obtienen mayor acceso a los medios de comunicación si deciden volver al Capitolio, dedican menos tiempo a la actividad legislativa y trasladan la campaña presidencial al terreno parlamentario. Pero esas críticas tienen poco fundamento. Por definición, la naturaleza de los congresistas es hacer política, y contar con presidenciables en el recinto del Senado puede incluso enriquecer los debates. De hecho, las democracias más avanzadas permiten dar ese salto. Ejemplo de ello fue la competencia entre los senadores Barack Obama y John McCain, que le dio al primero la Presidencia de Estados Unidos en 2008.

En la coyuntura colombiana, que los senadores destacados aspiren a la Presidencia implica el riesgo, a todas luces negativo, de que el Congreso los pierda. Según la última encuesta de Invamer Gallup, el Legislativo tiene la peor imagen en los últimos 20 años con el 79 por ciento de desfavorabilidad. Perder figuras clave podría profundizar esa crisis en un momento en que el Congreso tiene la compleja tarea de completar los debates de implementación de la paz.

Algunos, como Juan Manuel Galán, consideran que la salida de varios a la candidatura por la Presidencia podría garantizar la renovación de los partidos. Pero eso tampoco es seguro. Las figuras nuevas difícilmente tienen una proyección nacional y, por eso, los partidos a veces prefieren poner en los primeros lugares a figuras tradicionales. En el caso de las toldas rojas lo más probable es que Horacio Serpa vuelva a encabezar la lista al Senado. “No hemos encontrado otro nombre para poner allí. Tampoco es claro con quién vamos a generar más de 170.000 votos que pusieron Viviane, Galán y eventualmente Velasco”, aseguró un senador liberal a SEMANA.

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Pero los partidos que más problemas tienen con la salida de sus senadores estrella son la Alianza Verde y el Polo. En 2014 escasamente pasaron el umbral y cada uno logró elegir escasamente cinco senadores. Ahora, sin Claudia López y Jorge Robledo, sus mayores electores, no es claro quién podrá jalonar sus listas. En el caso de los verdes, los precandidatos acordaron que quien gane una encuesta propia a final de año asumirá las banderas presidenciales. Si lo hace Claudia López, Navarro encabezará la lista a Senado; y él gana la medición. La cabeza podría quedar en la representante Angélica Lozano o en el concejal Antonio Sanguino. Estos dos últimos han ido ganando espacio en el partido, pero aún tienen una carrera por hacer para alcanzar sectores más amplios de opinión.

El caso del Polo es el más difícil de solucionar. Además de que Robledo no será el gran barón de su lista, la división de la izquierda entre sus partidarios y los de Clara López –hoy candidata independiente– y el aterrizaje de las Farc en la política podrían poner en riesgo el umbral para el partido. Para reemplazar a Robledo para el Senado suena el nombre de su coequipero, el analista Aurelio Suárez, quien como candidato a la Alcaldía de Bogotá en 2011 solo obtuvo 32.000 votos.

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Lo que suceda con estos políticos dependerá de los momentos que determinen los partidos para escoger sus candidatos. De no hacerlo este año, sus senadores estrella difícilmente podrán repetir como congresistas. La paradoja de su decisión es que dejarán la seguridad de sus curules para lanzarse a una contienda en la que lo único claro, por ahora, es la incertidumbre.

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